tortugas isla de la plata

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[Llegué a Puerto López en una suerte de blogtrip autogestionado. La agenda fue movida: visité muchos lugares con la idea de contar qué hay para hacer más allá de las ballenas, de conocer las comunidades y sus proyectos. Me senté y escribí las notas, pero mi blog no era el lugar para subirlas. Porque después de casi dos semanas dando vueltas por ahí, lo que necesitaba contar era otra cosa.

De todas forma, no os alarméis -pega el acento español acá-: en este link pueden leer sobre Puerto López y las comunidades del Parque Nacional Machalilla, y en este, sobre mis días en la Isla de la Plata. Al final de todo, hay datos e info]
aguas sulfuradas agua blanca ecuador

Aguas sulfuradas en la comuna Agua Blanca

Alguna que otra vez lo mencioné al paso en el blog, y los que me conocen lo saben: hace bastantes años soy vegetariana. Sin embargo, debo reconocerlo, en los viajes me flexibilizaba un poco: me daba culpa ser tan “estricta” (sin comentarios…) cuando paraba en casas de familia, y encima que me daban comida, rechazarla; a veces no era tan firme como para ponerme a buscar opciones si estaba muerta de hambre y en cuadras y cuadras no encontraba nada. Ejemplos: en Bolivia, apenas empecé el viaje, estuve cinco semanas en una casa de familia en Tarija haciendo voluntariado, donde me daban comida. En mi intento de no parecer tan complicada, les dije que “prefiero no comer carne” (y entendí que el prefiero queda automáticamente borrado a los oídos de quien escucha). Como ejemplo dos, en mi primera semana en Turquía, cuando caminaba por Estambul y durante horas no encontraba algo vegetariano más que pistachos y quería almorzar… sí, comía un kebab. Los vegetarianos medio fanáticos me van a quemar en la hoguera, pero en ese momento yo era flexible si lo necesitaba quería.

camino agua blanca ecuador

Camino a Agua Blanca

El venado que se me acercó =)

ohhh =)

Supongo que siempre fue así porque no me hice vegetariana de un día para el otro, porque no dejé de comer carne -en principio- por el maltrato animal y la industria y la muerte innecesaria. Yo estudiaba en Córdoba y un día, allá por finales del 2007 creo, la doctora me dijo que tenía que aumentar de peso, la nutricionista se alarmó cuando le contaba todo lo que (no)comía (no me gustaba casi ninguna verdura ni fruta y al pescado no podía ni verlo), me mandó a comer mejor y, en ese trajín de incorporar más verduras, frutas y pescado… dejé de usar carne cada vez que me preparaba comida. Así pasó un año, hasta que me di cuenta de que sólo comía cuando volvía a mi casa a visitar, o cuando iba a un congreso y el menú estaba incluido, cuando iba a una casa y me invitaban a comer, cuando iba a un trekking y cocinaban pastas con atún. En ese momento, entendí que era (cuasi)vegetariana.

palo santo ecuador

Palo santo. Si alguna vez pueden, prueben: es uno de los mejores aromas que existe (además, es súper bueno contra los mosquitos)

camino agua blanca

Yendo a Agua Blanca

Este último año, me cansé: me cansé de tener que adaptarme a otros, de dejar de lado mis valores y convicciones para no parecer un problema (porque, en Sudamérica, ser vegetariano todavía no es algo visto 100% sin que te hagan cuestionamientos), de no ser lo suficientemente fuerte como para decir “no, gracias”, de no ser coherente conmigo misma. Además, hacía meses que otra idea me estaba dando vueltas la cabeza. Cada vez que me preguntaban por qué no comía carne, mi argumento del maltrato y muerte innecesaria me hacía ruido: si no como carne por la violencia a la que se ven sometidos los animales, por la cosificación a la que se los reduce, ¿cuál es la diferencia para obtener leche, por ejemplo? Ninguna. La vaca es arrancada de su ternero para sacarle leche que no necesitamos (no me voy a explayar: es ilógico pensar que somos los únicos animales sobre la faz de la Tierra que necesitamos tomar leche -de otra especie encima- después de ser destetados). El queso, el yogur y otros varios reciben la misma explicación. A las gallinas les cortan los picos, las encierran en jaulas, las amontonan… ¿todo para qué? Para tener huevos. Cada vez que lo pensaba, sabía que había algo que estaba haciéndose camino adentro mío. Quería hacer el cambio pero nunca empezaba; la marea social, las tentaciones, la procrastinación, las invitaciones, las costumbres y alguna que otra razón más me frenaban.

gallinas rio blanco

Gallinas felices

nene rio blanco

señor rio blanco

Me encanta sacarle fotos a las personas asomadas a las ventanas.

amigate proyecto calco

Margarita eligió sin pensar la frase =)

bosque humedo el pital

Caminando en el bosque buscando..

pajaro el pital

pájaros escondidos…

flores el pital

flores…

áerboles parque nacional machalilla

árboles raros…

huellas de animales en el barro

huellas frescas…

El día que llegué a Ibarra, algo hizo un click en mi cabeza: por alguna razón, todas esas ganas y motivaciones y razones que habían estado dando vueltas en mi cabeza encontraron la fuerza suficiente y, de repente y sin proponérmelo, decidí que no quería consumir más nada proveniente de un animal. Me di cuenta que necesitaba, sobre todo, coherencia. Paz conmigo misma. Tranquilidad interior.

Con la bici llegué a Puerto López, y fui a Aguas Blancas, a Río Blanco, a Los Frailes, a la Isla de la Plata.  A la playa, al bosque, a una isla, al mar, a comunidades. Pedaleando con tres chicos hacia Aguas Blancas encontramos un venado, que sólo se acercó a mí y no paraba de olfatearme. Me llevaron a una cabalgata por Río Blanco que me tuvo todo el tiempo sintiéndome mal y pensando que lastimaba al caballo (algo que me pasa desde chiquita cada vez que me subo a uno). Cuando caminamos buscando monos aulladores, estaba feliz al sólo escucharlos. Camino a la Isla de la Plata, pese a lo descompuesta, pálida y mareada que estaba (puro karma: eso me pasó por reírme cuando me contaban que había gente que vomitaba en el trayecto en lancha…), sentí más emoción de ver las ballenas en ese momento, que cuando las vi en Puerto Madryn hace muchos muchos años atrás siendo una nena. Ahí en la isla, tuve una sensación que nunca antes había experimentado: al nadar entre peces de colores, al estar rodeada de fragatas que volaban cerquísima, al ver tortugas asomando en el mar, al ver un lobo marino me invadía una paz emoción tranquilidad. No, no sé qué me invadía. Nunca me había pasado antes, era había algo diferente.

peces isla de la plata

Peces de colores entre los que después nadamos.

tortugas isla de la plata

Lamentablemente, los guías les tiran sandía para que las tortugas se acerquen a las embarcaciones.

ballena jorobada puerto lopez

Ballena jorobada en pleno salto

piqueros patas azules puerto lopez

Pareja de piqueros de patas azules.

lobo marino isla de la plata

¿Lo ven al lobo marino?

Un sábado que fui a Los Frailes conocí a Néstor, un guardaparque que me dijo que el viernes comenzaba su turno en la Isla de la Plata y que, si quería, me dejaba la invitación hecha para que vaya. Aunque le dije que le avisaba, no había mucho para pensar: ¿en qué otra oportunidad iba a poder quedarme en una isla donde ningún turista puede quedarse a dormir, donde hasta para hacer investigaciones es necesario el papeleo, donde los únicos que se quedan son los guardaparques que hacen turnos de siete días?

Los cinco días que pasé en la isla fueron una maratón de dormir-comer-leer-caminar (todos en grandes proporciones) que, aunque me cueste creerlo, se pasaron volando. Y en medio de eso, me cayó la ficha: entendí por qué esos días anteriores me sentía tan conectada con todo, tan en paz conmigo, tan en armonía con el entorno y, después de tres días en la isla, todo se había esfumado. Que despertarme por el ruido de la televisión en programas vacíos no me relajaba precisamente. Que haberme acoplado al desayuno y almuerzo con ellos (con mis adaptaciones vegetarianas, aclaro), hizo que mi cuerpo se vea sobrepasado. Y no sólo mi cuerpo: algo adentro también.

acantilados isla de la plata

Acantilados en la Isla de la Plata

piquero patas azules parque nacional machalilla

Piqueros piqueros y más piqueros

Desayunar con ellos, al cuarto día fue insostenible: ni mi cuerpo ni mi mente toleraba más comer arroz o lentejas con torrejas a las ocho y media de la mañana. Hubo fritos, volví a comer queso, hubo mucho arroz, mucho cocido. No comía una fruta ni una verdura cruda, algo fundamental para mí. Hacía mucho tiempo que no escuchaba una televisión prendida tantas horas (dos o tres, que para mí son muchísimas), con diálogos superficiales, publicidad malísimas y contenido nulo. Entendí que cuando como lo que mi cuerpo no necesita, cuando como en cantidades que no necesita, cuando hago combinaciones que me hacen mal, cuando como en horarios que mi cuerpo no tolera, pierdo conexión conmigo misma. No estoy bien por dentro y, por ende, no puedo estar bien hacia afuera.

puerto lopez

El puerto de Puerto López

aves puerto lopez

Estos días me la pase maravillada mirando a las aves volar.

gaviota mar puerto lopez

La paz…

Unos días después estaba leyendo un post en el blog La vida en Verde, en el que Kariu, la chica que lo escribe, reflexionaba sobre la responsabilidad que tenemos para con nuestro planeta. Entre otras cosas, decía: “¿Somos seres inteligentes si somos capaz de generar tanta destrucción? ¿Puede la satisfacción de nuestros deseos acabar con la raza humana o permitir tanta pobreza y desigualdad? ¿Será posible despertar la conciencia de que todo lo que hacemos tiene consecuencias en la naturaleza y que nosotros somos parte de ella?”

Le escribí un comentario. Leer eso me hizo sentir completamente identificada: es lo que había estado pensado y por lo que había estado pasando esos cinco días en la isla. Tanto contacto con la naturaleza, tanta tranquilidad (éramos sólo los dos guardaparques y yo, salvo las dos o tres horas en que llegaban los tours), tanta sencillez (no había ni agua ni luz: había que desalinizar agua y bañarse con un balde, y había un generador a combustible para tener algunas horitas de luz) y tanta paz me hizo sentirme, más que nunca, en plena armonía conmigo y con el entorno. Me di cuenta por primera vez que la decisión de tener una alimentación lo más vegana posible te lleva (o por lo menos, me lleva a mí) a sentir una armonía y una paz indescriptibles, una conexión con la naturaleza que nunca antes había experimentado (por más en medio de la naturaleza que me haya encontrado) y una conciencia plena de la armonía de la naturaleza, de que ella estuvo ahí mucho antes que nosotros y de cuán bien funciona todo como para nosotros estar metiendo mano.

playa tortuguitas los frailes

Playa Tortuguitas en Los Frailes.

los frailes parque nacional machalilla

Playa Los Frailes

Es muy probable que la gente que no es vegetariana no lo entienda: yo nunca lo había sentido antes, no hasta hacer el cambio. Y no fue sólo un cambio de dejar de comer cosas que vienen de animales: aunque siempre comí muy sano, cada vez voy más hacia ser consciente de lo que como y consumo en todo aspecto: hay que entender que somos parte de la naturaleza, y por ende nuestro cuerpo está hecho para alimentarse de cosas naturales. No existen campos que den panes ni cultivos de caramelos ni árboles de gaseosas. Si no sale de la naturaleza directo, si no fue de la tierra al plato, si tiene que ser procesado/refinado/conservado/adicionado/saborizado antes de poder tenerlo, no es sano para el cuerpo, no lo necesitamos. ¿O acaso vemos vacas que coman Zucaritas o tigres que coman embutidos o monos que necesiten cocinar todo? No. Sencillo y natural. Para eso estamos hechos.

Esos días en la isla descubrí que cómo uno come no es sólo algo relacionado a la alimentación: es una filosofía y, seamos conscientes o no, influye en cómo percibimos y nos relacionamos con el mundo. Entendí que cómo uno come se transforma, consciente o inconscientemente, en una filosofía (o para no generalizar, así lo vivo yo): llevar una vida lo más consciente y vegana posible (porque ser vegano no es sólo una dieta, sino una forma de vida, que no avala la explotación de animales en ningún aspecto: ni en experimentación, ni en testeo, ni para prendas de vestir, ni para entretenimiento, ni como transporte, etc.) significa para mí tener una vida lo más libre posible de violencia. Si uno come carne, quiera o no, consume violencia. Los carnívoros díganme lo que quieran, cierren el blog y no entren nunca más, puteenme en los comentarios, bórrenme del face o lo que quieran: lo vean o no, al pagar por un bife están pagando a alguien que mate a un animal. Y eso es violencia. Los que compran productos testeados en animales, financian que una empresa use animales vivos para hacer pruebas de toxicidad (por poner uno). Y eso es violencia. Los que pagan para ir al zoológico están avalando que un animal esté encerrado en una jaula, una cárcel donde lo metieron simplemente por ser lindo o diferente. Y eso, para mí, es todo lo mismo.

gaviota en el mar

Ahhhh no me canso de sacarles fotos

delfines isla de la plata

Delfines nadando…díganme si esto no es perfección…

atardecer puerto lopez

Atardecer en Puerto López

No quiero parecer agresiva ni que estoy juzgando al resto. Simplemente estoy reflexionando y compartiendo cómo me siento hoy en día, cómo estoy viviendo este proceso de entenderme, de lo que quiero para mí, de lo que busco para mí. No soy vegana (o no todavía), pero sé que trato de vivir lo más acorde y en coherencia con lo que pienso. No digo que ser vegano sea la solución al mundo ni que los veganos son seres de luz perfectos. Sólo que para mí, el ser consciente de lo que como es sólo una arista más de otras que se complementan: que tener para demostrar no llena, que no podemos cuidar más un auto que nuestro propio cuerpo, que derrochar por comodidad no es un gusto, que dar lo que nos sobra no es ser solidario, que comer no es igual a alimentarse, que un animal al cual respetar no es sólo un perro o un gato, que el amor es también hacia los desconocidos, que a la cabeza también hay que alimentarla, que el respeto se practica hacia la naturaleza. Adentro mío, todo forma una filosofía más profunda: saber que si quiero estar en contacto con lo que me rodea, primero tengo que estar en contacto conmigo.

***

Para llegar a Puerto López: desde Quito 7hs, desde  Guayaquil 4 hs, desde Manta 2hs.

Gracias al Hostal Yemayá por hospedarme todos estos días en Puerto López, a la comuna El Pital por el recorrido por el bosque húmedo, a la comunidad Agua Blanca por el tiempo, a Yadin por invitarme a dar una charla para su grupo de chicos, a la agencia Luz de Luna por el tour a la Isla del Plata y el avistaje de las ballenas, y a los guardaparques del Parque Nacional Machalilla por recibirme esos días en la Isla del Plata.

Para contactarse con la Comuna El Pital, ya sea por los recorridos o para conocer más sobre las opciones de voluntariado, pueden hacerlo directamente con ellos al 0994188343 o al mail de Carlos carlosmanrique61@hotmail.com

Para contactarse con la comunidad Agua Blanca y saber sobre más las opciones de voluntariado, pueden entrar a su página web o escribirles al email casaculturalaguablanca@hotmail.com Hay serviciso de hospedaje, comida, caminatas, bicipaseos, chamanismo y masajes con aceite de palo santo.

Para contactarse con Luz de Luna, puede escribir a luzdeluna@turismogmail.com

La playa Los Frailes abre de 8:30 a 16:30. La entrada está sobre la ruta, desde donde se hace un camino de 2km hacia la playa principal (se puede hacer dedo a los autos que van hasta el estacioamiento) o la opción de recorrer las otras playas en una caminata de 2 a 3 horas (para esto, hay que entrar antes de las 2pm). Está prohibido acampar en la playa, llevarse palo santo o corales.

Si quieren saber más sobre alimentación consciente, les recomiendo el face de Pablito Marín. Para saber más sobre veganismo, pueden visitar este link  (y en este, pueden ver qué es lo que la sociedad enseña a los niños sobre los animales y la conexión con los alimentos de origen animal, desde un punto de vista infantil)Y si quieren saber más… investiguen. O pregunten, que es casi lo mismo. =)

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.