all you need is a bike

DE CHARLA EN CHARLA

Volví. Estaba desaparecida. La semana pasada fue más que agotadora, el viernes en la noche sentía mi cabeza hecha una licuadora. Entre renovar el blog (que parece casi igual a la vista, pero “por dentro” está mejorado), preparar tres charlas diferentes para tres lugares y públicos diferentes (y viajar y darlas), preparar fotos, organizar el envío del libro a Bolivia, hacer las notas para los medios con los que colaboro y buscar dónde imprimir el libro en Argentina… la semana no se me pasó volando, se me escurrió, y el viernes a las 8 de la noche estaba sentada sola en un banquito al aire libre de un bar vegetariano-cletero-musical que me encanta, tratando de que se me vaya el dolor de cabeza.

Pero valió la pena. Hacía mucho que no daba charlas. Cuando estaba en AIESEC, mínimo cada un par de meses daba alguna charla: daba capacitaciones en congresos o iba a charlas informativa para nuevos miembros o me pedían que de hablara sobre mi intercambio. Hacía desde… ¿septiembre del año pasado? que no estaba frente a la gente. Bastante, comparado con el ritmo de antes. Y lo extrañaba. Extrañaba esa adrenalina de estar frente a mucha gente contando experiencias, compartiendo puntos de vista, respondiendo preguntas, interactuando, haciéndolos reír (a veces me sale la parte chistosa) y sentir que muchas veces les doy un empujoncito para animarse a hacer algo diferente.

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En las charlas en secundarias en Turquía

El jueves de la semana pasada llegué a Ibarra para participar en la charla sobre Literatura Alternativa junto con un escritor muy reconocido de acá, Juan Carlos Morales, y el sábado me junté con un chico de CouchSurfing y dos amigos suyos, y en una hora me propusieron dos charlas.

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Un rinconcito de Ibarra que me encantó.

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 Así, el jueves estuve en Cayambe dando una charla sobre bicicletas y sustentabilidad en el marco de un evento de reciclaje en un colegio primario y el viernes fui a la Universidad Técnica del Norte en Ibarra a dar una charla enfocada a desligarnos de los paradigmas de la sociedad y animarnos a hacer lo que nos gusta. 

El jueves salí después del almuerzo a Cayambe y llegué una hora y media antes de la charla. Me buscó el profe de música y -teniendo mucha suerte, según me dijo él- nos encontramos con un desfile típico.

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La charla estaba programada para que sea de quince minutos: qué poco acostumbrada que estoy a las charlas cortas. Las de una hora puedo darlas perfectamente y sin siquiera prepararlas, tengo tan incorporado lo de “charlas-de-una-hora” que siempre las termino justito sin siquiera mirar el reloj. Pero ahora, de quince minutos… eso sí que me era raro. Encima, había tantos nenes corriendo y cotorreando que no podía concentrarme y menos que menos tratar de interactuar un poco con la gente. De todas formas me gustó: me gustó el desafío, me gustó hablar sobre bicis, me gustó que se acercaran algunos padres.

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Hasta las paredes lo dicen…

El viernes la historia fue otra: la charla era para los alumnos de turismo y les conté cómo había empezado a viajar y por qué me animé a tratar de vivir de escribir y de la fotografía. Les conté de mis crisis existenciales, de cómo empecé a viajar, del proceso de escribir el libro (tengo un post pendiente de eso), de cómo haber empezado a escribir para un diario y ahora tener un sponsor para el viaje en bici no fue una cuestión de suerte sino de tocar puertas, y de lo importante que es intentar animarse a hacer lo que nos gusta. De que la universidad no tiene que ser un marco sino un trampolín que nos ayude para lo que queremos hacer (como para que los profes no crean que hago apología a no estudiar cuando digo que dejé la universidad), de que la vida es corta para esperar el momento para animarnos a hacer algo, de que tener miedo a intentar hacer algo es el mejor síntoma de que estamos yendo por el buen camino… y ya paro porque voy a contarles toda la charla sino. La cosa es que me encantó, veía a los chicos escuchando súper atentos, asintiendo a lo que les contaba, la profe que cedió la hora dijo que valió la pena, la decana que me felicitó, los chicos que se me acercaron a pedirme autógrafos (fuaaa ni sabía que ponerles jajaj), que me pidieron libros, que me invitaron a acá y allá para que escriba sobre esos lugares… en fin. Me encantó saber que les gustó, que les llegó, que les interesó. Eso es lo que me llena, saber que haber hablado una hora no fue en vano.

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Lavando la ropa

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Y me faltó contarles de la otra charla, la que di el miércoles: Fer, la hermana de la chica que me hospeda en Ibarra, es profe de computación en Pusic, una comuniad afro del Valle del Chota, a una hora de Ibarra, y cuando me preguntó por mis viajes, se copó con el que hice a Kenia y me pidió que vaya a hablar con los chicos sobre identidad cultural (en cualquier momento abro un repertorio de tema que puedo dar y los empiezo a ofrecer =p). Di dos charlas: una con chicos de 17 años y otra con nenes de 11. Les conté de cuando estuve haciendo el voluntariado en Nairobi y cuánto significó para mí poder aprender de otra cultura, les hablé el tema de discriminación y racismo (cosas que vi muy presentes en Bolivia y acá en Ecuador: coyas vs cambas, gente de la sierra vs gente de la costa vs afros), de lo importante que es conocer nuestros orígenes y sentirnos orgullosos de dónde venimos…

Fer me había contado que ellos están perdiendo muchos sus orígenes y su cultura, y por eso quería que hable con ellos sobre la importancia de conservar la identidad. Los afro son bastante menospreciados en Ecuador, muchas veces se los cataloga de vagos, desprolijos o de que sólo sirven para el fútbol o para ser policía. Ella está en pareja con un afro de la costa y me ha contado que más de una vez los taxistas no lo quieren subir, o que en los negocios no lo atienden. Bastante lamentable que sigan pasando estas cosas. Muchas costumbres como la ropa típica o la bomba, su música característica, la están olvidando en pos de amalgamarse con el resto. Una pena.

Después de terminar de conversar con los chicos más grandes me fui a dar una vuelta por Pusic y casi llego tarde a la segunda charla: la gente me saludaba con una sonrisa, un par de señores se acercaron a conversar, conversé con dos mujeres como si fueran mis vecinas de toda la vida, los nenitos se reían cuando veían las fotos que les tomaba.

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Fueron tres charlas distintas: tres temáticas, tres lugares, tres públicos. Tres nuevas experiencias que me encantaron y me hicieron acordar de esa otra cosa que tanto me gusta y que quería que formara parte del viaje: aportar mi granito de arena (y que, ojalá, sólo sean el comienzo).

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.