viaje en bicicleta

Y ENTONCES…

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¿Puedo gritar?

No falta nada. Ya queda poco y nada. ¿Dos? ¿Tres semanas? Algo así. Como siempre, no quiero poner fechas, prefiero que fluya, y el día que tenga que ser será. Si lo decido de un día para el otro, no sería raro. Así he decidido muchas cosas: mi “primer gran viaje” por EuropaTurquía y Egipto, irme de Chile, empezar este. Aunque siempre está la idea, nunca sé la fecha concreta o el destino fijado. Entonces, ¿por qué no seguir con la costumbre?

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No falta nada para empezar el viaje en bicicleta. Para cambiar el viaje a dedo, motorizado, acompañada, por el viaje en bici, a tracción humana y sola. De nuevo sola. Hace rato que vengo viajando acompañada. Tanto, que ya casi se me olvidó lo que es salir a la ruta sola. Desde principios de octubre que hay alguien al lado mio. Primero un ¿amigo?, después de quince días llegó mi mamá, a los quince días empecé a viajar con Joa, enero y febrero se sumó Flor así que éramos tres (multitud comparado a como suelo viajar), desde hace casi quince días con mi hermano. Y cuando él se vaya el lunes, este lunes, empieza la otra etapa. Así como pasar de Bolivia a Perú significó cambiar de moverme en bus a viajar a dedo, el volver a estar sola significará empezar a viajar en bici.

Y con eso, quiero viajar más liviana. Llevar menos cosas, ir más ligera. Aunque sólo tengo una mochila de 40 litros y la chiquita (más la cámara aparte), ambas están pesadas: siempre llevo comida “por las dudas” (y son muy pocas las veces que realmente la necesité), mis zapatillas de trekking son pesadas, quiero largar la ropa de invierno, dejar varios libros atrás. Estos días viajando con mi hermano me prepuse viajar más liviana, aprovechar la parada en Quito para dejar algunas cosas, y al irnos de Latacunga y reamar la mochila, lo primero que pensé fue “¿tantas cosas traje? ¿Tantas remeras?” No sé en qué pensaba cuando la armé.

Y el viaje en bici: si antes mis sentimientos eran unidireccionales hacia la felicidad, ahora ya se jalan hacia uno y otro lado. Por un lado tengo miedo, miedo al cansancio (pedalear por estas sierras andinas no va a ser nada fácil con mi no-estado físico que perdí en estos meses), miedo a la soledad, miedo a aburrirme, miedo a extrañar viajar a dedo, miedo a perder contacto con la gente, miedo a no encontrar dónde dormir, miedo a que le pase algo a la bici y no saber cómo arreglarla, miedo a que se me inunde la carpa un día de mucha lluvia, miedo a estar triste y no tener un hombro, miedo al hartazgo, miedo al calor tropical, miedo a no encontrarle sentido.

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Mi cabeza va así, para los dos lados.

Y por otro lado, siento el mismo entusiasmo de siempre: estoy feliz, ansiosa, contenta. Extraño mucho hacer deporte todos los días (me siento totalmente fuera de forma, hasta subir escaleras me cuesta a veces), el contacto permanente con la naturaleza de aquel viaje en bici al sur de Chile, tengo ganas de ver qué es esto de un viaje en bici yo sola, de probarme a mí misma, de sentir el viento en la cara todo el tiempo, estoy contenta con la novedad y el desafío, me pone ansiosa no saber qué va a pasar.

Igual, yo sé que va a estar todo bien (de previa en Cuenca)

Igual, yo sé que va a estar todo bien (de previa en Cuenca)

Y aunque hace como un mes y medio que estoy en Ecuador, todavía no subí ni un post de acá. Con Ecuador me está pasando algo raro: me está costando escribir. No es que crucé la frontera y abandoné el cuaderno y la birome, nada que ver. Sigo escribiendo (casi, tantos reencuentros y tanto viaje y tanta ida y vuelta a veces no me dejan tiempo o energía) todos los días.

Recién apenas terminé de subir los post de Perú (sí, vengo atrasada), pero también los post que empiezo a armar de Ecuador me quedan inconclusos. En el Castellanos, el diario de mi ciudad donde publico, ya empecé a escribir sobre Ecuador, pero con mi blog… no sé que me pasa. Como siempre es mucho más personal, siento que me estoy olvidando cosas, que me está faltando encontrarle una vuelta. No es que no haya pasado nada: todo lo contrario: vengo acumulando experiencias y momentos y personas unos más lindos que los otros.

Capaz es eso: quedé apabullada y no sé cómo volcarlo al papel, cómo ordenar mis ideas para contárselas y que todo tenga lógica.

Demen unos días y ya empiezo. Necesito tiempo para despedir a mi hermano, buscar la bici y estrenarla yendo de la empresa a la casa donde paro en Quito (qué en Quito, encima estoy en las afueras, en Cumbayá), ir al médico (me doblé el tobillo y todavía parece de embarazada), hacer unas averiguaciones en migraciones. Ah, y eso también: ponerme a escribir y desperezar los miedos =)

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.