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VEO VEO #7: UN LIBRO (EL MÍO)

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Hace unos meses, mientras viajaba por Carretera Austral con mi papá, estábamos en Puerto Bertrand en nuestros últimos días, y veíamos en la tele un documental sobre Ruanda. O capaz era Tanzania o Uganda, no lo recuerdo. Lo que si recuerdo, es que yo empecé a decir cuánto me hacía acordar a Kenia, y cuántas ganas tenía de volver a estar allá, de conocer más, de vivir un tiempo más largo en un país así. Y ahí, mi papá soltó la frase: “Tendrías que escribir un libro vos”.  Yo lo miré entre incrédula, pensativa, tentada. ¿Yo, un libro? Tampoco viajé tanto como para escribir un libro.

Y ahora lo pienso. ¿Podría ser? No lo sé, capaz algún día. Quién sabe. Lo que sí sé, es como empezaría el libro. 

Si hoy estoy donde estoy, creo que es gracias a dos personas. Ellos fueron los que me dejaron salir de casa, los que sabían lo que me gustaba hacer y nunca me lo prohibieron, los que me apoyaron aunque para el resto era una locura. 

Fueron ellos los que que, cuando tenía 14 años, me preguntaron si como regalo de 15 años quería irme de viaje a Sudáfrica sola. Fueron ellos los que, cuando tenía 18, me dejaron irme de mochilera por primera vez, con dos amigas, a hacer la ruta de Siete Lagos (todavía pienso cómo fueron capaces de dejarme salir con una mochila, una carpa, una bolsa de dormir, algo de comida y prácticamente mis pies y mi dedo como medio de transporte). Fueron ellos los que, cuando tenía 19 años, me apoyaron para que me vaya dos meses a hacer un voluntariado a Kenia, incluso cuando prácticamente no hablaba inglés (supongo que ellos no lo sabían, y me habían sobreestimado como yo misma lo hice) y hasta para mis amigos era una locura. Fueron ellos los que me entusiasmaron para que, cuando tenía 21 años, me vaya cuatro meses (que se convirtieron en cinco) de viaje sola por diez países de los cuales no sabía nada, no hablaba su idioma y estaban del otro lado del charco. Fueron ellos los que me apoyaron cuando, a los 22 años, y a la vuelta de ese “primer gran viaje”, me quise ir a vivir a Chile para trabajar en una ONG. Fueron ellos los que se entusiasmaron (casi más que yo) cuando les dije que quería irme a Colombia y a Cuba a viajar casi dos meses. Fueron ellos los que, cuando estaba en una de mis grandes crisis existenciales (sí, una, porque tuve varias, como cualquier persona de mi edad) y no sabía que hacer de mi vida (más que viajar) me apoyaron cuando dije que me quería ir por Sudamérica, sin fecha de vuelta ni muchos planes.

Fueron ellos quienes me dejaron ser quien soy hoy.

Por eso, papis, gracias. 

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Este post forma parte del ¡Veo Veo!, un juego donde el 15 de cada mes, los que participamos escribimos sobre un tema escogido previamente. ¿La idea? Volver a ser niños durante un rato, una excusa para conocer otros lugares e historias, para viajar sentados en casa de la mano de otros viajeros. ¿Te interesa? Unite al grupo en Facebook, donde elegimos el tema y posteamo todos los veo-veos. Además, podés seguirno en Twitter con el hastag #veoveo.

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.