lago san pablo

HISTORIAS A DEDO

Desde que empecé a viajar a dedo hace unos meses en Ecuador, todos esos miedos que alguna vez me quisieron hacer creer sobre los peligros de la ruta quedaron no sólo relegados, sino eclipsados con las buenas experiencias. Si Perú se caracterizó por rutas llenas de camiones (y por ende, siempre viajar a velocidad de caracol en ellos), Ecuador fue un giro inesperado: salir a la ruta significaba esperar un auto o camioneta para llegar al próximo destino. Lo que nunca te dicen, es la cantidad de cosas que te pueden pasar. 

lago san pablo

Más que un desvío, una gran ayuda

CUENCA Y LOJA

Ninguna historia larga, sólo tenía ganas de contarlo: dos de cuatro personas que nos levantaron conocían a nuestro couch del momento. El mundo es pequeño.

 

RIOBAMBA

De Cuenca a Riobamba fueron tres autos: un piloto de taxi aéreo nos sacó de la ciudad (sí, hicimos dedo desde plena Avenida de las Américas, con la espera más larga: 30 minutos), dos chicos nos llevaron hasta Tambo (con bolsita de capulí incluida), donde nos levantó Lucho, un gringo-ecuatoriano. Paramos a comprar biscochitos, a conocer la iglesia más vieja de Ecuador, a almorzar.

Y llegó el momento humorístico en mividaenunamochila: Lucho nos dice que unos días atrás estaba en un bus, sentado al lado de un mujer, y del otro lado del pasillo había un chico joven, al que la señora le había ofrecido maní. Le ofreció una, dos, tres veces, y a él nada. El chico ya se sentía incómodo de que la mujer le siga ofreciendo, le dijo que no le había querido rechazar pero que coma tranquila, que eran suyos. La mujer, sin preocuparse demasiado, le dice “es que como no tengo dientes yo sólo les chupo la sal y después te los paso a ti”. Aunque me reí enseguida, tardé un rato en caer que era un chiste. Uno de los tantos chistes que nos contaba como si fuesen hechos cotidianos.

chimborazo ecuador

El Chimborazo, visto desde la casa de nuestro host.

mercado de hierbas riobamba

En el Mercado de hierbas.

pan mercado riobamba

Probando panes de Guaranda, hechos con panela.

mujer mercado riobamba

Esperando por un comprador

riobamba

Caminando por Riobamba

No sólo nos dejó en la puerta de la casa de nuestro host en Riobamba, sino que esa noche salimos a cenar con él y al día siguiente estuvimos los cuatro recorriendo los mercados, comiendo y jugando a las carta.

COTOPAXI

Para ir al Cotopaxi, lo intentamos dos veces. Cuando un sábado decidimos ir, ya era muy tarde: llegamos a la entrada del parque quince minutos pasadas las tres de la tarde, quince escasos minutos luego de que hayan cerrado.

Al día siguiente hicimos el segundo intento: salimos a las ocho de la mañana rumbo norte. Enseguida nos levantó un señor que trabajaba para la vicepresidencia de la nación, que espero no refleje los valores de la misma. El hombre en cuestión era un mar de prejuicios: cuando dije que lo único que había hecho en bus en Ecuador había sido la frontera porque otros viajeros me habían contado que era peligrosa, acotó con un “es que los peruanos roban”; cuando le conté que había estado viajando por Perú me respondió con un “es que los peruanos son diferentes, allá son todos negritos y feos”; más tarde al mencionar que iba a ir a Brasil remató con “allá te ven rubia y extranjera y te roban, en cualquier parte de Brasil”. Antes de dejarnos, nos comentó que si terminaba el trabajo en Quito, iba a ir al Cotopaxi con su familia, que nos encontraba allá. Por suerte, o no lo vimos o no fue. Gracias aparte por el aventón, alguien así, prefiero perderlo que encontrarlo.

estacionamiento cotopaxi

El estacionamiento del Cotopaxi, para subir al segundo refugio.

Desde allí, una pareja nos llevó los más de treinta kilómetros hasta la entrada, y en el estacionamiento conocimos una gran familia quiteña de mini-viaje que nos adoptó como dos hijos más durante todo el día. Hicimos lo que hacen todos en un lugar así: nos sacamos fotos, jugamos con la nieve, conversamos.

Hicimos toda la subida y la bajada con ellos y al terminar, nuestra idea era salir directo a la ruta para empezar a viajar hacia la costa, pero la insistencia de la familia y su hospitalidad me hicieron querer quedarme a compartir un rato más, así que fuimos con ellos a almorzar a Latacunga. Cuando ya parecía que nos subíamos a los autos para retomar la ruta, Jorge nos pregunta si nos molestaba ir diez minutos a tomar helado: una pregunta tan retórica que no daba ni para respuesta.

subida cotopaxi

Se me iba el aire subiendo…

segundo refugio cotopaxi

En el segundo refugio del Cotopaxi, lo más alto que se puede llegar sin guía.

panoramica cotopaxi

Panorámica, nieve y más nieve

Aunque esa mañana habíamos salido con la idea de acampar en el Cotopaxi, los planes cambiaron. Es que a veces pasa que, viajando a dedo, nunca sé qué puede pasar.

 

SANTO DOMINGO Y LAS GALLINAS

Después del Cotopaxi, nos queríamos ir directo a Mompiche. En el cruce de rutas nos levantó un señor que, en realidad, había parado a atender su teléfono y yo me acerqué a preguntarle si iba para Santo Domingo y si podía llevarnos. Mi hermano se acomodó adelante, y yo me fui atrás con las mochilas. Creo que Pablito (mi hermano) casi se agarra un infarto. Neiser, el señor que nos levantó, manejaba a fondo en un camino de montañas lleno de neblina, pasando a cuanto auto o camión se le ponía adelante, sin importar si ya era de noche o si venía una curva cerradísima. Yo estaba tiesa atrás, trabando de relajarme sacándole temas.

Cuando llegamos a Cayambe, el frío del Cotopaxi había quedado bien atrás, y acompañamos a Neiser a su granja. Pablito lo ayudó a meter gallinas en jaulas, sacar gallinas, pesar gallinas… mientras yo me quedaba lejitos y sin ver; desde que soy vegetariana cada vez me da más impresión tocar carne, ver animales muertos, manipular un animal que sé que van a matar, ver animales usados para entretenimiento (como un zoológico o una corrida de toros.

Antes de irnos a dormir, nos invitó a comer a un chifa, y de ahí sí, a la granja. Dormirmos en un colchón en un cuartito donde el baño no tenía cortina y no había ni lavabo ni inodoro, sólo una ducha. Un nuevo ítem para apuntar a la lista de “lugares donde dormí”.

A CAYAMBE IDA Y VUELTA

Salí de Ibarra rumbo a Cayambe para una de las charlas de esa semana. En San Antonio de Ibarra me levantó un señor que se iba a Quito, y me dejó en el segundo cruce desde donde iba a llegar más rápido. A los diez minutos me levantaron dos chicos: venían de Otavalo e íban a Ibarra también. Me llevaron a la plaza, donde me iba a encontrar con Darío, un profe del colegio donde daría la charla, y el chico que manejaba, al contarle que al día siguiente ya me volvía a Ibarra, me dijo que él también iba para allá, a las 8am, que me daba su celular para que lo llamara si quería ir con él.

paisaje sierra ecuador

Y por la sierra de Ecuador, te encontrás estos paisajes.

Esa noche, cuando me estaba por ir a dormir, le escribí, pero no me respondió. A la mañana siguiente, cuando me respondió, ya estaba en Otavalo, casi llegando a Ibarra. Pero cerca de las diez me llamó: se tenía que volver de urgencia a Cayambe y después ir a Ibarra, así que si quería podía pasarme a buscar. A los 15 minutos estaba afuera: para mí, eso quedó catalogado como auto-stop a domicilio.

DEL LAGO SAN PABLO A OTAVALO

Estaba en Otavalo y quería hacer algo, conocer alguno de todos los atractivos que hay cerca: la laguna de Cuicocha, las cascadas de Peguche, la laguna San Pablo. Sin mucho rumbo, y con ganas de que me levante un familia que me quiera unir a sus planes, salí a la ruta. Me levantó un camión que iba a Quito, y me dejó en la entrada del lago San Pablo.

lago san pablo

Lago San Pablo

Después de sentarme un tiempo frente al lago a escribir y de quedarme sin batería en la cámara, volví a la ruta. No me levantó una familia, pero el chico del auto me preguntó si podía unirse a mi plan: fuimos hasta San Pablo, encontramos un festejo en el pueblo, bajamos a las cascadas de Peguche y volvimos a Ibarra.

san pablo

Encontramos burbujas gigantes

cascada peguche

Pasamos por la cascada de Peguche…

camino secundario sierra ecuador

Fuimos por caminos secuandarios (foto del celu, está bastante fea)

A veces pasa: el que te levanta en la ruta quiere ser turista por un rato. Y es lo que más me gusta de hacer dedo, que no sólo ellos nos ayudan a nosotros, sino que muchas veces el que se sube también ayuda: a tener alguien con quién conversar, a pasar el rato acompañado, a cambiar de planes, a ir donde no se les hubiera ocurrido.

 

QUITO

Guápulo es es el el barrio bohemia por excelencia, catalogado muchas veces como un pueblo dentro de la ciudad ya que se encuentra en las faldas de la quebrada al río Machángara, por ende le da las espaldas a la ciudad. Dicen que Francisco de Orellana salió desde allí en su expedición al río Amazonas, y la calle principal la han homenajeado por eso: en Camino de Orellana se encuentran bares desde los que uno queda de frente a la quebrada y la neblina que todas las noches envuelve la ciudad, dándole un toque entre fantasmagórico y encantado.

En la mañana habíamos estado hablando con Nico sobre la charla que queríamos dar a través de La Trueca, y de una que iba a haber ese domingo en Tumbaco, uno de los valles de Quito. En la tarde fui con Andrés a Guápulo, y le comenté de las charlas mientras bajábamos por calles empedradas y sacábamos fotos. Ya pensábamos que a la vuelta íbamos a intentar hacer dedo.

calles guapulo

Hasta acá todo bien…

calles casas guapulo

Me encata Guápulo =) ¿Se imaginan la vista desde esas casas?

guapulo

Miren TODO lo que teníamos que subir

señor guapulo quito

Probó él una par de veces y nada, así que me puse yo: el cuarto o quinto auto nos levantó. A eso le llamo city-stop: hacer dedo dentro de la ciudad. ¿Y saben quién nos levantó? El chico que iba a dar la charla ese domingo por la Trueca. ¿Cuántas posibilidades había?

CAMINO A IBARRA

Como ya había hecho varias veces, tomé el bus a Carapungo y me bajé justo cuando se sale de Panamerica. Siempre caminaba unas cinco cuadras antes de hacer dedo, pero esta vez tenía una mochila más pesada y no tenía ganas, así que me puse ahí nomás. Pasaban un montón de autos, buses, camiones y camionetas, el problema es que yo estaba re mal ubicada y casi me volaban.

centrica boulevar ibarra

Acá tenía que volver…

En un momento pasó la policía y me asusté: tenía miedo de que me pidan papeles, que me echen de ahí por alguna razón (no está prohibido hacer dedo, pero uno nunca sabe qué -o quién- se puede encontrar). Me doy vuelta y veo venir a uno: aiiinopoooorfavor. Qué hago. Seguí haciendo dedo como si nada. El señor me saluda y, para mi sorpresa, me dice que ningún bus va a parar ahí, que debo ir más adelante. Le digo que estoy haciendo dedo, que no quiero un bus. Me dice, “igual, nadie va a frenar acá, si querés te llevamos más adelante, después del peaje te levantan”. ¿Enserio? Y yo que les tuve miedo.

Me subo a la camioneta, y ya saliendo de la ciudad escucho “Llamando a base, solicitando un 1023 para acolitar (ayudar) a una extranjera hasta el peaje, que está viajando a dedo”. Me llenaron con ¿De dónde eres? ¿Cómo así por acá? (esa forma rara que tienen en Ecuador para preguntar por qué uno está en su país, o qué anda haciendo por ahí) ¿Y no tenés miedo? ¿Cómo haces para viajar?, hasta que me dejaron en el peaje y ahí sí, el primer auto que pasó frenó.

*

Una de las cosas que más voy a extrañar viajando es bici es, irónicamente, viajar a dedo: eso de salir y no saber qué me encontraré. Por momento le tengo más miedo a viajar sola en bici que a hacer dedo sola. Será como todo: cuestión de acostumbrarme. Además, tampoco sé que me encontraré.

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.