un-mundo-pequeño

VEO VEO #10: UN MUNDO PEQUEÑO (O “EL MUNDO ES UN PAÑUELO”)

un-mundo-pequeño

Encontrarme -sin planearlo- tres veces en menos de diez días a la misma persona en tres ciudades diferentes en Egipto: la primera caminando por las calles de Luxor, la segunda e un hostel en Dahab, y la tercera en la sala de espera del aeropuerto.

Cruzarme en un hostel en Valparaíso a un francés que había apenas saludado en una juntada de CouchSurfing en Buenos Aires unos meses atrás (y que el chico casi se asustase cuando empecé a interrogarlo para ver si era él).

Toparme al mismo chico en tres ciudades distintas en tres países distintos (y no haber siquiera cruzado palabra con él) (y no es mi ilusión que era la misma persona).

Que un chico indio me agregué -por un grupo de fotografía de CouchSurfing- a Facebook y darme cuenta que en unas vacaciones en Costa de Marfil él había conocido a una conocida mía de Buenos Aires que estaba de intercambio allá.

Sentarme en una playa en el Parque Tayrona una tarde de tormenta, que un chico me empiece a hablar, y a los diez minutos darme cuenta que se había ido de intercambio con AIESEC y que, encima, era amigo de un colombiano amigo mío.
 
Caminar por la Costa Verde en Lima y cruzarme (y tardar unos segundos en reconocerlo) al señor que vivía con uno de mis mejores amigos en Córdoba, y hacía cuatro años que no veía (y como si fuese poco, a las dos horas encontrármelo en el súper).
 
Ir a ver un camping en Vilcabamba y en la cocina encontrar a una pareja de mi misma ciudad -que sabíamos que estaban en Ecuador, queríamos cruzarnos, pero no habíamos hablando más en los últimos días- que acaban de llegar e instalarse.
 
Que la persona que me levante volviendo haciendo dedo de Vilcabamba a Loja conozca a la persona que me hospedaba. Lo mismo me pasó de yendo de Cuenca a Baños.

 
Entrar a un bar que estaba cerrado (cuyo dueño era un chico de CouchSurfing), y adentro encontrame adentro a una pareja argentina con quienes habíamos estado trabajando en el Valle Sagrado y de los cuales había perdido el contacto (ni siquiera tenía su correo o face).

 *

*

*

Casualidades, encuentros inesperados, azar, coincidencias, cuestiones de segundos (unos segundos más o menos y no hubiese pasado): el mundo es un pañuelo.

[Y viajando, suelo darme cuenta más rapido y más seguido.]

*
Este post forma parte del ¡Veo Veo!, un juego donde el 15 de cada mes, los que participamos escribimos sobre un tema escogido previamente. ¿La idea? Volver a ser niños durante un rato, una excusa para conocer otros lugares e historias, para viajar sentados en casa de la mano de otros viajeros. ¿Te interesa? Unite al grupo en Facebook, donde elegimos el tema y posteamo todos los veo-veos. Además, podés seguirno en Twitter con el hastag #veoveo.

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.