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LA CARRERA DEL FUTURO

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-Y diganme, ustedes que saben… ¿qué carrera hay que estudiar ahora?

Sin aviso previo, Juan, el señor que manejaba el camión que nos levantó en la Panamericana rumbo a Lima, bajó el volumen de la música (que iba tan fuerte que no podíamos hablar) y nos sorprendió con esa pregunta. Apenas nos había preguntado cómo nos llamábamos y de dónde éramos; ni siquiera nos había preguntado a qué nos dedicábamos.

Nos puso en contexto: su hija estaba en el secundario, y próximamente iba a ir a la universidad, y el quería que eligiera una carrera útil. “Como medicina o obogacíua quiero que estudie.”

-Mire, lo importante es que ella elija algo que le guste, que estudie algo que le guste hacer, sino después va a ser una persona frustrada- le dijo Joa, ya declarando una filosofía más que dando una respuesta en concreto a su duda.

-A ella le gustan los idiomas…

-Pero entonces que empiece ahora a estudiar idiomas, que no espere a la universidad- insistía Joa, que iba de copiloto. Yo, que iba un poco más atrás con todas las mochilas en la parte “camarote” del camión, poco podía hacerme oír entre el ruido del motor y del viento entrando por la ventana.

Un rato después nos bajamos en un puesto donde vendían pisco y vino al costado de la ruta, por Juan quería comprar unas botellas. Volviendo al camión, me pregunta si ya habíamos desayunado, si queríamos desayunar. Yo lo miro como expectante, porque no sabía qué quería ofrecerme de desayuno. En Perú es muy común que los camioneros desayunen caldo de gallina o carne con arroz o cualquier de esos platos que para nosotros, en Argentina, sólo entran en la categoría de almuerzo o cena. Sin embargo, abrió una puertita del costado, y aparecieron cuatro sandías, esperando por nosotros. Sacó una y nos ofreció. “¿Quieren?” Nuestra sonrisa de felicidad era increíble. Aunque no eran ni las 11 de la mañana, nuestro desayuno de las 7am ya había quedado bastante atrás.

Mientras comíamos la sandía (las sandías, en realidad, ya que partió media para cada uno), volvió a sacar el tema del estudio:

-Pero entonces, ¿ustedes dicen que idiomas puede ser?  A mi no me importa si tiene un quiosco, yo lo que quiero es que ella sea independiente, que gane su plata, que se valga por ella misma…

-Entonces con más razón, ella tiene que hacer lo que le gusta, si le gusta los idiomas, que estudie idiomas- le volvió a decir Joa.

-Si, pero una carrera…-insistía él.

-Pero idiomas puede ser una carrera: puede ser traductora, profesora, intérprete. Mientras haga lo que le gusta, siempre va a tener oportunidades. Yo creo que cuando uno hace lo que le gusta, el universo conspira a nuestro favor, y las cosas se dan solas, las puertas se abren, las oportunidades aparecen- le digo, aprovechando a repetir lo que había dicho en el camión, pero que estaba segura no me había escuchado.

-Además, cuando uno hace lo que le gusta, es más fácil poder seguir adelante a pesar de las adversidades, no dejarse vencer por los obstáculos o ante el primer revés. Sino, es fácil decir “ahh, esto total no me gustaba tanto”. Cuando está haciendo lo que le gusta, no se deja rendir tan fácil- acota Joa, como para enfatizar la idea. -Lo dejamos pensativo parece-, le dice al verlo apoyado contra el camión, con la mirada fija, perdida en algún punto del piso.

-¿Seguimos?- nos pregunta.

Nos subimos al camión, y mientras yo me acomodo atrás, y Joa se prepara para subir, lo escuchamos hablar por teléfono.

– ¿Hija? Sí, ¿qué era eso que vos querías estudiar? ¿Idiomas? Bueno, ponte a averiguar cómo es, averíguate todo, que si quieres estudiar eso son tres años, ¿no? Eso era lo que te gustaba,¿no? Averíguate todo, después cuando llego a la casa hablamos, en la noche hablamos.

Con Joa nos mirábamos con los ojos abiertos, una sonrisa de oreja a oreja y los ojos al borde de las lágrimas. No podía creer que la charla de cinco minutos que habíamos recién tenido abajo, le haya llegado tanto.

*

*

[Papis, no me reten por haber hecho dedo, valió la pena, no? =)]

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.