fotos silvia cauca guambia

DICCIONARIO SUBJETIVO (I): SILVIA

fotos silvia cauca guambia

Cada vez me cuesta más hablar de los lugares y de mi viaje y de lo que hago desde un punto de vista objetivo. De hecho, creo que nunca lo hice: simplemente no puedo. Y nadie debe hacerlo, porque es imposible no imprimirle nuestra mirada a todo lo que nos rodea. Lo sitios nos llenan y se llenan de significado por lo que allí hacemos y por cómo allí nos sentimos. Y estos días, leyendo “La insoportable levedad del ser” de Milan Kundera, hicieron que cuando quise escribir sobre Silvia, mi cuaderno se llenara de palabras, dos puntos y lo que es eso significa para mí. El diccionario de términos incomprendidos del libro me inspiró sin darme cuenta mi diccionario de términos subjetivos. De todas formas creo que todos tenemos un diccionario subjetivo para muchas palabras, porque todos le ponemos connotación propia a lo de cada día. Esta es la primera parte del mío:

MADRUGADA: Momento en que despierto un día de pedaleo, que comienza con yoga o escribiendo los sueños de la noche o tomando agua. Normalmente, transcurso durante el cual el cielo cambia de negro a azul a rosa a celeste.

SILVIA: comúnmente, nombre de mujer nacida en los 60′ (o por lo menos para mí, que tengo una tía Silvia). Desde ahora, también es el nombre del pueblo al cual uno puede desviarse más de 25 km cuesta arriba solo para volver a verlo a él, a sus montañas, a su gente.

SUBIDA (CUESTA): tramo en el cual la velocidad se reduce drásticamente a 3-5 km/h, lo cual significa poder mini-conversar con la gente que uno se cruza en la ruta, además de apreciar con detalle el paisaje -aromas y sonidos incluidos. Genera una relación directamente proporcional entre altura y esfuerzo. Pendiente que, de no ser muy inclinada, la gente suele no notar y, de ser muy inclinada, suelen no considerarla factible para hacerla pedaleando. Suele conllevar una mirada de asombro cuando les digo que no, que no me bajo de la bici y empujo porque sí, pedaleo.

LISANDRO ARISTIMUÑO: autor del playlist mental que me acompañó un día entero. Y una partecita en especial que decía “cause everything is gonna be alright”: nada más adecuado cuando te dicen, así de repente y de la nada en una casa en la que paraste a pedir agua, que el miércoles le robaron la moto y el canguro con plata a un señor “acá en la curva a la vueltita”, a raíz de lo cual te sacan toda la tranquilidad de un plumazo.

VEREDA: nombre que se le da en Colombia a los pequeños pueblos. Sitios donde están las casas en las cuales pregunto por un lugarcito para acampar, donde me convidan un tinto mientras conversamos y me comparten un plato de arroz en la cena, donde muchas veces mi carpa queda vacía en la noche porque me ofrecen una cama y antes de irme me regalan una bolsita con frutillas o unos mangos o unos panes o unas banas “para el camino”. Sitios donde la gente, a pesar de darte todo, sienten que no te dan nada.

CENA: eso que sucede entre las seis y las ocho de la noche, que espero con ansias luego de ocho horas en la ruta y que agradezco cada noche sea arroz. Momento que sucede luego de bañarme. Comida que me ofrecen sin preguntarme por lo que, antes que comida, yo siento que recibo amor.

MERCADOS: lugares con más colores de los imaginados, que funcionan al ritmo del sol. Sinónimo de sabores, aromas, colores, mundo paralelo, conversaciones. Sitio donde podés aprender que  la caléndula es desinfectante y calmante de heridas, que la arracacha parece una zanahoria blanca y ayuda a sanar una operación si se la toma en caldo con papa guada (o “la normal” para mí), que la arnica es buena para curar golpes. En Silvia, lugar que funciona todos los martes, donde los indígenas bajan a vender sus productos. Conecta al exterior con pasillos donde, por ejemplo, le comprás chontaduros a una señora y pan de panela a otro señor (porque te convenció su simpatía al saludarte y hacerte probar uno).

DESCANSO: utilizar el tiempo para hacer todo lo contrario a cuando se trabaja. Puede adquirir diferentes connotaciones según el lugar y el día. Incluso hay momentos en que uno hace lo mismo que cuando descansa, pero sin esa intención: leer puede ser una actividad de descanso o por trabajo o como actividad cotidiana. Lo mismo con dormir, mirar un lago, caminar o sentarse a tomar un café.

MONTAÑAS: algo parecido al magnetismo y a la concentración y a la admiración y a la introspección. Lo que quisiera tener en el horizonte cada día. Uno de los pocos paisajes que puedo contemplar infinitamente, al que puedo ir por el puro placer de estar allí. El lugar donde más en paz me siento.

FRÍO: temperatura relativa sobre la que pocas personas coinciden, especialmente si crecieron en lugares tan diferentes como ser una ciudad con invierno y un país donde solo hay épocas de lluvia y de sequía. Para mí, necesidad de ponerse buzo y campera, y posiblemente de llevar gorro y polainas. En Silvia, ganas de estar acostada, tapada con dos o tres frazadas, mirar películas y tomar un té calentito. No-ganas de salir de la cama en la mañana, imposibilidad de pedalear desde las 7am (porque estás recién preparando el desayuno) y piel de gallina cuando el aire te da en la cara.

COINCIDENCIA: agarrar un libro en la casita donde estás en Silvia -con techo a dos aguas, galería, hamacas y una madre que compra frutas para vos y cocina vegetariano por vos- y encontrar esa frase que hace mucho es una de las que mayor significado tiene para mí: “Viajar, dormir, enamorarse, son tres invitaciones a lo mismo. Tres modos de irse a otra parte, a un lugar, a lugares que no siempre entendemos”. Y enterarme que seguía, y hacerla mía incluso más “…que nunca gobernamos, que cada noche son distintos, y cada mañana nos deslumbran y asustan como una tarde de granizo”. Con razón me sonaba el nombre de la autora del libro: Ángeles Mastretta.

*

No sé dónde surgirá la próxima parte del diccionario. Seguramente en la ruta, en algún pueblito, o en algún encuentro.

 

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.