este dia nunca volvera a suceder

CRÓNICA DE UN ROBO ANUNCIADO

[Es largo, pero fue lo que me salió en esa catarsis de impotencia, tristeza y reflexión]

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La vida no se trata de esperar a que pase la tormenta, sino de aprender a bailar bajo lluvia. (Mensajes positivos para animar el post)

Nos lo habían dicho: de Paracas, de Lima, de Trujillo“Tengan cuidado, es muy peligroso”. Es normal que la gente te prevenga, a veces casi que te meta miedo respecto a un lugar. Y una se cuida siempre, a una misma y a sus pertenencias, pero a veces las cosas pasan cuando uno menos se lo espera.

Cuando llegamos a Ica pasó lo que menos nos esperaba, lo último que uno quiere que le pase en un viaje, algo que empañó lo bien que la estábamos pasando y borró la sonrisa enorme de felicidad que teníamos por lo bien que nos estaba yendo y lo felices que nos sentíamos: nos robaron. ME robaron. Un p*nd*ej* de m*er*d* se fue corriendo con mi mochila, se subió a una moto donde lo esperaba otro chico, aceleraron y se fueron. Quedé consternada, espantada, impotente, sin capacidad de reaccionar o pensar, sin entender qué había pasado, cómo había pasado, por qué mi mochila estaba ahí.

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A no rendirse!

Me robaron prácticamente todo (todo lo más importante): todas mis cosas de más valor, casi todo lo que para mí tiene más significado. En mi mochila chica (grave grave gravísimo error) yo tenía todo lo más importante: computadora con (esta es la peor y más dolorosa parte) mis fotos de los últimos cinco años, mis 60GB de música, mis cuadernos de viaje de los últimos meses, mis lentes (son medio chicata), mi disco duro externo (ya que perdí info, perdí todo; sólo a mi se me ocurre poner el backup en el mismo lugar que la compu), accesorios de la cámara, pasaporte, tarjeta de crédito, y otras cosas que ni las puse en la denuncia pero igual estaban ahí. Sólo se salvó -además de mi ropa y esas cosas que uno lleva en la mochila grande- mi cámara, mi plata y mi celular. El resto, chau.

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Lloré mucho, muchísimo. Esa noche no era capaz de hilvanar ideas, de pensar. Me fui a dormir como una zombi. Al día siguiente me desperté perdida, buscando mi mochila roja y negra al lado de mi mochila grande, y no estaba: no había sido una pesadilla, fue bien real y lo sabía. Había perdido mi compu, una de mis herramientas de trabajo, mi mano derecha, mi mitad complementaria para poder seguir viajando. Mis fotos. Recuerdos de mis viajes, mis amigos, mi familia, mis años de universidad, y más y más viajes. Y mi música, recolectada en varios años, en distintos países y con diferentes personas. Música que no está ni en YouTube, que probablemente nunca más escuche. Cada vez que me acordaba de todas mis fotos, tantos años, tantos recuerdos, tantas personas, lloraba. Lloraba por sentirme tan estúpida de nunca haber hecho backup online, de nunca haber respaldado en la nube algo que tiene tanto valor para mí, a nivel personal y profesional. Lloraba no por que me hayan robado (más allá de la impotencia que me daba), sino por bronca a mí mísma, por no haber cuidado más algo tan importante para mí.

Un 30 de diciembre. Que forma más linda de terminar el año. Un año cargado de lugares, de personas, de momentos. Sobretodo eso. Momentos, situaciones. Personas y lugares. Y que termine de esta forma.

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Este día no volverá a suceder. Brilla, abre tus alas, enfrenta la luz, crece!

Y no quería contarles a mis papás. Un 31 de diciembre, a horas antes de Año Nuevo, tener que contarles que me habían robado. Pero fueron ellos y mi hermano los que me levantaron el ánimo. Fue Pablito, mi hermano, el que me dijo “las fotos son para los boludos como nosotros que no viajamos” y me hizo reir y darme cuenta que los recuerdos sólo me los quedo yo, que por sentimiento que haya ligado a todas esas fotos y años de recuerdos, el sentimiento y memoria de mis viajes no me los saca nadie (gracias Facebook y blog por existir además, son las únicas fotos que me quedaron).

Esto no me vuelve a pasar, siempre diltando hacer el back up online, siempre poniendo excusas de que no tenía tiempo, de que “ya lo voy a hacer”, “cuando tenga mejor internet”. De todas formas, esto me hace pensar un montón sobre mi trabajo, sobre cómo veo el mundo, sobre mis fotos. Desde que empecé a viajar, me quedaron cientos y cientos de fotos sin editar, esperando por mi a que algún día decidiera que era hora, que tenía tiempo libre del tiempo libre, que tenía suficientes horas y nada más interesante que hacer para dignarme a editar y ordenar mis fotos. Lo reconozco: para mí la parte más engorrosa de la foto es la edición. Me da pereza. Y así, tenía una colección gigante de fotos por editar (porque siempre me quedaba leyendo o  escribiendo o conversando), sin clasificar, sin ordenar, son seleccionar.

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Colecciona momentos, no cosas.

¿Para qué? ¿Para qué tantas fotos? Hay momentos que ni una foto logra transmitir lo que podemos explicar con nuestras palabras y recordar con nuestros sentidos. Una imagen vale más que mil palabras, pero ¿cómo retratar la dulzura de las palabras, el aroma a casa de una comida, lo afro de una canción, la conexión entre dos personas, el calor sofocante de una tarde, la alegría de estar rodeada de gente con la que nos sentimos a gusto, la felicidad de estar como en casa?

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Cree en vos mismo

No pensaba contarlo en el blog, pensaba que a lo mejor podría materializar esa sensación de miedo que tiene mucha gente cuando digo que viajo sola, que sería demostrar la inseguridad que se puede sufrir. Y yo mismo lo pensé un segundo: ¿quiero viajar sola en bici? ¿Y si me pasa algo peor? Y automáticamente me dije ¿en serio? ¿Cuánto hace que no te dejás vencer tan fácil? Al contrario, ésto sólo me tiene que hacer más fuerte para seguir viajando, porque un par de choros (como le decimos en Argentina a los ladrones) no van a detenerme sino sólo hacerme más resistente y más atenta y precavida que nunca, porque a pesar de todo yo sé (lo sé) que el mundo está lleno de gente buena (y son más los buenos que los malos, sólo que estos últimos tienen más prensa), porque inseguridades hay en todas partes, y volverme a casa no implica que no me roben saliendo de un banco o caminando por la calle o en un colectivo o en mi propia casa o en casa de amigos (me pasaron casi todas esas) (saqué todo de un tirón, fue un descargue).

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No lo dejes. Sufre ahora y vive el resto de tu vida como un campión.

Porque hay que aprender que lo importante es que uno está sano, y la fortaleza del alma (o del espíritu o de la mente, o como quieran llamarlo) no nos la quita nadie a menos que lo dejemos, que nuestro corazón y nuestra mente no borran los recuerdos importantes, que el desapego material no es suficiente si uno no aprende a desapegarse sentimentalmente de las cosas (incluso de las cosas materiales con recuerdos). Sólo así podemos seguir avanzando, creciendo, moviéndonos, dando más de nosotros mismo.

 aprender

como-reaccionas-ante-la-vida

La vida es 10% que nos pasa, y 90% como reaccionamos ante ello.

Como me dijo Hernán, uno de mis mejores amigos, cuando le contaba sobre el robo y lo triste que estaba:

“seguís ahí para revivir experiencias
y pensá que tenés la cámara
papel, lápiz
cabeza y corazón
y sonrisas para repartir
Porque siempre las has tenido
y vas a superar este tropiezo como siempre lo has hecho”

Me largué a llorar más todavía cuando leí el mensaje. Es así. Cada vez estoy más convencida sobre cómo veo el mundo, cómo creo que hay que relacionarse con los otros y con lo otro: las personas son lo mejor que nos puede pasar en la vida, tanto las que nos aportan con su luz como las que nos manchan un poco las experiencias pero nos ayudan a entendernos, conocernos y saber qué queremos y qué no para nuestras vidas.

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el que no sienta ganas de ser más, no llegará a ser nada

El desapego es una de las mejores prácticas y filosofías que un ser humano puede aprender para ser libre; la libertad no pasa por hacer lo que queremos sino por ser responsables de nuestras acciones y de vivir la vida que queremos vivir siendo felices y haciendo lo que nos hace feliz sin perjudicar al resto ni a nosotros mismos, disfrutando cada instante y siendo fieles a una sola cosa: nosotros mismos. 

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Yo soy el capitán de mi alma.

Y tercero (por si no se dieron cuenta que ya van dos), como suelen decir: valorar. Valorar lo que tenemos y lo que dejamos ir, las experiencias viviads, los años cumplidas, los sueños luchados y alcanzados, las personas que llegan, se quedan, pasan; los momentos esporádicos, las cosas simples de la vida; la gente que nos quiere y nos apoya a pesar de la distancia porque para el cariño no hay kilómetros ni tiempo. A valorar la vida, porque no hay nada más lindo que ella, que nos enseña y nos brinda mil oportunidades para crecer y seguir al pie del cañón.

seguir-adelante

Sé que no es TAN catastrófico lo que pasó, que yo estoy bien. Pero me dolió, y mucho. Lloré, y mucho.Me ahogé de tanto llorar. Lloré sola, con Joa. Lloré en la cama, en la ducha, en la comisaria. Me consolé, Joa me consoló. Y también terminamos el 31 tomando cerveza, brindando por un año mejor, y empezamos el 2014 viendo fuegos artificiales y juanes prendiéndose fuego en familia, bailando hasta las seis de la mañana.

enfocarse
En que enfocarse: felicidad.

Como dice el refrán: a mal tiempo, buena caraSer feliz es una decisión.

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.