flores en laguna 69

LAGUNA 69. BELLEZA FUGAZ

En todos estos meses de viaje, creo que nunca había sufrido el mal de altura como en este viaje. En realidad, nunca había sufrido el mal de altura antes. Sin embargo, el día que subimos a Cebolla Pampa, el lugar desde donde se empieza el trekking para llegar a Laguna 69, en el Parque Nacional Huascarán, lo sentí.

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Antes de que piensen cualquier cosa (siii, lo sé, el nombre de la laguna puede sonar un tanto pervertido, no me van a engañar!), les aclaro: no es que cuando la descubrieron había muchas parejas practicando las artes amatorias, simplemente no tuvieron más creatividad que enumerar las 300 lagunas de origen glaciar del Parque. El mismo fue declarado por la UNESCO Reserva de la Biosfera en 1977 y Patrimonio Natural de la Humanidad en 1985 y, además de todas esas lagunas de origen glaciar, cuenta con 660 glaciares.

Esa mañana nos levantamos cuando el cielo recién empezaba a aclararse, y la luna llena todavía alumbraba el azul oscuro de la noche. A las seis de la mañana salimos rumbo al Parque, a casi cuatro horas de distancia. Atravesamos Yungay, Ranrahica, Mancos y Carhuaz, todos pueblitos mínimos dispuestos a lo largo del Callejón de Huaylas.

El paisaje me hacía acordar al Valle Sagrado: fueron cuatro horas en caminos zigzagueantes entre colinas verdes, eucaliptos traídos por los ingleses allá en la década del 60′ para la industria del ferrocarril, casitas blancas con tejas rojas, una iglesia azul, y muchas parcelas.  La diferencia era que, detrás de lo verde, y marcadas por el cielo turquesa, asomaban montañas blancas, brillantes. El Parque Nacional alberga, además, los nevados más altos del mundo en una zona tropical, con cumbres entre los 5 000 y 6 768 msnm.

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Después de pagar la entrada, paramos en la laguna Chinancocha, que significa laguna hembra en quechua. Me encanta que un lugar me haga acordar a otros. Así como Lima me hizo acordar a tantas ciudades, el color de esta laguna, un turquesa profundo dado por la profundidad de las aguas, me hizo acordar a la laguna a la que llegamos con mi papá después de dos horas caminando en un lugar llamado Bosque Encantado, en el Parque Nacional Queulat, mientras recorríamos Carretera Austral. Eso de que un lugar me haga acordar a otro me hace tener siempre presentes mis otros viajes, sentir que siguen formando parte mía y que un pedacito mío se quedó allá, que así haga un mes o muchos años que fui los sigo recordando como una parte esencial de mi vida, casi como si fuese un lugar donde siempre estuve. Traerlos a la memoria, y que me evoquen tantos recuerdos, me hace pensar que hay lugares que -aunque hayan sido de paso- no significaron una simple pasada.

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La laguna Chinancocha

Apenas empezamos la caminata, la altura comenzó a hacer efecto: pesadez en las piernas, falta de aire, molestias en el estómago, dolor de cabeza, mareos. La altura no es fácil, y aclimatarse puede llevar varios días. Habíamos pasado de Lima –una ciudad al nivel del mar- a otra a más de 3 000 msnm en pocas horas, y todavía no nos habíamos aclimatado lo suficiente. El primer día en Huaraz parecía que lo habíamos solucionado descansando más de lo normal, pero ahora habíamos subido incluso más.

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Quewiñas y ríos

Si la altura complicaba el ascenso, el clima que no se ponía de acuerdo no ayudaba. Salía el sol, llovía, se nublaba, salía el sol de nuevo, refrescaba, se ponía más ventoso, volvía a salir el sol. Era sacarse la campera, ponerse el impermeable, sacarse todo, ponerse el gorro de lana. Algo de estabilidad por favor.

En el camino vimos una cascada blanca brillante producto del deshielo, una vaca que murió dando a luz a su cría, quewiñas (un árbol de altura) por doquier con su cortezas roja descascarada, tarwis o lupino -considerada la soya de los andes por su alto valor proteico, y muchas nubes. Cruzamos otra laguna, subimos con esfuerzo en zig-zag entre piedritas, cruzamos un río y me mojé toda una zapatilla.

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¿No somos insignificantes?

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Después de cuatro horas de subida, llegamos. A la vuelta del camino, se abría un panorama que hacía olvidar el dolor de espalda, el cansancio, la falta de aire, el hambre, la lluvia. La felicidad que me provocó, después de una larga caminata a ritmo de tortuga y sintiendo la falta de aire, llegar finalmente a la laguna, fue indescriptible. Quise ir corriendo, como si se me acabara el tiempo, como si contaran los segundos que le quedaban de vida, pero la pesadez de las piernas apenas me dejaban dar unos brincos de felicidad, como acelerando apenas el ritmo.

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La flor del tarwi, y la laguna detrás

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Gracias nubes por taparme los nevados =(

Llegué y me paré a contemplarla: era de postal. Una laguna celeste, turquesa como la piedra preciosa, que contrastaba con los nevados Chopicallqui, Huascarán, Huandoy y Chacraraju, que se encuentran detrás. Ante un paisaje así, uno no puede evitar sentirse más que un puntito en medio de la naturaleza.  

No sabía qué hacer primero: si comer porque estaba muerta de hambre, si sacar fotos a tanta belleza, si sentarme y respirar y observar tranquila. Lamentablemente, no tuve ni tiempo de pensarlo: como llegamos una hora más tarde que todos y apenas nos sentamos a contemplar el lugar empezó a llover, el guía nos apuró a bajar. No podía creerlo: después de tantas horas, del esfuerzo, la caminata… nos teníamos que ir así sin más. Saqué unas fotos rápido (entre la apurada, las nubes y la lluvia, las fotos son una más mala que la otra, googleen si quieren ver fotos de la laguna tal cual la vi cuando llegué) y empezamos a bajar, casi desilusionadas por haber tenido tan poco tiempo para disfrutar el lugar.

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Cuando llegamos al bus, mitad cuerpo empapada, caí rendida. Todos nos estaban esperando, pero poco nos importaba. Nos acurrucamos, buscando calor. Me dormí profundo en alguna parte, y cada vez que abría los ojos, los vidrios estaban empañados. Cuando ya se iba el sol me desperté y quedé pegada a la ventana: los picos de los nevados se veían incluso más lindos que a la mañana, resplandecientes por la luz del atardecer. ¿La gente que vive ahí, se maravillará todos los días con el paisaje que tienen? Yo me tenía que conformar sólo con ese momento, fugaz.

Datos útiles

* La ciudad que pueden usar de base es Huaraz. Yo me quedé en el Hostel El Tambo, que cuesta 10 soles la noche la habitación compartida (de solo tres camas). Queda en Av. Confraternidad Oeste – 122.

* Tour Laguna 69: sale a las 6am desde Huaraz y vuelve tipo 5pm. Son 3hs de subida (nosotras demoramos cuatro) y 2hs de bajada. Cuesta S/40, pero hay que regatear. Si les gusta acampar, les recomiendo algo: como la lluvia empieza tipo 2pm, empiecen el trekking, pero acampen y pasen la noche abajo, así pueden hacer el ascenso final al día siguiente temprano y quedarse todo el tiempo del mundo y sin gente.

* Entrada al Parque Nacional: S/10

* Recomendaciones: llevar mucha agua (2 lts) y comida para el camino. Vestirse en capas (desde mangas cortas hasta polar y gorro de lana) y no olvidarse el impermeable.

* Para la altura lo recomendable descansar y darse unos días para acostumbrarse, mascar coca, comer liviano y tomar mucha agua.

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.