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VEO VEO #8: UNA CANCIÓN Y UNA MELODÍA

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Todavía estaba en la cama, acurrucada con un plumón, o una frazada, o una manta. Ya ni recuerdo qué era. Era febrero y allá, en Turquía, hacía frío. Será que lo escuché tantas veces que ya ni recuerdo cuando fue la primera vez. Y porque cada vez que la escuchaba, me gustaba tanto como si fuese la primera vez. No me cansaba. Ni me molestaba que me despertara en medio de la noche. Cada día, alrededor de las cinco de la mañana, la ciudad entera se cubría por esa música.

Una melodía dulce, acompasada, que inundaba toda la ciudad, y por unos momentos, parecía que todo lo que pasaba alrededor perdía importancia. Marcaba el inicio de un nuevo día, de un ritual, de un modo de vida. Para mí, era agradecer estar ahí, rodeada de ese sonido, despertarme cada día con esa música. No soy para nada religiosa, ni siquiera cristiana, pero vivir en un país donde la religión (tan diferente al catolicismo, la religión que delinea muchas cosas en Argentina por ser la oficial) empapa tantos aspectos de la vida social y cultural, me dejó maravillada.

Esa mañana, como cada una de las cinco veces al día escuchaba esa melodía, hice lo mismo: sonreir.

Todavía sueño con volver a Turquía y despertarme al amanecer con esa canción: la música de las mezquitas.

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Este post forma parte del ¡Veo Veo!, un juego donde el 15 de cada mes, los que participamos escribimos sobre un tema escogido previamente. ¿La idea? Volver a ser niños durante un rato, una excusa para conocer otros lugares e historias, para viajar sentados en casa de la mano de otros viajeros. ¿Te interesa? Unite al grupo en Facebook, donde elegimos el tema y posteamo todos los veo-veos. Además, podés seguirno en Twitter con el hastag #veoveo.

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.