ivan vallejo himalaya

EN LA CIMA DEL MUNDO

ivan vallejo himalaya

Iván en el Himalaya.

Hay personas cuyas vidas parecen tan distantes a las nuestras, que creemos imposible poder conversar con ellos de a par a par, personajes cuyas profesiones y estilos de vida pareciera que sólo podríamos ver en la tele o leer en una revista. Eso fue lo que me sucedió con Iván Vallejos, un montañista ecuatoriano de 54 años reconocido por ser el primero en su país en alcanzar la cumbre del Everest sin oxígeno suplementario, y por ser la séptima persona en el mundo en haber hecho los catorce ochomiles.

El contacto de Iván lo conseguí de casualidad, y quedamos en encontrarnos un martes a la tarde en medio de su apretada agenda. Él estaba a días de irse a un nuevo viaje: el domingo salía a China con cuatro jóvenes para intentar subir el Kyzyl Asker, una montaña cuya particularidad es que sólo dos veces han llegado a su cumbre. Lo vi llegar como menos lo esperaba: con pantalones rosa viejo, camisa blanca al cuerpo, zapatos color caqui, peinado cuidado y un collar plateado con un dije de aguamarina. Parecía el look de un actor más que el de un montañista (y verlo bajar de un helicóptero, con el traje de montaña gigante, las antiparras y la barba llena de nieve quedó en mi imaginación).

Así más o menos esperaba verlo llegar =p Camino a la cumbre del Dhaulagiri en el 2008 .

Así más o menos esperaba verlo llegar =p Camino a la cumbre del Dhaulagiri en el 2008 .

Mientras hacíamos el pedido en la caja, hablábamos como padre e hija. A pesar de ser un personaje famoso, Iván tiene una sencillez y cercanía que me sorprendió. En vez de esperar que yo inicie con un cuestionario de preguntas sobre él, me inyectó una dosis de energía diciéndome que éste es apenas mi comienzo, proyectándome en viajes y proyectos en todo el mundo. Ese fue el puntapié para preguntarle por sus comienzos.

Iván considera que tiene mucha suerte haber descubierto desde niño su pasión por las montañas. Se recuerda a sí mismo con ocho años, una tarde de verano en su casa en Ambato, su ciudad natal, viendo por una ventana el Tungurahua, un volcán emblemático del Ecuador. Quedó petrificado y cautivado ante la belleza del volcán nevado. Las preguntas lo invadieron y recurrió a su madre, a quien le preguntó cómo se llaman las personas que suben montañas. La reacción de su madre, quien consiguió que un andinista, Efraín Viñán, hablara con Iván, fue clave para descubrir su amor por las montañas. Es por esto que Iván recalca el papel preponderante que tienen los padres en impulsar los sueños de sus hijos, “está en las manos del papá y de la mamá que les abran las alas”.

cuerdas fijas vertiente norte everest

Cuerdas fijas de las distintas temporadas en la vertiente norte del Everest.

Así como esa tarde se enamoró a primera vista de las montañas, a los doce años soñó por primera vez con estar en la cima de una. En la biblioteca, perdido en las estanterías, encontró un libro llamado “Las montañas”, que tenía un capítulo nombrado “El más alto de todos”, en referencia al ascenso al Everest. Tiene una memoria fotográfica de ese momento y de ese libro tan precisa, que no cabe duda de lo importante que fue: “En la página 162, ocupando toda la página en tamaño A4, está una foto en blanco y negro de  Tenzing [junto con Edmund Hillary, fue el primero en subir el Everest en 1953] enarbolando las banderas de la ONU, de la India, de Nepal y de Gran Bretaña. Esa foto me deja soñando e imaginando que habrá sentido Tenzing Norgay”.

Unos meses después, en la clase de Orientación vocacional, la profesora les pide que se dibujen representando su sueño más importante. Al final de la clase le entrega el dibujo: se había dibujado a él mismo, con los dos brazos levantados; en la mano izquierda sostenía el piolet y en la derecha la bandera de Ecuador; llevaba gorro de lana, barba, chaqueta, pantalón y botas gruesas. Al pie de ese dibujo había escrito: “Cuando yo sea grande, en la cumbre del Everest”. Para Iván esa es la parte más bella de la historia: “a los doce años soñé con estar en el Everest”. Como en una caída de dominó, un hecho lleva a otro. Unos meses después de haber hecho aquel dibujo, Iván subió su primera montaña en Ecuador, el Illiniza Norte, para luego seguir con el Rumiñahui, el Tungurahua y el Carihuirazo, hasta coronar el Chimborazo, de 6310 msnm.

ivan vallejo

Cuando terminó la secundaria, siguió Ingeniería Química, un título que él considera un error: “Es la parte oscura de mí, porque no me gustó, la tuve que sobrellevar con esfuerzo. La parte positiva es que con los recursos económicos que me dio la profesión, pude salir del país. Eso era lo único que me animaba y me sustentaba: ese trabajo me daba plata para hacer lo que me gustaba.” Así, escaló en Perú y en Bolivia, y en 1995 resurgió el sueño pendiente de conocer el Monte Everest, y hacia allá fue, sólo a conocerlo desde su base.

A su vuelta, se juntó con amigos para mostrarles las fotos, y en un tire y afloje se propusieron un objetivo: subir el Everest sin oxígeno. Luego de tres años de entrenamiento en diferentes montañas en Nepal y Pakistán, en 1999 ya estaba listo para poder subirlo. Hacer cumbre en la montaña más alta del mundo implica una inversión que pocos mortales pueden hacer de sus propios bolsillos: sólo el permiso para subir al Everest cuesta 10.000 USD. Consiguió promocionarse y reunir cuatro auspiciantes, pero seis semanas antes de ir al Everest, ocurrió el feriado bancario de 1999, el corralito ecuatoriano, y se quedó sin apoyo económico. ¿De dónde sacaba, en un país en crisis, 20 000 USD para subir una montaña? La angustia y la desmotivación lo invadieron por 24 horas: en un solo día estaba viendo frustrado su lucha de cuatro años de entrenamiento. Sin embargo, decidió que iba a seguir hasta el último esfuerzo. “¿Sabes qué es lindo de ese estado de la locura? Que crees que todo es posible.” Sabía que lo mínimo que necesitaba eran 14 000 USD, así que salió a pedir plata y logró juntar 4 000 USD. Aunque muy agradecido por lo recibido, esa plata no le alcanzaba, así que decidió ir a la radio para agradecer públicamente a la gente por el dinero reunido y por el apoyo recibido en los últimos años. En ese momento apareció Hernán Villalba, quien le prestó los 10 000 USD restantes, una especie de ángel de la guarda –según palabras de Iván- que le permitió cumplir su sueño.

Así, el 16 de abril llegó al campo base del Everest. Se sentó a contemplarlo y escribió en su diario: “Hoy aquí, a tus pies, reconociendo lo insignificante que soy, quiero hacerte un pedido: que me permitas estar en tu punto más alto y luego bajar con vida. La única e irrevocable condición: llegar a tu morada solamente con el aire de mis pulmones y la fuerza de mi corazón. Con mi ilusión y respeto, quedo ante tu voluntad y en tus manos.” Capaz ese acto de humildad fue el que le permitió convertirse en leyenda, y ser el primer ecuatoriano en llegar a la cima del Everest sin oxígeno, el 27 de mayo de 1999. Para hacerse una idea de la exigencia física que significa subir a la cima más alta del mundo sin mascarilla, hasta hoy en día sólo el 3.4 % de los que han tocado el techo del mundo lo hicieron con el aire de sus propios pulmones.

ivan vallejos shisha pangma

En el Shisha Pangma , pared sur. En pleno corredor de los británicos

Iván transmite actitud positiva y confianza no sólo con el mismo, sino que lo proyecta hacia lo demás. Mientras me hablaba del momento en que estaba en los Himalayas frente al Everest, me dijo “cuando hagas en bicicleta Nepal me vas a contar”, refiriéndose a lo maravillado que volvió con la cordillera, la cultura del budismo, el hinduísmo, los sherpas. Sin siquiera que yo haya mencionado que me encantaría ir a Nepal, él ya me vio por allá. El día que llegue, le voy a escribir agradeciéndole por haberlo visto en la bola de cristal =)

Lograr esa cumbre lo hizo darse cuenta que era posible para él, que su conexión con la naturaleza era fuerte, y se planteó su siguiente meta: la cima del K2, el Harvard del montañismo. Es la segunda montaña más alta del mundo, pero notablemente más compleja que el Everest: a esta han subido cuatro mil montañistas, mientras que al K2 sólo lo han ascendido menos de trescientos montañistas. En el año 2000 la encaró, y logró un precedente único: llegó a la cima en el primer intento. Ese fue el click final para ponerse como objetivo escalar los catorce ochomiles, los techos del mundo.

ivan vallejos shisha pangma tibet

En la cara Sur del Shisha Pangma, saliendo del Corredor de los Británicos

En 2008 terminó con su desafío, cuando luego de dos intentos fallidos pudo finalmente hacer cumbre en el Dhaulagiri (parte occidental de la cordillera de Nepal), a 8 167 msnm. La primera, en el 2005, se quedó a 150 metros por peligro de avalancha. “Duele, pero la vida es así, no siempre se gana. Lo que cuenta es que hayas hecho tu mejor esfuerzo. Lloré de la frustración, pero  me bajé tranquilo porque de mí no faltó nada. A veces entramos en ese juego súper frívolo de ganar y perder; uno tiene que apostarle a ganar, pero no siempre pasa. Cuando no hayas ganado, tienes que saber que hiciste lo mejor que podías”.

Iván es un libro de lecciones; en cada parte de su historia sale a la luz una reflexión y un aprendizaje de su largo camino por el montañismo. Pero una de las cosas que más me gustó, fue escucharlo decir tantas veces, a lo largo de las casi dos horas que conversamos, lo agradecido que está con la vida, la suerte que tiene de hacer lo que le gusta. “Yo creo que la vida se opaca cuando dejas de hacer aquello que supiste hacer con ilusión. Para mí ésa es la clave de la vida: que te mantengas auténticamente ilusionado haciendo aquello que te hace feliz.”

Como parte de su agradecimiento por todo lo que recibió, Iván creó el proyecto “Somos Ecuador en las montañas del mundo”, con el cual entrena jóvenes ecuatorianos para escalar con ellos en diferentes países. “Esta vida es para devolver lo que te han dado”.

ivan vallejo somos ecuador everest

Iván Vallejo de rojo, junto a los miembros de “Somos Ecuador” en el campamento de la vertiente norte del Everest.

En este momento Iván está en China con cuatro chicos, escalando el Kyzyl Asker, transmitiéndoles todo lo que sabe. Subir montañas es un desafío grande, pero implica los mismos factores que ir detrás de cualquier objetivo: creer en nuestros sueños, pero también trabajar en pos de ello y tener confianza en uno mismo. Al final y al cabo, no hay nada más lindo que llegar a casa feliz haciendo lo que a uno le hace feliz.

* Todas las fotos extraídas de Cultura de Montaña 

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.