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CUIDADO: TRÁFICO

[Viene un post con pocas fotos, estaba difícil fotografiar estas cosas]

En los cinco meses que estuve en Bolivia (ya sé, ya sé, se me fueron un poco las fechas…), hubo algo que para mí caracterizó especialmente mi paso por el país. Me topaba con situaciones que para mí no tenían lógica alguna, que me dejaban totalmente sorprendida, ante las que no sabía cómo reaccionar. Después de un tiempo, opté por tomarlas con humor, bajo el lema “es Bolivia”.

Y de esas situaciones, el tráfico fue algo que me llamaba la atención en cada ciudad. Como para dedicarle un capítulo aparte.

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Todavía quedan lugares donde, prácticamente, el único tráfico son las motos =)

En Oruro había quedado casi espantada por la locura de los buses, y asombrada de no haber visto ningún choque en las dos semanas que estuve ahí. Se cruzan sin piedad de carril en carril, frenan donde la gente quiera, y parece que los peatones no existiesen. En realidad, el tema de la prioridad del peatón, parece que en Bolivia no existe en ningún lado.

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Autos estacionados en las veredas, gente cruzando por las calles, en Oruro.

Aunque en Argentina tampoco los autos le den mucha prioridad a la gente, acá directamente parece que si uno está caminando es invisible, o que los conductores casi odian a los peatones: juro que en Santa Cruz, un taxista casi me choca. Yo estaba parada en la senda peatonal, a punto de cruzar la calle, y por la calle venía un taxista con intenciones de estacionar. Como yo interfería en su camino, empezó a tocarme bocina -sin frenar- para que me corriese de su camino. A todo esto, cuando se bajó, me puteó por haber estado donde estaba. Perdón, en las leyes de tránsito, ¿la senda peatonal no es para que, justamente, el peatón cruce? ¿No se supone que la persona tiene derecho por encima de los vehículos? Acá, en Bolivia, no. Que se le va a hacer, es Bolivia.

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A veces, también es ordenado..

Sabido es también lo que sucede en muchos países: las coimas por parte de la gente que supuestamente nos cuida, léase, policias. Un domingo, yendo a Buena Vista, apenas cruzamos el peaje, un señor nos para. ¿Qué nos quería revisar? ¿Luces, cinturón de seguridad, carnet de conducir? No, nada de eso: al salir de la ciudad, los autos deben tener botiquín, triángulo y extintor. No teníamos botiquín, así que adentro, a pagar la multa. Claro, si uno choca/vuelca/da tumbos/tiene cualquier clase de accidente, va a salir de su auto para tomarse una aspirina y ponerse una curita.  Mientras a nosotros nos hacían multa por no tener botiquín, adelante nuestro se iba un auto donde se veían cinco cabezas asomando desde el asiento trasero. Ni hablar de las veces que, viajando en bus, había por lo menos tres personas durmiendo en los pasillos, por sobreventa de pasajes o por levantar gente en el camino  (incluso a mí me tocó, por haber tomado el bus en medio de la noche en pueblito, para ir a Sucre).

Nunca voy a olvidarme lo que me dijeron la primera vez que iba a tomarme un bus en Bolivia: “por favor, fijate que el conductor no esté borracho”. Mi cara de sorpresa/susto/no-puedo-creer-lo-que-estoy-escuchando/perplejidad era una sola. ¿Borracho? ¿Cómo una persona que trabaja al frente de un volante puede estar borracha? ¿Cómo puede arriesgar otras cincuenta o sesenta vidas por tomar alcohol? “La mayoría de los accidentes en Bolivia son por conductores borrachos”, me reafirmó esa persona, por las dudas si todavía no le creía.

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Yendo a Rurrenabaque, el chofer de nuestro bus paso TODA esta fila de vehículos. No exagero.

Por eso cuando veo a las cebritas me parecen tan divertidas. Combinando la problemática del tráfico con la de los chicos en situación de calle, hace ya trece años comenzó a implementarse en Bolivia, específicamente en La Paz, el Proyecto Cebra. El mismo propone educar tanto a los conductores a frenar donde deben frenar, como a los peatones, a cruzar por donde deben cruzar. Y a ambos, a respetar los semáforos. Aunque el proyecto en sus inicios daba trabajo a chicos de la calle, hoy en día, a tres años de haberse implementado en  Tarija, y uno en Sucre, también emplea a chicos universitarios, para que puedan tener un trabajo complementario a sus estudios. Así, cada día, la cebritas se ponen en el paso peatonal haciendo frenar a los autos, amagan a tirarse arriba del capó si uno se pasa unos centímetros, miran mal a la gente que cruza por cualquier lado, saludan a los nenes, señalan el semáforo para que los conductores vean que tienen que frenar o avanzar, y ordenan el tráfico con un poco de humor y simpatía.

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Nashira, una de las cebritas de Tarija. Estudia Idiomas en las mañanas, y trabaja en el Proyecto Cebra en las tardes.

Como nos dijo el sacerdote de Torotoro: en Bolivia todo es posible, menos que un hombre de a luz… y ni eso”.

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.