LA OTRA CARA

LA OTRA CARA

Si de algunos lados me habían prevenido por el frío, acá la advertencia iba hacia lo más temido siempre por todos: la inseguridad. Cada vez que contaba que me estaba yendo a Santa Cruz, me advertían: “cuida tu cámara”“vas a tener cuidado con tu celular”“no vayas a dejar sin atención tus cosas”.
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Santa Cruz es la ciudad más grande de todo el país (incluso que La Paz) con casi tres millones de habitantes, y el nivel de producción más alto del país. El sector agropecuario y agroindustrial es el motor de la economía, y en los últimos años el de servicios e hidrocarburos se le sumaron. Como me dijeron varias veces acá, “tirás algo y crece”. Así de fértil son las tierras. Así de productiva es la zona. Santa Cruz triplicó su población en los últimos 50 años gracias a la Reforma Agraria, y la ciudad creció a un ritmo vertiginoso.
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Típica construcción cruceña... con platas en el techo

Típica construcción cruceña… con platas en el techo

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“Tiras algo y crece”

Ni bien uno llega a la ciudad, se perciben los contrastes con el resto del país. Me bajé del bus a las siete de la mañana y el calor ya era evidente. Se predecía un día agobiante, de esos que hasta en la sombra cuesta estar. De esos que te hacen transpirar hasta estando sentado. Que cuesta encontrar un lugar donde se esté bien. Que no sabés si es mejor quedarte adentro o afuera. Que aunque te duches, no sentís que te refrescas. Ese día, pensé que el bus en la noche se había teletransportado al Caribe. Me hacía acordar al calor agobiante de Cuba, a los días en Cartagena tratando de recorrer la ciudad.
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Llegué a la casa donde iba a estar parando a eso de las 8am, y menos de treinta minutos después llegó la señora que cuidaba al papá de Rosa, la chica de AIESEC que me hospedaba. Me ofreció un té, se fue a comprar pan, y cuando volvió, nos pusimos a hablar de lo más distendido.
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Se respira verano.

Se respira verano.

Me sonaba tan raro su acento. Tan diferente a lo que estaba acostumbrada en estos últimos meses. Tan… caribeño. ¿Vos sos de acá? le pregunté. ¡Sí, soy más camba que la yuca! Pero todos me dicen que parezco de El Salvador, o de Cuba, o de por ahí, me cuenta. ¡Eso, eso! Yo creía que era cubana. Y después, cuando fui conociendo más gente en la ciudad, lo seguí notando: hablan bien diferente al occidente de Bolivia, y muchos tienen un acento casi tirando a caribeño. De hecho, unos días antes de ir a Santa Cruz, alguien me había dicho “vas a ver lo gracioso que es el acento camba”. Tienen algunas particularidades como hacer diminutivos con “ingo/a” (rapidingo, ahoringa) y aumentativos con “ango” (altango), usar mucho el pues, así como cambiar las “s” por “j” (entonces el pues queda como “puej”, el viste suena como “vijte”). Ese acento a playa me refuerza más esa sensación de verano que me da de por sí el clima. Acento caribeño + calor = me siento en pleno verano.
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No sólo es el clima y el acento de su gente, las diferencias se notan en sus rasgos, en cómo se producen. Me he cruzado chicas de esas que hasta una como mujer se queda mirando por lo linda que es, lo arreglada que va, lo ropa a la moda, el peinado prolijo. Chicas en mini shorts y remeras que muestran la panza, vestiditos cortísimos y tacos más altos aún. Y yo, que el primer día no salí en short porque pensé que iba a ser demasiado.
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Ropa de moda, por todos lados

Ropa de moda, por todos lados

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Santa Cruz es la única ciudad de Bolivia en la que vi locales exclusivos de marcas como United Colors of Benetton.

Santa Cruz es la única ciudad de Bolivia en la que vi locales exclusivos de marcas como United Colors of Benetton.

Además, a las chicas les encanta decorarse las uñas.

Además, a las chicas les encanta decorarse las uñas.

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Y más allá de las diferencias es cómo lucen, lo principal es cómo son, su forma de ser. Antes de ver, además de prevenirme en el tema seguridad, también escuché muchos comentarios despectivos respecto a la gente de Santa Cruz: “los cambas tienen reputación de tontos, opas, superficiales, banales” (no exagero, son palabras textuales), me dijo alguien de Tarija. “Yo nunca estuve allá, no me llama la atención ir. La gente es muy… ¿cómo se dice? Creída, agrandada, se creen que son mejores que el resto del país”, me comentaron en Sucre. Sacaré mis propias conclusiones, les respondía siempre, sin querer dejarme sesgar por los prejuicios de otras personas. Qué pena escuchar que se discriminan en su propio país.
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Lo más sorprendente fue, que a pesar de todas esas críticas, los cruceños fueron los que mejor me cayeron: es la primera ciudad de Bolivia, en la que hice tantos “amigos”, en la que congenio tan rápido con la gente, en la que puedo quedarme ratos largos hablando sin sentir que la conversación es forzada. Los cambas (como se llama a la gente de esta zona del país) son mucho más extrovertidos y habladores que en otras partes, la gente entra en confianza más rápido y no tienen vergüenza en empezar una conversación. Parece que no por nada uno de los significados que le atribuyen a la palabra “camba”, es amigo. Y no sólo me parecieron muy buena onda, conversadores y hospitalarios -según ellos, su característica- sino que acá, jamás los escuché criticar a la gente del occidente. Ellos saben que son criticados, pero para ellos es un orgullo ser camba, y no por recibir críticas están hablando mal de la gente de otras partes del país.
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Estos días en Santa Cruz, por momentos me olvido que estoy en Bolivia. Cuando ando por la ciudad, por esas avenidas anchas, largas y luminosas, con autos modernos pasando, viendo las casas bien cuidadas y bonitas, a veces juego a pensar dónde podría estar. Pero cuando miro más en detalle, y veo a la señora vendiendo jugo con su carrito en la vereda, o un negocio con su nombre y ofertas pintados en el frente (en vez de usar carteles), o un puesto de empanadas en la puerta de un local, o las casas de uno y otro color, vuelvo a la realidad. En Santa Cruz siento que estoy y que no estoy en Bolivia. Miti-miti, como decía mi papá. Siento que juntaron dos realidades diferentes en un solo lugar. Que es un mundo diferente a lo más conocido del país. 
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Autos carísimos..

Autos carísimos..

...y el menor índice de pobreza del país, pero la mayor cantidad de mendigos en la calle que vi.

…y el menor índice de pobreza del país, pero la mayor cantidad de mendigos en la calle que vi.

Hay más vida, movimiento que en otras ciudades. ¿Será el calor? ¿Los más de dos millones y medio de habitantes? ¿Las mayores posibilidades económicas? ¿La gente más amiguera y sociable? No sé qué será, pero Santa Cruz tiene algo. Tiene vida, ritmo, noche, día, movimiento. Calor.

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Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.