DE MITOS Y LEYENDAS (VERDADERAS)

DE MITOS Y LEYENDAS (VERDADERAS)

Hace rato que me di cuenta que me gustan bastante las pelis ambientadas en cierto país, donde uno puede descubrir la historia del lugar, una historia, sus paisajes. En dos horas, o menos, uno se sumerge en ese país y sus recovecos. Así que ahora, aprovechando que estoy en Bolivia, empecé a preguntar por películas nacionales.
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La primera que vi (y que creo además no estaba entre las que me habían recomendado) fue Escríbeme, cartas a Copacabana, una producción alemano-boliviana, tres generaciones de mujeres (abuela, madre e hija) solas, enmarcado por los colores del lago Titicaca, el que vio a emerger a Alois, el abuelo que cruzó el lago Walchensen desde Alemania. Una historia sencilla, que te muestra la vida cotidiana medio real-medio imaginaria, por las calles de una de las ciudades más famosas de Bolivia.
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Yo seguía buscando las otras películas en Internet (no tengo para DVD en mi computadora así que ni preguntaba en uno de los tantos puestos callejeros de DVDs piratas). En Sucre paré en tres casas diferentes, y en la segunda donde estuve, tenía tele con DVD en la pieza, así que aproveché. En la calle uno de los chicos de AIESEC me compró un 5-en-1 de cine boliviano (incluída Quién mató a la llamita blanca, la peli que yo más andaba buscando) y cuando llegué a la casa y le conté a Alex, el chico donde paraba, él me dijo que tenía Cementerio de elefantes, otra que me habían comentado que era muy buena. Casi cartón lleno.
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Acá, el trailer. Si hacen click sobre el título de la peli, la van a encontrar completa.
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Como me suele pasar, la vi en pedazos (soy malísima viendo películas de noche, y me suelo quedar dormida, no se rían), así que la vez que estaba llegando al final, había una escena más o menos así: había dos amigos tomando con obreros en una construcción, y el personaje principal cuenta que por 100 USD vendió al Tigre, su amigo: “el capataz nos dio trago, comida, chupamos como esponjas. El gatiri decía que las ofrendas alejaban a los malos espíritus de la construcción; el Tigre se quedaría para siempre en su última morada, los cimientos del futuro lujoso edificio paceño. Rumorean que debajo de cada gran edificio de la ciudad de La Paz hay un colega, ofrenda a la Pachamama dicen, para que la construcción salga bien, y a los albañiles no les pase nada”. Exactamente lo que me habían contado en Oruro unas semanas atrás.
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Estando con dos chicos de AIESEC en medio-reunión, medio-cada uno en lo suyo, medio-hablando me empezaron a contar historias. O mitos. O leyendas. O costumbres. No sé en qué encajaría. Una de esas historias era que cuando se está haciendo una construcción nueva, se hace un sacrificio en ofrenda a la Pachamama, donde todos los obreros están en una fogata, tomando, y escogen a uno, lo emborrachan más, lo drogan, y lo entierran en los cimientos, para luego seguir la construcción.
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Otra de las historias que me contaron ese día, es que en el Volcán Tatasabaya, cerca de la frontera con Chile, cuando una pareja se casa, su primer hijo es sacrificado dejándolo abandonado a los pies del volcán, para así tener prosperidad, lujos y buena vida. Algo casi inconcebible para mí (y seguramente para muchos más).
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Lo último que me contaron era más parecido a una historia de magia y terror que a algo que pudiera suceder en la realidad:  cuentan que los brujos cacari son conocidos por sacar grasa del cuerpo con la mano sin causar heridas o cicatrices. Uno puede buscarlos en cualquier momento para que te hagan eso, sólo hay que tener cuidado de que cuando es su fiesta de cada año, no tomar demasiado porque puede pasar sin tu consentimiento.
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El tio y sus ofrendas

El tio de la mina de la Iglesia de Socavón, y sus ofrendas (en este caso, de los turistas)

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El cigarrillo que yo le dejé, no vaya a ser que después no podamos salir de la mina…

Siguiendo con las películas, mi último domingo en Sucre fui a ver The devil’s miner (El minero del diablo), un documental alemán sobre Basilio, un nene de 14 años que trabajaba hacía cuatro años en las minas en Potosí. Yo no fui a Potosí (todavía, quien sabe si no caigo de repente) pero en Oruro está la Iglesia de Socavón, y ahí se puede entrar a algunos pasillos de la mina que antiguamente funcionaba, y ver los tíos que ahí están. Esta figura, el tío, es el diablo que adoran los mineros, su protector en el mundo subterráneo, donde ya no entra Dios. Tal como le dice Basilio a Bernardo, su hermanito que también trabajaba en las minas: “Nunca tienes que dejar de creer en el tío. Sino, él te mata”. Entre los mineros, la veneración a esta figura es cosa seria; cualquier tío que uno vea va a estar rodeado de vino, cerveza, coca y cigarrillos, todas ofrendas de los mineros para estar protegidos dentro de las minas y poder encontrar las vetas de minerales. Las ofrendas llegan incluso al sacrificio de animales, para ofrendarle su sangre al tío y que así satisfaga su hambre y no los mate a ellos.
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Coca y cigarrillas en las manos del Tío.

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Un mini-tío, con hojas de coca y cigarrilos.

No serán road movies, no serán historias de viaje. Pero son historias de lugares y de gente. De vida. Y de es se tratan los viajes. *

Otras películas recomendables:
* Quién mató a la llamita blanca: según lo que me dijeron, la mejor comedia boliviana. Habla sobre la pobreza en el país, el racismo, el tráfico de drogas y los medios de comunicación.
* Zona sur: producción boliviana sobre la situación de la clase alta en Bolivia
* Sena quina: peli boliviana, comedia que cuenta la historia de tres estafadores
* También la lluvia: peli española sobre la Guerra del agua en Cochabamba, un problema que hubo en el 2010 cuando una empresa privada quiso controlar el agua potable
* El día que murió el silencio: es la historia de la llegada de un extranjero a un pueblito donde nada pasaba, quien instala una radio para que los vecinos puedan expresar lo que nunca antes contaron.

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.