arco-iris-peru-nati-bainotti

SEIS MESES

arco-iris-peru-nati-bainotti

[Aunque hay partes que las escribí hace ya como 2 meses, aplica al caso. Y mejor todavía]

Seis meses. Eso pasó. Seis meses desde que salí de Argentina. Ciento ochenta y tres días que me fui de casa (por última vez). Nunca pensé que se me iban a pasar tan rápido, que iba a haber viajado tanto y a la vez tan poco. Cuando empecé el viaje, no tenía ningún plan, pero sabía que quería estar en Manaus para fines de diciembre para estar para el cumple de una de mis mejores amigas brasileras.

Un mes después que salí, me di cuenta que eso no iba a suceder: el viaje se estaba tornando más lento de lo que había pensado que iba a ser en un principio.

¿Y cómo estaba cuando empecé el viaje? Si no me releo, casi que no me acuerdo, casi que me olvido que esa Nati estaba pasando por ciertas emociones bastante diferentes a las de hoy. Por eso está bueno escribir.

Hoy, seis meses después, siento que recién está empezando mi viaje. Qué apenas salí de casa, que recién recorrí una pequeña parte (lo cual es muy cierto), que esto está recién empezando.

Pasaron 157 dias en Bolivia y 27 en Perú, y todavia siguen sorprendiéndome cosas como cuando apenas llegué: la gente del campo -mayor en general- hablando quechua; gente desayunando platos de sopa (así haga calor), arroz, carne, papa, pollo en las veredas; estar en musculosa y ver gente con chulos y suéteres de lana (y sandalias), las cholitas con sus faldas, blusas y sombreros, aunque estén trabajando en el campo o subiendo rocas; la falta de información y organización en muchos sitios (hay oficinas de información turística a los cuales, si uno no llega sabiendo ciertas cosas, no sirven para mucho); la cantidad de festejos que tienen y cómo los celebran.

Se acercan las fiestas, ese momento familiar que en Argentina significa en general una gran juntada, mucha comida, mucha gente, muchos festejos y fuegos artificiales (propios o ajenos), deseos y balances. Podría haberme vuelto a casa a pasar las fiestas si quería, pero siento que recién estoy empezando, que sería como cortarme al arrancar, volver a lo conocido para tener que adaptarme de nuevo, volver a entrar en “sintonía-viaje” siendo que al principio me costó tanto.

Y pienso todo lo que me queda por delante, todos los lugares que me quedan por conocer, todas las ciudades y pueblos que voy a visitar, los países por los que voy a pasar, la gente que seguramente conoceré, las historias y momentos que acumularé, todas las fotos que voy a sacar y todo lo que voy a escribir, lo que sentiré y no sentiré… Los proyectos, las ganas, las ideas, los sueños que se me cruzan por la cabeza.

Y hoy, uno de esos sueños y proyectos empezó a ver la luz. En realidad hace unos días ya tuve un buen inicio, pero hoy fue más fuerte y mejor todavía. Mi vida en una mochila en cualquier momento se transforma en “mi vida en una alforja”, ya que quiero empezar a viajar en bici. Ya viajé en buses locales, voy viajar estos meses a dedo, lo próximo será la bicicleta. Como para no aburrirme, como para no dejar de ser yo, que cambio rápido y muto de una Nati a otra Nati en poco tiempo, que un día dice una cosa y al siguiente hace otra.

Si todo sale bien (todo-va-a-salir-bien, repitan conmigo), en marzo o abril estoy empezando a viajar en bici. Ecuador, Brasil, Colombia, Venezuela, Guyana, Surinam, Guyana Francesa. Y quién sabe qué otros lugares. Yo sólo sé que voy a viajar sola en bici. Y eso me tiene más que feliz. FELIZ (así, con mayúsculas y una sonrisa gigante en la cara).

A veces pienso si es como tanta gente me dice: “qué suerte que tenés de poder estar viajando” o es más bien un elección. Y siempre abogo por la última, nunca lo vi como suerte sino como una elección de vida, una elección de cómo invertir mi tiempo y energía, de cómo opté usar lo que me gusta hacer.

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.