ruta popayan

VOLVER A LA RUTA

Era viernes a la mañana y tenía miedo: me había despertado temprano, escribí (la catarsis necesaria), acomodé las cosas, desayuné y cuando iba a colocar las alforjas me di cuenta que el bolso delantero no entraba en el manubrio, y las alforjas delanteras no coincidían con los agujeros que le había hecho a la parrilla. Resulta que cuando dejé la bici en el taller para hacer ese ajuste, llevé las alforjas traseras. Y yo, tan poco precavida y siempre dejando todo para último momento, lo fui a querer calzar el momento antes de partir.

Eran las 9:30 y tenía que volver al taller. Pensé que no salía ese día (aunque era más un deseo: el miedo suele hacer estas cosas), pero en hora y media logramos arreglar todo así que volví, almorcé y salí. Salimos: Eli y Fabio, parte de mi familia pastuza, me acompañaron hasta la salida de Pasto. Y el miedo. Porque el Sr. Miedo seguía ahí: miedo a todo y a nada, miedo simplemente a volver a la ruta. Podría enumerar cosas (el tráfico, el agotamiento, los peligros, el automotivarse), pero la realidad es que el miedo es más que nada producto de los nervios: los nervios de la emoción o los nervios de volver a encontrarse con un gran amor. Porque volver a la ruta para mí es como encontrarme con ese chico después de mucho tiempo. Es imposible no estar nerviosa cuando uno vuelve a estar cara a cara con algo (o alguien) que ama. Porque así como viajar en bici fue de lo que más miedo me dio (incluso más que la primera vez que me fui sola de mochilera), también es de las cosas que más feliz me hacen.

Entonces no quería largar. El primer paso siempre es el más difícil porque es el que nos obliga a salir de nuestra zona de confort, y después de nueve meses prácticamente sin estar en la ruta, la zona de confort se hizo grande, gigante. Y el primer paso cuesta aunque sea el primer viaje, el décimo o el trigésimo. Pero también me di cuenta que no es viajar lo que me cuesta: es viajar en bici como un todo, es esa brutalidad de enfrentar la ruta y la incertidumbre total.

familia pastuza bici

Con parte de mi familia pastuza, antes de irme.

pasto bicicleta

Eli me cuidaba la espalda =p

Pero largué. Cuando salía de Pasto y me despedía de Eli y Fabio, ya no tenía miedo. Es que es así: el miedo se va cuando uno, a pesar de eso, sigue. Cuando uno lo desafía, cuando no le hace caso a todos esos trolls internos, cuando alguien te da un empujoncito para que lo intentes, cuando uno respira profundo y se anima. Porque creo que sólo superando miedos nos desafiamos a nosotros mismos (y este blog va a parece de autoayuda y superación con mis últimos post tan reflexivos y catárticos… qué se le va a hacer, en los viajes también pasan estas cosas).

sierra pasto

Verde, montañas, campo, nubes… ahhh amo el paisaje de la sierra

ruta pasto popayan

casas montaña

sierra pasto montañas

hostel kundos chachagui

Mi carpa, al lado de LA CARPA

camping hostel chachagui

Preparando todo para largar el segundo día.

Ese día hice 28 kilómetros y llegué a Chachaguí, donde un contacto de Warmshowers me invitó el hostel, me saludó y no lo vi más. Al día siguiente quería llegar a El Remolino, pero la charla con otras personas que había en el hostel se extendió y salí tarde: a las 12 recién estaba en la ruta. Ese día fue duro: no sé cuántos kilómetros de bajada (qué lindo que es estoooo, quéee hermoso el viento en la caraaa, qué lindo acá para sacar una fooootooo, voy a parar a tomar aguapanela..), no sé cuántos (¿10, 13, 15?) de subida  hasta encontrar de vuelta la bajada (ai que calor que haceeee, mestoy derritieeeendooo, me c*g* en este viento de mi****rd****, qué péeeesima idea Nataaaliaaa cómo vas a salir al mediodíiiia esto te pasa por pavaaaa, aii tengo hambre ya fue paró acá en esta sombrita mínima, ufffff ¿¿iré la mitad??, holaaaa ¿me podrían dar agua?? no puede hacer taaanto calor ¿así va a ser toda Colombia?, son las 3..¿será hambre lo que tengo? señora buenos días ¿tendrá un poquito de arroz que le haya sobrado? sí, arroz y lentejas oii qué rico está ¿cuánto le debo? no nada dejálo así, pasaron dos horas y sigo subiendo y subiendo pooorfavoor, son las cuatro ya baaasta en serio por hoy basta de subida…, aii esta parte es más tranquiii.. ai me duele la panza ai me duele la panza aiiiaiiiaiiii qué doloooor quémepasaaa?? dale nati ya falta poco ya vas a descansar ya falta poco mirá mirá mirá ahí está ahí siiiiii ). Bueno sí, así va mi cabeza.

chachagui

Chachagüí, desde el otro lado de la ruta.

caminos colombia

Me encanta poder mirar lo bajado…

caminos montaña colombia

y lo subido =)

bici de viaje

ruta entre montañas

rutas bicicleta colombia

Y uno se da vuelta y ve todo lo recorrido.

rutas colombia

montañas atardecer colombia

Esa noche llegué a El Tablón. Y esta…

el tablon colombia

Era mi vista…

camping restaurante

…desde la carpa.

parador el tablon

En el restaurante me quedé el domingo, porque me dijeron que por las elecciones era mejor no pedalear. Y me pasé desde las 8am pelando yuca, picando cebolla y cortando tomate. Después de la vorágine de preparar almuerzo para 400 personas, volvió a la tranquilidad.

Y esperen a que les cuente lo que fue acampar en un lugar abierto (detrás de un restaurante, a donde se podía llegar desde la ruta sin problema) y pedalear los kilómetros que me dijeron que eran peligrosos (porque cuando ya te dicen que le han robado a cicloviajeros, la palabra PELIGRO se torna así, mayúscula, y uno presta atención posta). Acampar fue así: despertarme a las 2am escuchando ruidos pisadas alguien que movía la bici, agarrar el cuchillo abrir la carpa no ver nadie y la bici en el mismo lugar y que sólo es la lluvia que golpea y el viento que mueve la lona al lado de mi carpa, volver a la carpa intentar dormir tener el corazón a mil durante dos horas (literales) y querer dormir y no poder y seguir escuchando ruidos e imaginarse montones de escenas en que se están llevando la bici y que en cualquier momento me van a abrir la carpa pero tengo el cuchillo al lado y quién sabe. Así: horrible. A la mañana me desperté y mi bici seguía ahí y nada había pasado porque todo habían sido fantasmas en mi cabeza. Pero yo no pude dormir. Y pedalear por esos nosécuántos kilómetros peligrosos (porque la brecha y el horario de delincuencia variaba según la persona a quien le preguntara) fue así: no va a pasar nada no va a pasar nada, nono, así no, mejor en positivo: todo va a estar bien todo va a estar bien, el abuelo pedalea conmigo, una burbuja grande me protege, todo va a estar bien, el abuelo pedalea conmigo ommmmm inhaaaaaalo ahhhhh exhaaaalo ommmmm inhaaaaalo ahhhhh exhaaaalo ahí viene una motooooytodoestaabieeen ufff ya pasó inhaaalo exhaaaaalo aidiosesasmotos porquémemiranasíyfrenanyelpibememiratantoyvadespacio aiiesosmevanaeperaralaavueltaymevanarobar aiiitodestábientodoestábientodoestábien el abuelo pedalea conmigo los pibes no están uffff ¿por qué hay tantas motos en esta ruta? no me animo ni a parar a tomar agua por lo menos pasan autos y buses y camiones seguido así que no les daría tiempo a robarme sin que alguien lo vea todo va a estar bien todo va a estar bien inhaaaalo exhaaaalo

Todo así. Un estrés mental como verán. En el km 110 (o sea, en medio de la zona más peligrosa) un camión para: me pregunta si quería que me lleve. A esa altura yo ya estaba tranquila, sentía que había tráfico y que todo iba bien. Pero ya me habían dicho tantas veces lo del peligro y este tipo llegó sin buscarlo y el paisaje era todo igual (y no muy divertido) y hacía mucho calor y el peligro quien sabe si no está a la vuelta y si el tipo paró por algo será. Fueron unos segundos de lucha interna (“¡estoy viajando en bici, no puedo subirme a un camión” vs la voz interna -de mi hermano, de mis papás- diciendo “Natalia, no hay viaje que valga tu seguridad”) pero le dije que sí, que me adelante. Veinte kilómetros no me hacen menos viajera.

agua panela gatorade natural

Agua Panela con limón, el gatorade natural.

Esa parte es de población negra y hace mucho mucho mucho calor. Mucho: es sentir la gota de transpiración que te cae por la espalda, es el sol que te quema la cabeza, es sentir la cara caliente y los brazos que arden. Un chico se me acercó en moto, con una sonrisa blanca gigante, a preguntarme si había probado mangos: “Venga a mi casa”, y me guió hasta allí, donde me quedé una hora hablando con él y su familia, viendo cómo preparaban los recipientes donde se vende manjar y comiendo mangos. Eran la 1 o las 2 de la tarde, pero yo ya estaba aniquilada del calor. Además, hacía desde las 7am que estaba pedaleando. Casi me quedo, pero decidí seguir un poco más, y dormí en una casa de familia en Chondural, con abuela-abuelo-nieto-nieto. Un amor de personas, como en todos lados.

montañas cordillera colombia

rutas colombia

Estos zigzag son de los más comunes acá. Yo ya me olvidé qué es plano y recto.

Al día siguiente pedaleé hasta Párraga. Todo en subida. También piché la rueda trasera y me crucé -de lejos- con el primer cicloviajero. En la casa donde paré en Párraga -abuelo abuela nieta- me invitaron a quedarme hasta el sábado, que era la fiesta de 15 de una amiga. Hubiese estado bueno, pero era miércoles recién. Sí me quedé un día más: para lavar la ropa, para trabajar, para dar señales de vida a mi familia. Y al final también fue para ayudar a la abuela con la tareas (porque está terminando el bachillerato), para cocinar juntas, para ver La Voz Kids (y eso que no miro tele, pero ese programa lo ven en todas las casas y me encanta), para que el abuelo me regale semillas para plantar (me dijo que duraban dos años…).

ruta bici colombia rosas

En la bici el dicho se invierte y es “todo lo que baja tiene que subir” (y no hay excepción, en algún momento llega).

lluvia colombia

Como también llega la lluvia en algún momento del día. En esta época, en esta parte de Colombia, no se zafa.

granola comida en ruta

Y que llueva, total yo aprovecho a comer.

Después seguí (en subida, como para no desacostumbrarse) hasta Boquerón, donde la lluvia, aunque venía hacía una hora pedaleando bajo agua, se intensificó y me agarró en bajada. Ya veía poco, me daba inseguridad y eran las 3:30pm: ya podía finalizar mi día. Como siempre, la intuición es la que me dice dónde parar: no me cuestiono si en esta casa sí o no, simplemente la intuición es la que me hace frenar y preguntar, incluso antes de que yo sea consciente. 

vacas campos colombia

flores casa colombia

nene colombia

Este enano amaba que le saque fotos.

abuelo colombia

El bisabuelo (parece re canchero con esos lentes: recién lo habían operado de la vista) que no dejaba de contarme historias.

Ahí la familia era grande: bisabuelos. abuelos, nietos, bisnietos. Dos casas con un patio común. Me preguntaron si quería dormir en una cama o prefería acampar, y obvio que si me lo frecen no digo que no. Después de bañarme ayudé a quienes me hospedaban a preparar las yucas para el pan de maíz del día siguiente. Cuando a la mañana estaba desayunando ya para irme, le digo a Ángela (una chica de mi edad, con una nena de 10 años y un nene de 4) que había soñado que me quedaba haciendo pan de maíz: “Y quédese”, me dice. Así que me volví a poner ropa normal y ahí estuve con ellas, moliendo maíz, mezclando, volviendo a moler, intentando armarlos (porque me costó horrores), todo el día. Y al día siguiente sí, los hornearon, los acomodaron en una canasta, prepararon el cartel y antes de las 7am ya estaban vendiendo. A mí el bisabuelo me regaló (además de un montón de historias de la época en que estaba en el ejército y luchaba contra el narcotráfico) una docena de bananos de su finca; Ángela, una pulsera para que los recuerde y una bolsita con varios panes de maíz “para el camino”; Laura, su hija, un abrazo gigante, y la bisabuela, unos ojos húmedos, al borde de las lágrimas, que casi me hacen llorar a mí. A pesar de haberlo vivido ya tantas veces, me sigue resultando maravilloso que el camino me abra las puertas de esta forma. Que cada casa donde paro la gente me trate como una hija más, y me cuide y me converse y me quiera. Porque es eso: siento cariño a pesar del poco tiempo compartido.

moler maiz

Me pasé el día moliendo maíz…

mezcla pan de maiz casero

…y la mezcla esta. Yo no podía creer que de acá saliera pan. Sin una gota de harina.

hacer pan de maíz

La bisa (que es más joven que cualquier de mis dos abuelas) y la abuela (que es más joven que mi mamá), dale que dale amasando. Yo intenté. Y lo único que hacía era perder tiempo y toquetear interminablemente la masa.

pan de maiz

Y así quedaban, arriba de hojas de plátano, listas para ir al horno.

hornear pan de maiz

(Eso sí, a la mañana siguiente)

cartel pan de maiz

¡Habemus pan!

pan de maiz

Ñami

venta pan de maiz

Ángela y yo, acomodando los panes en la canasta para vender.

Al volver a la ruta me reencontré con muchas de esas sensaciones olvidadas: el silencio de andar sola, la lluvia sorpresiva, el sol abrasante y las gotas de transpiración constante, los autos y camiones y buses y motos casi rozándome, la solidaridad de la gente, los momentos buscando dónde dormir, el esfuerzo de las subidas, la incertidumbre de no saber dónde llegaré, la gente que te ofrece sin pedirle, los momentos de miedo. Sensaciones que creía olvidadas pero que, en realidad, no se olvidan nunca: igual que andar en bici.

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.