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HUARAZ. NADA A CAMBIO

Llegamos a Huaraz  a las 7pm, con una llovizna finita y una humedad fría, de esos días típicos de invierno para acurrucarse en la cama o el sillón, taparse entero con una frazada, agarrar un té caliente y un chocolate, y ponerse a ver una película o leer un buen libro. Y llegamos de una forma atípica (por lo menos atípica para mí, en los últimos siete meses): en un bus limpio, cómodo, con asientos reclinables y apoya pies, con baño a bordo, y películas todo el viaje. Digo atípico porque en que va del viaje, los buses a los que me subí eran todo lo contrario: sucios, rotos, rechinchinantes, sin baño (así el viaje durara 24hs), sin apoyabrazos, con el hueco para la tele vacío. No es que me importara y por eso esta vez haya pagado más, al contrario: viajamos de día porque era el pasaje más barato en la empresa más barata. Y oh, sorpresa, el bus con el que nos encontramos nos sorprendió.

Como no habíamos conseguido nadie de CouchSurfing que nos hospedara, nos pusimos a buscar dónde parar. Ni siquiera teníamos direcciones de hostels como plan B, así que mochilas a los hombros salimos a buscar, y apenas encontramos algo medianamente barato y confiable, tiramos las mochilas.

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El bar-sala de cine del hostel.

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El patio del hostel más copado de Huaraz =)

Al día siguiente nos cambiamos a un hostels más barato, más buena onda, más piola, con más gente e igual o más cómodo. Salimos a dar unas vueltas por el centro, y en un rato, me quedaron dos cosas grabadas: el ruido y el desorden en las calles y veredas , y la amabilidad y simpatía de la gente.

Después de dos semanas en Lima con tanta modernidad, tanta gente deportista, tantos extranjeros, tanta hibridez, tanto mar y tantos barrios pintorescos, caminando por Huaraz volví a sentirme en Perú. Los vendedores ambulantes uno al lado del otro (en el centro de Lima hay, pero ya extrañaba verlos tan seguido, uno al lado del otro, y vendiendo cosas tan diversas, desde comida a ferretería y ropa de lana), las cholitas andando con sus aguayos, las construcciones descascaradas, los vehículos que nunca van a dejar pasar a un peatón aunque sea su prioridad.

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Las montañas y las nubes, desde el hostel.

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Charla callejera.

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Queso y miel en los puestos callejeros.

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Jugo de maca para el desayuno.

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Caldo de pollo, desayuno típico de la sierra.

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Huaraz es la capital del departamento de Ancash, y la ciudad más importante del Callejón de Huaylas, un valle estrecho de 180km de largo que discurre en la Cordillera de los Andes entre la Cordillera Negra y la Cordillera Blanca. Antonio Raimondi, un investigador, geógrafo, explorador, naturalista, escritor y catedrático italiano que estudió en profundidad la flora, fauna y geografía peruana. En su recorrido por el Callejón de Huaylas estudiándolo, apodó varios de los pueblos a su paso según las experiencias que fue teniendo en el lugar: a Huaraz la llamó Presunción, ya que aquí se enamoró de una joven que lo rechazó. En Recuay le robaron unos cuadernos, por lo que bautizó al pueblo como Ladronera, mientras que a Carhuaz llegó justo cuando se celebraba la fiesta patronal, donde bailan y tomaban mucho, por lo que decidió llamarla Borrachera (hoy en día son muy conocidos sus helados de cerveza y pisco.).  Por su parte, en Yungay vio los nevados alumbrados por el sol del amanecer, por lo que no dudó en apodarla Hermosura (lamentablemente, en 1970 hubo un terremoto que provocó un alud de los nevados cercanos y cobró la vida de prácticamente todo el pueblo, matando más de 50 000 personas), y en Caraz probó manjar blanco (dulce de leche) y miel, y la llamó Dulzura (hoy es bien conocida por sus “curteados”, es decir el manjar con frutas).

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Manjar de lúcuma y chirimoya.

Y así como en Huaraz volví a sentirme en Perú, también me sorprendí y quedé feliz con la simpatía de la gente: en los mercados le preguntábamos a los vendedores qué vendían y cuánto costaba algo por curiosidad y nos respondían sonriendo; una señora me dijo en quechua riendo que tenía muy poco pelo cuando me agaché a ver las sogas que estaba trenzando; la seño -nombre que se le da a las mujeres que trabajan como vendedoras ambulantes o atienden negocios- a la que Flor le compró un gorro de lana le aceptó el regateo sin problemas, nos contó que ella misma lo había tejido, y nos dijo con una sonrisa “nos vemos mañana” cuando nos fuimos (será una pavada, casi como el “nos vemos”, pero me pareció más simpático).

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Las montañas y los nevados alrededor de Huaraz.

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Bello bello.

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Y Huaraz nos sorprendió con el clima: el primer día al mediodía estábamos de mangas cortas con un sol radiante, y después de almorzar (en el local donde nos hicimos clientas fieles, en que por S/5 nos daban una sopa gigante, una segundo -plato principalcon su canchita por la noche, su postre durante el día, su doble refresco, y que me arman y desarman los platos para hacerlos vegetarianos sin mucho problema) ya estaba fresco. Nos fuimos al hostel a descansar (descansar de no hacer nada, de la altura) y a la hora, mientras estábamos tiradas leyendo, se largó a granizar con todo. Qué hermoso ver cómo el granizo caía afuera rebotando contra las tejas rojas del techo al que daba la ventana de nuestra pieza, y estar ahí adentro calentitas. 

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Huaraz desde el barrio Los Olivos.

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Depósito en la terraza de algún edificio (nótese la gallina)

Y en Huaraz nos auto-probamos: en nuestro último día se enfermó Joa, y mientras hacíamos tiempo esperando que se recupere, con Flor decidimos salir a vender alfajores. Nos habían dicho que se vendía fácil, y salimos a probar suerte: en menos dos horas hicimos S/30. Nos entusiasmamos y seguimos saliendo, sábado y domingo, hasta que el lunes, justo cuando estábamos por irnos, la que se despertó mal fue Flor, y ahí salí sola. La primera vez, fui con la bandeja al mercado a comprar coco, que se me había terminado: vendí todo en la ida y la vuelta. Volví a salir cuando terminé el resto, y en poco más de una hora, vendí el resto. No sé si es algo con lo que viajaría, si me dedicaría a vender comida para viajar (prefiero seguir escribiendo para viajar =)), pero por lo menos me di cuenta de que se puede, de que llegado el caso, es posible, de que no es tan difícil hacerse unos pesos de ciudad en ciudad. Y sobre todo, me di cuenta de que no hay excusas: viajar es más sencillo de lo que parece.

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Se puede!!

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Alfajores… ¡listos! Manjar y chocolate, manjar y banana, o manjar solo. ¿Cuál prefieren?

Huaraz no será una ciudad linda en sí, ni tranquila ni con atractivos turísticos (todo lo lindo para ver está en los alrededores), pero se le perdona todo por el paisaje que la envuelve. No por nada será que alguien la bautizó como la “Suiza peruana” por las montañas nevadas de la Cordillera Blanca que la rodean. Y además, por la simpatía de su gente: no siempre uno se encuentra gente que te saluda y te regala sonrisas en la calle, sin esperar nada a cambio.

Gracias al Hostel El Tambo por los días ahí! Si van por Huaraz, es más que recomendado, el más barato y con más onda de la ciudad. Por S/10 por día en compartido (de sólo tres personas), también tiene cocina equipada, sala de cine y bar, un patio re lindo, y gente piola y amable. No se lo pierdan, cuesta encontrarlo pero vale la pena y queda cerca de todo, a dos cuadras de los mercados y a otras pocas de la plaza de arma y las agencias de viaje.

Queda en Av. Confraternidad Oeste 122, frente al Estadio y en su face pueden ver más info y fotos.

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.