show de clow y magia biciclown

UN PAYASO EN LAS RUTAS

Los que leen el blog hace rato ya lo saben: en breve empiezo a viajar en bici (yeahh!) (no me pidan fecha, lo vengo pateando hace meses: que el libro-que las alforjas-que la parrilla delantera-que el Inti Raymi, pero en un par de semanas ya empiezo). Es un proyecto que me tiene tan ansiosa como expectante. Estoy muy acostumbrada a viajar sola; desde mi primer viaje hace cuatro años, cuando estuve por Europa, Turquía y Egipto, entendí que viajar sola no significa estar sola, que el viaje provee y que las oportunidades aparecen. Sin embargo, viajar en bicicleta es diferente: que alguien se acople al viaje ya no es tan fácil, encontrar otras personas en bicicleta pedaleando por la misma ruta que yo me parece casi imposible y la soledad de cada noche en la carpa por momentos me generó angustia anticipada.

La semana pasada conocí en Quito a Andrés, otro argentino, y santafesino también, que está viajando hace un año y medio desde Ushuaia, rumbo a Alaska, donde piensa llegar dentro de otro año y medio. Me comentó que en Quito estaba también Álvaro Neil, más conocido como el biciclown, uno de los cicloviajeros más famosos: hace diez años salió de España y no piensa volver hasta 2017. Tiene 46 años y lleva recorridos setenta y siete países haciendo lo que su apodo indica: shows de mimo, magia y acrobacia en escuelas, geriátricos y cárceles.

show de clow y magia biciclown

Álvaro en uno de sus tantos shows.

show clown mongolia asia

En pleno show en Mongolia

Con Andrés nos encontramos en la casa de Santiago Lara, en Tumbaco, uno de los valles en las afueras de Quito. La casa de Santiago refleja lo que era Tumbaco hace muchos años: una casa campo con galerías, un patio verde espacioso con árboles frutales y plantas; una hacienda de campo, que ahora ha sido absorbida poco a poco por desabridas casas.

Cuando llegué a lo de Santiago, encontré en un patio lo que nunca pensé que iba a ver en el viaje: diez personas arreglando sus bicicletas, lavando ropa, enmendando sus carpas. Chicos de Colombia, Estados Unidos, Canadá, Alemania, España y algún otro país que no pregunté, hicieron de la casa de Santiago, su casa por unos días. Ahí me enteré de algo de lo que no estaba al tanto: la casas de ciclistas. Durante todos mis viajes siempre uso CouchSurfing para hospedarme; lo que no sabía era que también había casas de ciclistas, hogares que acogen viajeros en bicicleta y que se dan a conocer por el boca a boca más que por una red social en particular. La de Santiago es la primera -y única por ahora- que conozco: en los últimos 24 años más de 800 cicloviajeros han pasado por su casa. Cuando le preguntamos cómo empezó, nos dio la respuesta menos esperada: por casualidad. Él trabajaba como mecánico en una bicicletería, cuando entró un japonés de 19 años que estaba recorriendo América en bicicleta y necesitaba dónde quedarse. Si ahora algunos creen que viajar en bici es algo poco común o una locura, imagínense en ese momento, en los años 80. Ante la negativa de todos para brindarle un espacio donde dormir, Santiago preguntó qué estaba necesitando el chico, y ofreció sin dudarlo darle un espacio. Así, Mashahira se convirtió en el primer viajero de lo que luego sería una casa de ciclistas.

Aunque lo vivo en carne propia desde el otro lado, era inevitable preguntárselo: qué se siente recibir y despedir tanta gente,  compartir tiempo y experiencias con personas que uno probablemente no vuelva a ver. “Hay viajeros que se consumen en el silencio, que sólo pasan, duermen y se van. Pero hay otros que dejan su huella muy fuerte y se hacen querer como familia. Además hay que tener en cuenta que mis hijas tienen 18 y 24 años de edad, así que muchos viajeros les han cambiado los pañales y ellas crecieron rodeadas de viajeros, gente que las ha influenciado de forma positiva para que hoy sean personas más alegres y abiertas”, nos contó Santiago. Las despedidas nunca son fáciles con esas personas con las cuales uno crea relaciones intensas, pero Santiago sabe que los caminos pueden vuelvor a cruzarse. Ese fue el caso de Álvaro, quien pasó por primera vez por la casa en 2004 y ahora, diez años y tres vueltas al mundo después, volvió a la casa en Tumbaco.

alvaro biciclown cruzando desierto africa mali

Cruzando zonas desérticas en África.

Conocer alguien que lleva viajando diez años sin volver a su casa, y que ha recorrido casi 133.000 kilómetros despierta muchas preguntas. Sobre todo, cómo empezó. “La persona que tienes delante nació con 32 años. Antes nunca había sido un aventurero. Pero comenzó a gustarme cada vez más esto de viajar en bicicleta hasta que no hubo vuelta atrás”. Antes había nacido por primera vez en Oviedo, España, y se había recibido de abogado tras un década de estudio. Trabajó cinco años como oficial de notaría en Madrid, ganando bien y viviendo cómodamente, hasta que entendió que en la vida lo que termina faltando es tiempo y no dinero. “Me di cuenta de que no hay tiempo para tanto, que 15 días de vacaciones no me alcanzaban y que el trabajo me alejaba de mis sueños. Entonces fue que decidí viajar y gracias a la bicicleta lo hago con muy poco. Creo que lo que le falta a la gente no es el dinero para viajar, lo que le falta es el deseo y el coraje. Se ponen excusas y las excusas son ellos mismos. ¿Qué quieres en esta vida? ¿La pensión a los 70 años o la experiencia de vivir una gran aventura? La gente vive de espaldas a la muerte. Hay que mirar a la muerte de frente y saber que la vida se acaba, salir y dejar las excusas de lado. Pero también hay que saber que para ser feliz hay que sufrir. ¿Quién disfrutaría del Everest si lo suben en un helicóptero? Al Everest hay que subir caminando. Y a la felicidad hay que alcanzarla arrastrándose”.

biciclown pedaleando en armenia

Pedaleando…

biciclown armenia

…y descansando en Armenia.

Mientras estudiaba abogacía también fue aprendiendo el oficio de clownCuando decidió emprender el viaje en bicicleta, tenía dos opciones: dejar el clown o llevárselo con él. No lo dudó, empacó cuatro kilos de maquillaje, ropa y elementos varios (junto a otros 51 kilos que conforman sus 55 kilos finales de equipaje) y llevó sus espectáculos por el mundo, que los hace gratis. “Hay que pasar por la vida haciendo algo por los demás. Yo vivo como un nómada gracias a que hay gente que se solidariza conmigo y me da mucho sin esperar nada. Los espectáculos de payaso son una manera de devolver al mundo esos favores; si hago algo desinteresadamente por unos niños, quizá cuando crezcan ellos harán algo de forma desinteresada por otros que lo necesitan, como yo”, leí que respondió en una charla con Paco Nadal, un periodista español muy conocido que estuvo también en Quito estos días.

durmiendo frontera israel palestina

En la frontera isralita palestina.

bicilow nieve

Ni la nieve lo para.

Hoy en día, cuando la diferencia turista/viajero cada vez pareciera ser más importante y nadie quiere ser etiquetado como el primero por la superficialidad que muchas veces denota, Álvaro es alguien que demuestra que para ser viajero lo verdaderamente importante es la actitud.  “Para mí lo más importante son las personas que me encuentro día a día. Viajando las relaciones son cortas pero de una gran intensidad. Luego cada uno seguirá su camino. Nada es permanente: esa es la filosofía del nómada. Uno sólo disfruta del presente con una persona y luego, cuando menos lo esperas y en el lugar más extraño, te vuelves a encontrar. Esa es la magia del camino”. Y que disfrutar el presente, implica también aceptar la soledad que a veces acompaña el camino y saber que a veces es necesaria, como aprender a disfrutar de los pequeños momentos, pero más significativos. Por ejemplo, un cielo estrellado: “Una vez en el desierto, tumbado bajo un cielo límpido como he visto pocos llegué a experimentar tal sensación de ingravidez que instintivamente me agarré con las manos al suelo; porque veía que si no, flotaba”, le contaba a Paco.

Haberme cruzado a Álvaro me sacó una sonrisa en más de una ocasión: que alguien como él, con diez años de viaje, se sienta admirado porque yo empezara a viajar sola en bicicleta, fue algo que no me esperaba y hasta me hizo poner colorada. Y este tipo de encuentros me lo vuelven a confirmar: la magia en el camino sucede, y puede aparecer cuando uno menos la espera.

*

Para finalizar, les dejo este documental sobre Álvaro

*

[Todas las fotos las saqué de la web de Álvaro, pueden ver más en www.biciclown.com]

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.