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LLUEVE EN QUITO

Llueve en Quito. Vaya novedad: Quito sin lluvia no sería Quito. Si no llueve, el cielo amenaza con unas nubes grises y gordas y truenos. Hoy es un día de esos, de esos que parece que se viene el aguacero en cualquier momento, y dan ganas de preparar pororó y tirarse a ver una buena peli (o terminar de ver How I met you mother, como estoy estos días).

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El día que llueve, seguro estoy afuera (como me pasó cuando fui a la casa museo de Guayasamín y me empapé toda) y el que no, seguro es el día que estoy escribiendo, editando fotos, preparando el libro, organizando algo. Y ese día, obvio, quiero que llueva. A cántaros. Que me de gusto estar adentro y ver la lluvia caer, el asfalto llenarse de agua, las gotas romperse. Porque a mí me gusta que llueva. Me gusta que llueva cuando no tengo que estar afuera.

Acá en Ecuador tienen dos estaciones: invierno y verano. Traducción: luvia y no-lluvia. Y durante la época de invierno, la lluvia forma parte de la rutina. No sé si es casualidad, pero las dos veces que me tocaron ciudades lluviosas en este viaje, fueron los momentos en que decidí instalarme un días (o unas semanas) para escribir y ponerme al día. Y las dos veces, fueron en ciudades donde me quedé después que alguien que vino a visitarme se fue: en Cusco, mi mamá, y en Quito, mi hermano. En La Paz también me quedé unos días a escribir después de tener visitas, pero no llovió.

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Escucharlo a Drexler es mi terapia y mi compañía estos días

Y estoy escribiendo un libro, como les decía.  Es algo así como un resumen de mis viajes por Sudamérica -este y anteriores-; la idea es tenerlo listo en quince días (ya hace otros quince que empecé a escribirlo) y empezar a venderlo durante el viaje (crucemos los dedos para que todo salga bien).

Me tiene súper-mega-archi-híper feliz. Y cansada a la vez: nunca creí que escribir un libro llevaría tanto trabajo. Tantas horas leyendo, releyendo, editando, re-editando, escribiendo y re-escribiendo. Porque hay cosas que las tengo que escribir desde cero, otras que ya les tenía escritas por el blog pero tengo que re-re-re-adaptarlas, y siempre -siempre- vuelvo a leer lo hecho y algo quiero cambiar.

Y no es sólo escribir: es averiguar dónde lo voy a imprimir los primeros ejemplares (¡que me los regaló una mujer que conocí en Quito!), cómo van a ser las ilustraciones de tapa, cómo voy a imprimir y armar los libros durante el camino (no puedo cargar una librería en la bici…),  mandar mails para ver si salen charlas por acá y allá (crucen los dedos, hay una puerta en Ibarra que sería la presentación del libro!!). En fin, todo un trabajo.

Pero estoy contenta: mi papá alguna vez me tiró la idea, la idea de daba vueltas vagamente por la cabeza últimamente, mi hermano me lo dijo un día en Mompiche, y un día hablando de casualidad esta señora que me financia los primeros ejemplares, me decidí. Y ahora acá estoy, C/S (traducción= culo sobre silla) escribiendo.

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Aunque no me copa mucho que la lluvia me agarre en la calle, me gusta ver cómo la gente se reinventa, cómo la ciudad se transforma: los puestos callejeros tiran plásticos azules o amarillos arriba de sus puestos (ojo con los alambres de las sombrillas gigantes donde los cuelgan), los vendedores de ponchos y paraguas aparecen mágicamente para hacer negocio, la sombrilla para el sol que llevan las viejitas se transforma automáticamente en un paraguas para la lluvia. Y yo, me pongo mi impermeable cada-vez-menos-impermeable celeste, me subo la capucha y sigo caminando.

O, como en estos días, sigo escribiendo, levantando la cabeza para tanto para ver las gotas caer.

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.