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PUNTOS SUSPENSIVOS

Hay países y lugares y caminos y sabores y colores y personas y atractivos y temperaturas y paisajes y experiencias y aromas para todos los gustos. Hay adjetivos que van con unos y no con otros. Hay gente que viaja de fiesta en fiesta, otros que buscan olas, algunos van de museo en museo, muchos quieren ver paisajes nuevos, otros quieren lugares exóticos, algunos buscan sabores y aromas diferentes, hay quienes sólo quieren hablar con la gente, unos pocos buscan paredes para escalar, muchos van por rutas tradicionales, otros quieren caminos alternativos. Hoy en día, yo no sé qué busco cuando viajo. Antes quería ver paisajes nuevos, sentarme a comer y hablar con la gente local, conocer costumbres e historias del lugar. Hoy siento que me falta algo.

san mateo ecuador pueblo pesquero

San Mateo, y Manta a lo lejos.

manta costa ecuador

Salí de Manta rumbo sur, con la idea de recorrer la Ruta del Spondylus hasta Guayaquil. Llevaba una lista con algunos de los pueblos que iba a cruzar en el camino, algunas distancias garabateadas, algunos contactos hechos y la idea de cada lugar donde iba a parar. Sin embargo, tendría que haber sabido lo que iba a pasar: mi “plan”, como siempre me pasa (tengo amigos que se ríen especialmente de mi poca habilidad para atarme a mis planes), no funcionó por ninguna parte. La idea era hacer Día 1: Manta-San Lorenzo, Día 2: San Lorenzo-Puerto Cayo, Día 3: Puerto Cayo-Puerto López.

Ese día 1 salí tarde (y tuve que volver a buscar los guantes; no me olvido la cabeza porque la tengo pegada…), había más subida de la que pensaba y me dolía la panza, así que sólo llegué a San Mateo. Al día siguiente, pasé San Lorenzo de largo y llegué a Puerto Cayo. Al día 3 no pedalié: me gustó la playa del lugar y, aunque había viento y estaba nubladísimo, ya había decidido que quería quedarme.

cartel bosque humedo pacocha ecuador

Casi casi llegando a San Lorenzo

Casi casi llegando a San Lorenzo

san lorenzo ecuador

San Lorenzo, donde habia planeado quedarme…

En ese camino, empecé a sentir que, irracionalmente, viajar más lento se había convertido en un viaje más rápido. Mi problema es que me gusta crear lazos en cada lugar en el que paro, y como con la bici paro en muchos lados, en muchos pueblitos, en alguna casita del camino, en una comunidad por ahí, quisiera quedarme más tiempo en TODOS lados. ¿Y si hago un trueque, y las paradas largas las hago en pequeños pueblos y no en las grandes ciudades? ¿Y me quedo según lo sienta? ¿Y si le hago caso al “¿y cuándo vuelves?” y les pregunto si me puedo quedar? Así no me pasa como todas esas veces que me fui y me quedó algo picando y rebotando por dentro, con la sensación de tendría-que-haberme-quedado-un-poco-más. Me pasó cuando llegué a Latacunga, que me pegué a la compu y me quedé con ganas de ver alguna otra peli con Gabi. En Casa Quemada quería conocer el resto de la comunidad y ver qué necesitaban, para ayudarlos. En Apahua me faltó salir a cavar papas y cuidar ovejas con la abuela y las nenas. Llegué a La Maná sintiendo quéhagoacá. Cuando pasé por La Esperanza, me arrepentí de no haberme quedado para la fiesta del pueblo. Me quedé pensando en el encocado que uno de los policías del UPC de Sosote me dijo que me iba a preparar para que pruebe, y que hubiese estado bueno haberlo intentado en versión vegetariana. En Puerto Cayo un pescador me invitó que vaya con ellos, pero el frío, el viento y un nosequé me tiró atrás.

san lorenzo ecuador

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casas costa ecuador

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Estoy en una encrucijada: a pesar de lo lento que viajo, esa lentitud es sólo en pedalear. Me invadió la sensación de que sólo estoy pasando por cada lugar: no sé si me está faltando algo, si estoy esperando llevarme más, si quiero dejar algo. No sé qué estoy buscando en realidad.

A veces me pregunto, sobre todo cuando la gente me pregunta a mí, qué hago acá. Por qué me quedé (y me quedo) tanto tiempo en Ecuador. Por qué viajo tan lento. Hace ya siete meses que estoy acá. Hace un año y un par de meses que salí en este viaje. No sé por qué tengo ese afán de conocer cada rincón del país, de exprimirle el jugo, como si pasar por cada punto me asegurara conocer más el país. ¿O estoy buscando algo en especial?

pescador puerto cayo ecuador

¿Me voy con ellos…?

puerto cayo ecuador

proyecto calco ecuador

Calcos sigo repartiendo

puerto lopez ecuador

Puerto López

Tampoco sé por qué estoy escribiendo esto en el blog: se supone que tendría que estar contándoles sobre las playas y los días nublados, sobre la gente que conocí en Manta, sobre el licuado que me trajo uno de los policía en San Mateo (y que se preocupó de que no tenga ni leche ni azúcar, como le pedí), sobre el señor que me respondió “pescados” cuando le pregunté qué pescaba, sobre la bajada en medio del verdísimo del bosque de Pacocha, sobre las gaviotas que vuelan casi rozando el mar, sobre el pueblito que se llama Las Piñas y me hizo reír tanto, sobre las nueve pinchaduras que tuvo mi bici cuando llegué a Puerto Cayo, sobre el paisaje seco camino a Puerto López, sobre las ballenas que vi desde un mirador, sobre el señor que prácticamente me suplicó que me quede a pasar la noche en su lugar porque necesitaba una mujer que le haga compañía, sobre la soledad que sentí los primeros días en Puerto López y lo romántico del aire. Tendría que contarles eso, y no esta maraña de preguntas sin respuesta y reflexiones sin fin y pensamientos inconclusos y emociones cruzadas.

A ver: quiero ser clara. No es que no esté conforme con el viaje, no es que no me esté gustado o que esté triste. Para nada. Pero hay algo (ese algo que siempre cuesta definir, y que el día que sale a la luz parece tontamente obvio) que me hace sentir que falta cinco para el peso. Quisiera tener un oráculo al cual poder hacerle preguntas, una bruja que me tirara cartas, un adivino que leyera el futuro. Una respuesta para rellenar esos puntos suspensivos.

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.