SI NO ES AHORA, CUÁNDO

SI NO ES AHORA, CUÁNDO

Los que me conocen bien saben que hubo un antes y un después en mi vida: mis dos meses en Kenia. Cuando a principios del 2008, con apenas 19 años, me fui dos meses a un país que nadie sabía dónde quedaba (cada vez que lo mencionaba, tenía que aclarar que era África porque la cara de desorientación de la gente era demasiado obvia) a hacer un voluntariado en algunos de los barrios más pobres de Nairobi, nunca pensé que el choque cultural iba a ser tan fuerte ni que la experiencia iba a marcarme tanto. Fue tanto lo que significó para mí, que volví mareada: me sentí perdida, la Nati que había vuelto no encajaba con lo que había dejado la Nati anterior (y por ese motivo empecé a renegar tanto de la Universidad que después la dejé) y no sabía qué quería hacer, pero  volví con una idea clara: había entendido que quería que mi trabajo sirva para aportar un granito de arena al mundo, que necesitaba trabajar con y para la gente.

Todas las fotos son de los dos días de la pintada del mural

Esa idea me siguió dando vueltas por la cabeza todos estos años, y de una forma u otra lo seguí haciendo: mi último año en Córdoba fue VicePresidente de Intercambios Salientes para AIESEC en Córdoba, y estaba a cargo de todo el proceso para difundir oportunidades y lograr que chicos de mi edad puedan vivir la experiencia que yo había tenido, e irse como voluntarios o profesionales al exterior. Entre 2011 y 2012 fui VicePresidente de Desarrollo de Proyectos Sociales para AIESEC en Argentina, Chile y Uruguay, y desarrollaba proyectos para que chicos de otros países vayan como voluntarios a alguno de esos tres países. Básicamente, el trabajo inverso. De ambas experiencias tengo hermosisisímos recuerdos: chicos que fueron, chicos que vinieron, charlas y gracias y lágrimas de por medio, proyectos que siguen creciendo, reuniones con el gobierno y la UNESCO y empresas, viajes y congresos, reencuentros después de años, casas compartidas, horas y horas y horas de reuniones, equipos de trabajo online y offline, madrugadas de trabajo.

vive para ser feliz

¿Para qué sino?

Cuando hace un año y cuatro meses empecé este viaje, me preguntaba cuándo y cómo volvería a trabajar con y para la gente. Hacía un año que había salido de AIESEC y necesitaba volver a hacer algo. Durante los primeros meses que estuve en Bolivia, volví a trabajar en AIESEC: mientras viajaba de ciudad en ciudad, fui ayudando en cada oficina local, trabajando en congresos y eventos, dando capacitaciones. El viaje tomó otro rumbo, empezaron a visitarme, me fui a Perú y la idea quedó guardada en un cajón. Hasta que, sin llamarla, tocó la puerta: una noche de febrero de este año, pocos días después de llegar a Ecuador, estaba navegando por Internet, dando vueltas por Facebook y esas cosas y lo vi. Los chicos de Proyecto Calco estaban buscando un pared para pintar un mural en Bariloche, y ahí se me ocurrió: pintar murales con mensajes positivos en cada país que visite en este viaje en bici. Hacía rato me rondaba por la cabeza: quería viajar llevando algo conmigo, llevar un proyecto que tenga un impacto por los lugares donde pasara. Lo que nunca pensé es que iba a llegar tan rápido y en esta forma.

Esa noche de febrero decidí escribirles y contarles mi idea: no sólo les gustó, sino que se entusiasmaron y motivaron más allá de lo que me hubiese imaginado. Así surgió “5 países 5 murales”, un proyecto social que busca pintar murales en Latinoamérica, trabajando con gente local e invitando a artistas locales para esparcir mensajes positivos rodeados de arte.

Parecen nenitos saltando por un arco iris (?)

Parecen nenitos saltando por un arco iris (?)

Para los que llegan al blog por primera vez, yo recién se enteran del proyecto, les cuento: el proyecto se basa en el poder transformador que tienen la palabra y el pensamiento positivo por un lado, y la experiencia de liberación, creación y comunión que significa usar el arte como vehículo de expresión, por otro. Si la palabra es transformadora, ¿qué mejor que unirla al arte?

Para poder llevar el proyecto a cabo, íbamos a necesitar la colaboración de la gente. El mismo día que empezó el Mundial de Fútbol en Brasil, nosotros lanzamos el proyecto en Idea.me, una plataforma de crowdfunding donde gente que quiere apoyar la causa colabora (en nuestro caso, con montos que iban desde los $20 a los $1000), siempre a cambio de una recompensa (como menciones, wallpapers de los murales, tazas y remeras con las frases, e incluso un mural para los que realizaran el mayor aporte). Así, de los $5.000 (pesos argentinos) que buscábamos juntar, luego de cuarenta y cinco días de recaudación logramos conseguir el 140%: $7.010, lo cual nos permite pintar no 5, sino 7 murales. No podíamos creerlo.

Oye tu... ¿te quedó claro?

Oye tu… ¿te quedó claro?

=)

=)

A la par de los murales, para que el impacto llegara más allá de las localidades donde se realicen los mismos, las calcomanías no quedaban afuera, y las comencé a repartir apenas empecé a viajar en bicicleta. Así, los chicos de una banda ecuatoriana de jazz se las llevaron a sus grabaciones, una pareja argentina que viaja en auto a Alaska las pegaron en su auto, el chico que me hospedó en Latacunga pegó una en su heladera, los nenes de una familia que me hospedó en Apahua me las tradujeron a kichwa, el señor dueño de un bar en un mirador se quedó con la de “Gracias vida” en reconocimiento a lo que ahora tiene después de años de alcoholismo, Rosa me convidó sandía un mediodía que pedaleaba y eligió la que dice “Sonríe, nadie te filma” porque dice que hay que sonreírle a la vida por mala o buena que sea.

Mi viaje en bici siguió avanzando, las calcos repartiéndose, y el finde del 20 y 21 de septiembre  llegó el primer mural. La Fundación Jóvenes para el Futuro acoge a niñas que sufrieron abuso o maltrato sexual, y tiene el proyecto ARI, que trabaja con jóvenes en recuperación por drogas, con talleres y terapias. Están en Ambato, la sierra central de Ecuador, y estuvieron interesados en el proyecto desde un principio, incluso cuando todavía era sólo una idea. El trabajo que ellos hacen día a día se ve reflejado en lo que piensan los chicos que asisten al proyecto ARI, como dice J., de 23 años: “Ingresé en el proyecto hace 2 meses. Primero, no confiaba mucho en este tipo de proyecto y no sabía que era realmente una terapia con un psicólogo. Y poco a poco me di cuenta de que el equipo era como mi segunda familia. Están aquí todo el tiempo conmigo, acompañándome, escuchándome y ahora me siento muy feliz. Mucho más feliz que antes y más tranquilo también. Era muy nervioso, estaba preocupado todo el tiempo; me sentía solo aunque todavía tengo familia. Ahora, con mi familia ARI, me siento listo para seguir adelante.”

Y así sería pintada...

Y así sería pintada…

Bajo el sol

Bajo el sol

Subidos bien arriba

Subidos bien arriba

Más allá del mural, la idea empezó a tomar cada vez más forma. Y tamaño sobre todo. Calcos y mural, OK. Calcos, mural y artistas que ayuden y se fusionen con el proyecto, mejor. ¿Y si le sumamos un psicólogo, para dar talleres antes del mural? Digo, para que no sea llegar, pintar el mural, y chau, gracias por el espacio. Buenísimo, lo sumamos. Y…. ¿les copa la idea de que una banda -o varias ya que estamos- hagan un show al final, para que más gente vaya y vea lo que se hizo y brindar un espectáculo para el lugar? Quiero quiero quiero. Ya que estamos, que se filme y saque fotos de todo, obvio. Tuvimos mural, tuvimos calcos, tuvimos psicólogo, tuvimos artistas. Las bandas quisieron, pero se hizo imposible conseguir la plata para pagar el dinero (a la distancia y en constante movimiento, está difícil poder gestionarlo). El chico que iba a filmar nunca apareció, qué se le va a hacer. Pero lo importante es que salió, y con lo mejor que pudimos dar.

pintada mural mensajes positivos

pintada mural proyecto calco

El viernes en la tarde estaba planificado el taller de autoestima, un punto débil en los chicos a los que ayuda la fundación: Andrés Tapia, amigo y psicólogo quiteño, iba a darlo, pero lamentablemente no pudo porque ese mismo mediodía tuvo que volverse a Quito ya que la madre estaba mal de salud. Así que de repente me vi frente a un tema del cual poco sabía de teoría, teniendo que conversarlo y trabajarlo con chicos que realmente lo necesitaban. Andrés me pasó por email los archivos, recordé lo que habíamos hablado el día anterior y saqué mi mejor conferencista de adentro para hacer las dinámicas y hacer reflexionar a los chicos. La idea era lograr más interacción, confianza y vínculo con el proyecto y con nosotros, y creo que se logró: los chicos se fueron contentos, con ganas de más calcos y de pintar al día siguiente.

Algunos de los chicos que participaron en el taller.

Algunos de los chicos que participaron en el taller.

chicas trabajando taller

Voluntarias ayudando en las actividades

taller motivacional

Creo que estaba posando tímido a la foto

taller autoestima

Así, sábado y domingo pintamos el mural en una pared de un ex UPC (Unidad de Policía Comunitaria, un centro policial básicamente) ubicado en la entrada del barrio Cumandá, junto a una cancha y juegos. La Fundación ya había hablado con el Presidente del barrio y teníamos su aprobación y la del Municipio, y esa mañana del sábado (mientras compraba pinturas y rodillos y frutas para compartir en la tarde) algunas personas del barrio fueron a limpiar el lugar, que tenía escombros. Lo que no me esperaba una hora antes de empezar la pintada, es me que dijeran que “no les convenía que sólo pintáramos una pared”. Señora, no tengo presupuesto para pintarle toda la casa, además mi proyecto no es pintar casas de blanco. Llama al Presidente del barrio. Me habían dicho que iban a pintar una frase positiva, y ahora me estás diciendo que cada uno va expresar su opinión; eso no es lo que habíamos acordado. Me habían dicho que iban a pintar el ex UPC y ahora me dices que es sólo una pared. Eso me pasa por no arreglar yo las cosas, por no conversar yo el tema. Eso me pasa por querer aclarar tanto las cosas: el tipo se pensó que iban a terminar habiendo pintadas con apologías a las drogas, al sexo y vaya a saber qué más. Me empezaron a caer las lágrimas: no podía ser que una hora antes, sólo una hora antes, se venga todo abajo. Me empecé a enojar, después a poner nerviosa, después triste. Sólo pude pedirle una cosa: que confíe en que iba a quedar bien, que nos de la oportunidad. Y no las dio.

Así empezamos...

Así empezamos…

Hasta la caja de pintura emanaba buena onda!

¡Hasta la caja de pintura emanaba buena onda!

Hasta arriba había que llegar

Hasta arriba había que llegar

Y así fue avanzando...

Y así fue avanzando…

A las dos de la tarde, como habíamos dicho, llegaron los chicos y las chicas de la fundación. Más niños del barrio se acercaron a pintar, dibujar y escribir sobre la pared, un restaurante de Baños donó comida, Jazz Buitrón y Gabi Ayala, muralistas e ilustradoras ibarreñas (están linkeadas sus páginas, son hermosas las cosas que hacen) se unieron a diseñar y pintar el mural y mucha gente del barrio pasó a mirar y darnos aliento.

Hasta teníamos tereré, que los chicos se peleaban por probar.

Hasta teníamos tereré, que los chicos se peleaban por probar…

...y hacían cola!

…y hacían cola!

pintada frase positiva

Voluntarios, el Director de la Fundación y niños del barrio

Voluntarios, el Director de la Fundación y niños del barrio

pintada mural

El domingo terminamos los últimos detalles pasadas las siete de la noche, a la luz de los faroles de la calle. Fueron dos días intensos, donde comenzamos con miedo (lo nuevo y lo desconocido siempre genera miedo), ansiedad, nervios y muchas dudas. Dudas sobre cómo quedaría (juro que tenía pánico de que quedara cualquier cosa), sobre si a la gente del barrio quedaría satisfecha, sobre si lograríamos terminarlo a tiempo, sobre si la gente participaría. Dudas que se despejaron enseguida y se transformaron en arte, en ideas, en creatividad (tuvimos que cambiar el diseño en el transcurso, al ver lo alta que era la pared y que el tiempo y la pintura no iban a alcanzar) en vecinos felices con el mural que nos ofrecían las paredes de sus casas, en colores, en confianza, en chicos trepados a las escaleras, en nenes buscando un rinconcito más donde pintar y en una frase que recibe a todos los que entran al barrio y nos recuerdan una verdad fundamental: “Si no es ahora, ¿CUÁNDO?”.

Y así quedó =)

Y así quedó =)

Pueden ver más fotos de la pintada en el álbum en Facebook, haciendo click acá.

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.