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ANOTACIONES OLVIDADAS EN UN CUADERNO

“Llevar un cuaderno es un modo de aliviar la memoria”
-Un arquitecto de apellido Casiri (o algo así)
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Si no tuviese mis cuadernos donde escribo casi cada día, donde anoto lo que se me viene a la mente y donde transcribo frases que me gustan y donde pego retazos de revista y etiquetas de cerveza y donde guardo entradas a parques y flores disecadas, muchas de las cosas que me pasaron en cada lugar las olvidaría. Juntaría todo en un gran bollo de emociones, en una madeja de lana indecifrable de donde lo única que saldría serían los  hilos estirados, los buenos recuerdos, y no los nudos, los sentimientos encontrados o contrariados o tristes que me hayan atacado esos días.

Si hoy no tuviera mi cuaderno para leer cómo el viaje va cambiando, contaría la mitad de las cosas. Pero lo tengo acá, abierto y ya medio maltrecho, y estoy reviviendo cosas que ni me acordaba que me habían pasado por la cabeza en ese momento.

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No me acordaría que un día me puse de mal humor y me fui a caminar sola por Cuenca, y ese día estuve abstraída todo el día. No me acordaría que  esa tarde mientras estaba sentada en un banco escribiendo, una mujer se me acercó para darme una Biblia, y cuando yo se la rechacé, se alejó con una frase matadora: “Si alguna vez sentiste susto, es porque creés en algo”.  No me acordaría que Flor se fue un sábado a la noche después de que el plan de ir al Cajas (un Parque Nacional a media hora de Cuenca) se fraguó, de pasarnos varias horas en el hospital porque Joa se descompuso (gracias Jaime por la logística), de que salgamos a caminar y despedirnos con tortillas y brownie.

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Al Cajas fuimos de todas formas, otro día…

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Un día fuimos a Chordeleg y, aunque fuimos porque nos habían comentado que hacían trabajos en oro y plata, lo que nos gustó de veras de veritas, fue lo que encontramos cuando nos asomamos por la puerta de un negocio: una mujer tejiendo en paja toquilla, que nos intentó enseñar. Igual, sólo quedó en un intento: Marlen tiene 30 años, y desde que es adolescente aprendió la técnica; ella tejía y nos hablaba mirándonos a los ojos, mientras que nosotras no podíamos hacerlo sin que cada cinco hebras, alguna estuviese mal. Si no tuviese mi cuaderno, no me acordaría que escribí que estaría bueno formar una ONG que capacite mujeres para brindarles formas alternativas de salir adelante, con varias cosas que fui viendo en el viaje (extraño un montón trabajar para brindarles algo a otros, y en equipo, que es lo que hacía cuando estaba a cargo del área de proyectos sociales en AIESEC).

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Intentamos hacer algo así.

Una noche, cuando Flor ya se había ido, fuimos con Joa a una varieté –como se llama en el mundo del circo a un espectáculo con diferentes números- a beneficio, y vimos magia, malabarismo, trapecio, acro dúo, más magia y más malabarismo. Extraño tanto hacer acrobacias en tela… Aunque no recuerde haberlo escrito, en mi cuaderno leo: “a veces siento que lo pero no son las despedidas (a las que ya me acostumbré), sino tener que resignar o dejar de lado otras cosas que también me encantan y me hacen sentir muy bien.”

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Ver gente haciendo acrobacia me hace recordar (y ponerme melancólica) de esos años en que hacía acrobacias en tela, en que subía, me enrollaba, me dejaba caer, volvía a subir, hacía algún firulete, subía de otra forma, me dejaba caer de otra forma; en que la libertad para mí casi significaba poder volar y sentir esa conexión y conciencia con y de mi cuerpo (miren el video y van a entender un poco más).

Sensaciónes sobre la tela from Valentin Lozita on Vimeo.

Antes de empezar el viaje había pensado traerme la tela, pero después desistí por el peso que significaba. Leo en mi cuaderno: “a veces mi cabeza se divide entre todo lo que quiero conocer y las ganas de quedarme un año en algún lugar (nuevo, obvio) (mami, sé que te encantaría que me instale, pero no te entusiasmes, es un deseo, no una idea al corto plazo) y dedicarme sólo a entrenar mucho telas, aprender yoga, estudiar foto, hacer talleres de literatura, escribir y otras cositas más (sería armarme mi “carrera universitaria” y amarla, algo que nunca me pasó con la que realmente hice).

Imaginate (no sé a quién le hablo en particular, creo que a mísma) lo que sería: viajar con las telas y llevar circo social por cada pueblito por el que pase, trabajando con niños y no tan niños. Las veces que colgué mi tela en el parque, siempre se acercaba alguien, siempre terminaba siendo un ratito de profesora, viendo cómo los nenes se reían cuando se enredaban como querían sin tener miedo en absoluto, y como a los más grandecitos (no nenes, hablo de esos con todo crecido) les daba miedo intentar o confundían derecha con izquierda o arriba con abajo (juro que arriba de las telas y boca abajo, se pierde total perspectiva y conciencia).

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Esto esto esto es lo que extraño

Uno de mis sueños es algún día tener un centro cultural: una casa grande, antigua, esas de ladrillo visto y techos altos, con mucha luz y un gran patio. Un lugar donde haya (transcribo de algún papelito) clases de acrobacias aéreas, de yoga y de pilates; talleres de literatura, de expresión corporal y de expresión artística; mini cursos de cocina saludable, de reciclaje y de huerta orgánica; donde haya un café-restó con una biblioteca y juegos de mesa, proyecciones de video gratuitas, música en vivo y exposiciones.

Mientras estaba en la varieté, volví a acordar de mi (futuro) centro cultural, de mis clases de telas, volví a sentir ese embobamiento y locura que me dan aunque yo esté abajo.

Por eso es importante no dejar pasar los sueños y escucharlos: para que no queden en el olvido y sólo anotados en un cuaderno.

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.