casa camino secundario

CARTA A PAPÁ

cartel a penipe baños

Papi:

Ayer llegué a Baños. Salí el jueves de Riobamba, tarde como me está pasando últimamente (alguien se me rió de que me tomo todo demasiado tranquila), así que pedaleé sólo cuatro horas, y pasadas las cuatro ya estaba andando por un camino de tierra, empujando la bicicleta en cada subida (porque eso parecía arena más que tierra) y apretando los frenos en cada bajada, tratando de no caerme cada vez que la rueda de atrás me derrapaba.

Ayer también pedalié poco: tres horas, que era lo que me faltaba para llegar a Baños (o sea, podría haber llegado el mismo día si hubiese salido un pelín más temprano de Riobamba). Esta vez te juro que quise salir temprano, pero la naturaleza me excedió: llovió toda la noche y amaneció lloviendo. Además había acampado, había visto una casita más arriba, pero la verdad necesitaba estar sola. Sin responder las preguntas de siempre, sin sentirme culpable si quiero estar en silencio, sin tener que esperar para irme a acostar, sin tener ojos mirándome cuando estoy escribiendo. Necesitaba estar sola, conmigo misma, no conversar con nadie más que con mi propia cabeza.

camping libre baños

Ademas, fue la primera vez que acampé sola y mirá: se llovió todo. Hasta me entró agua adentro, se mojó el piso de la carpa (y estaba dele escurriendo con un trapito), mi aislante, un libro y la ropa de invierno que tenía dentro de una alforja, la almohadita que me regalaste, una parte de la bolsa de dormir….

Estos días me acordé mucho de vos, sabés. Me acordé de nuestro viaje por Carretera Austral, de vos manejando, yo de copiloto, los dos cantando (bueno, intentando cantar). Me acordé de vos mirando por tu ventana, yo por la mía, y diciendo a la vez ¡mirá! y darnos cuenta que no nos daban los ojos para abarcar todo nuestro alrededor. Me acordé de cuánto nos gustaron los paisajes, el verde, las lagunas, los árboles de otoño, los pueblitos, las termas, los ferrys, las pastas al lado de la ruta, las noches en la camioneta, la cabaña frente al lago, los lugares con nombres raros, los ventisqueros, los días de sol, la moza simpática que nos atendía sólo a nosotros, los parques escondidos, las cervezas compartidas, los ríos gigantes, las risas en la aduana. Sé que es uno de los pocos lugares a los que volverías (porque según vos, si vamos a viajar, hay que ir a otro lugar), y volverías ya-ya (y estoy segura que volverías cada año con lo que te gustó). Capaz fueron los caminos de tierra, capaz fueron los pinos, capaz fueron los ríos vistos desde arriba, capaz fue el olor a horno de leña. No sé. Pero hubo momentos fugaces en los que me transporté a ese viaje que tantos recuerdos nos dejó.

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Aunque sea un poco, ¿no?

nubes camino de tierra

Un pueblito que pasé en un momento que agarré ruta abajo… en sentido contrario.

camino de tierra ecuador

Los caminos de tierra que tanto quería

rio montañas nubes ecuador

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Ayer me reía de mí misma. ¿Querías caminos de tierra? Tomáaaa tus caminos de tierra. Fui por la antigua carretera Penipe-Baños que va por las faldas del Tunguragua (que no vi ni de casualidad por la cantidad de nubes que había): me crucé un señor que me contó que con la erupción que hubo hace como 16 años muchas casas quedaron botadas porque las familias se tuvieron que ir para otros lados. La ruta tiene tierra, piedras, baches, pedazos de asfalto, riachuelos, puentes. Si el jueves iba resbalando por lo desprendida que estaba la tierra, ayer la lluvia no ayudó: en una parte tuve que descalzarme y sacarme las medias para cruzar unos riachuelos que se habían hecho por la lluvia y cruzaban el camino; en otras partes llegué justo cuando las máquinas ya habían arreglado el camino de los deslaves de la montaña; llegando a Baños no podía ver de la lluvia en contra que me pegaba en los ojos. Apenas me encontré con la hermana de mi amigo y me senté a comer un plato de arroz, me di cuenta que me dolía todo: me ardían los brazos no sé por qué, me duele un cachete de la cola porque me pegué con el asiento de la bici, tengo una raspadura detrás de la rodilla que me hice con la cadena, me pegué con los pedales en los tobillos, me duelen los brazos y la espalda de la fuerza que hago siempre para mantener el equilibrio. Para variar, estoy llena de moretones y contracturas. Ya la primera vez dije que quiero llevar un elfo que me haga masajes.

¿Te acordás cuando estuvimos acá vos, mamá y yo? Bueno, nada que ver (sé que te estás riendo). La otra vez hubo sol, hacía calor, se sentía movimiento. Hoy amaneció igual que como estuvo ayer: bastante fresco, súper nublado, con ganas de llover en cualquier momento. Ayer llevé ropa a lavar y me crucé con dos chicos, no sé si argentinos o uruguayos (eso de llevar el termo como cosido debajo del brazo no es muy nuestro, pero de viaje nunca se sabe…) tomando mate por la calle. Estuve a punto de frenarlos y pedirles por favor que me den uno: sí, estando de viaje extraño cosas que ni siquiera me gustanSerá la lejanía, el tiempo fuera. no sé. Es raro.

casas ecuador

Justo cuando entraba al camino de tierra me dijeron “no, no hay más casas para allá”. No sólo encontré varias casitas en el camino: hasta encontré un pueblo.

casa camino secundario

Aunque estén escondidas, las casas estaban.

baños ecuador

Me acuerdo siempre de vos, te decía. Más ahora con todos los planes que tenemos para cuando vuelva, y lo emocionado que estás de que vayamos a hacer tantas cosas juntos. Y lo emocionada que estoy yo de volver. Porque, además, siempre lo digo: mi viejo es un genio. No cualquiera tiene ganas, a tu edad (¿sonó a que sos muy viejo?), de cruzar la cordillera de los Andes a pie, de hacer una carrera de natación a aguas abiertas, de ir a subir montañas, de hacer kayak cuando puede, de andar en bicicleta (vamos a ir por ahí, ¿no?). Además, creí que iba a tener que esperar a volver para verte. Había venido mamá a verme, Pablito también vino a viajar conmigo, y pensé que para verte a vos iba a tener que esperar hasta volver a casa, pero viniste. Y comprobé lo que tanto sospechaba: que te iba a encantar Ecuador.

Me quedo por hoy a descansar, esperando que se seque todo lo mojado, esperando por mi ropa y repondiendo energía. Capaz salgo a dar una vueltita. El clima frío me da ganas de quedarme adentro leyendo o escribiendo mientras tomo té, como las viejas.

Te quiero mucho

Tu  hija preferida
(como te firmaba de chiquita: porque no tenés otra)

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.