Viñedos pelados, es espera de la llegada de la primevera.

AL CALOR DEL VALLE

Ya me hice una promesa a mí misma: volver a Bolivia en verano. Me han hablado tantas veces todo lo que hay para hacer en esa época, de lo diferente que es Tarija, de lo verde que es todo, de los carnavales que pasan en tantos lados, de los festejos que se hacen, que ya me convencieron. Algún dia vuelvo a Bolivia a pasar todo el verano y ver todo eso que no puedo disfrutar ahora.
Paisaje camino a Valle de Cinti

Paisaje camino a Valle de Cinti

Paisaje camino a Valle de Cinti

Montañas, caminos en zig zag y nubes

Uno de ellos, es ver los viñedos verdes, a pleno, completamente llenos de hojas y uvas. Ahora todo está marrón, sólo quedan las ramitas entretejidas en las estructuras que usan las plantaciones para hacerlas crecer. Ya lo había visto cuando recorrí algunas bodegas en el Valle de Tarija, y ahora, recorriendo el Valle de Cinti, volvía a verlo. 
 
Esa mañana nos encontramos en Villa Abecia con gente de la IG (Indicación Geográfica) del Valle de Cinti, un proyecto de Fautapo que busca revalorizar la cultura y tradición del singani, trabajando con viticultores, bodegones y emprendimientos turísticos de Villa Abecia, Carrera y Camargo, y promoviendo el turismo comunitario. Así, Angel (articulador de la IG), Marco (Pte. de la Cámara Regional de Turismo de Cinti) y Juan Carlos (encargado de promoción y comunicación de la IG) nos llevaron a conocer algunas de las 80 bodegas de la zona.
Alguna calle en Villa Abecia.

Alguna calle en Villa Abecia.

El lugar me hacía acordar mucho a Valle del Elqui: calor de día, sol fuerte que pega en la piel, atardeceres frescos y noches frías, caminos zigzagueantes entre montañas, viñedos y bodegas. Y muchas historias.
cañon colorado valle de cinti
cañon colorado valle de cinti
Apenas entramos a Cepa de Oro, Doña Carmen Rosa de Rivera, nos preguntó si habíamos desayunado, y a nuestra respuesta de “picamos algo en el camino”, nos hizo pasar al comedor, y nos sirvió té, café, pancito, tomate, jamón, tocino, paté. Como para que asentemos el estómago para las degustacione posteriores. Mientras desayunábamos, su esposo y dueño de la bodega, Don Jaime Rivera nos contaba que en 1880, Don Napoleón Rivera Castillo comenzó a producir y transportar el vino en mula a Potosí, y hoy en día, él es el único nieto que sigue con la tradición, y distribuyen, además de Potosí, a Sucre, Santa Cruz y Oruro.
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Después del desayuno, Don Jaime nos llevó a recorrer sus viñedos, donde tiene plantadas más de 50 variedades de uva, y otros árboles frutales como ciruelas, peras y duraznos, que protege los parrales de la helada y el granizo en invierno, y sirve para que la vid crezca para arriba. Además, según nos dijo Don Jaime, se logra una uva más aromática por la polinización que hacen las abejas entra las frutas. Y debido a las características de la zona, la uva también es más dulce:  en marzo llega a los 14° de azúcar bomé, mientras que en Tarija sólo alcanza los 11°.
Don Jaime, explicándonos sobre sus viñedos

Don Jaime, explicándonos sobre sus viñedos

Viñedos de Cavernet Sauvignon,

Viñedos de Cavernet Sauvignon,

Viñedos pelados, es espera de la llegada de la primevera.

Viñedos pelados, es espera de la llegada de la primevera.

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Árboles frutales para hacer crecer la vid para arriba y protegerlas.

Mientras él me contaba que era fanático del folclore porque vivió cuatro años en Salta estudiando Agronomía, yo sólo me imaginaba caminando entre medio de esos viñedos verdes, sacando duraznos y ciruelas de los árboles, con el Cañón Colorado detrás. Automáticamente, volví a hacerme la promesa: algún verano vuelvo.
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Cuando terminamos la recorrida, Doña Carmen Rosa estaba preparando biblia, un trago hecho con clara de huevo batida y singani. También nos dio de probar una especialidad de la casa, el vino del amor, hecho con una negra misionera, la más tradicional del Valle, traída por los jesuitas. El nombre se lo pusieron porque fue creado el 21 de septiembre, el Día del Amor en Bolivia.
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Chozas para guardar alfalfa para animales en invierno.

Seguimos camino, y unos kilómetros más allá estábamos en la bodega Santa Lucía, cuya historia es bien diferente, y mucho más nueva, a la de Cepa de Oro. Su dueño, Don Hugo Aparicio (me encanta eso de que llamen a todos de Don y Doña), comenzó con el proyecto hace tres años, y pretende que sea mucho más que una simple bodega: en sus planes está construir un complejo con cabañas, mirador, parcelas recreativas, piscinas, una fuente de vino en la entrada, un parque infantil, parrilladas y un salón de huéspedes.
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Don Hugo explicándonos sobre su proyecto.

Mientras descorchaba un vino tras otro, y nos ofrecía pan, aceitunas negras, jamón crudo y queso de acompañamiento -que terminaron siendo nuestro almuerzo-, nos contaba las propiedades del vino: que el tinto es antioxidante y es bueno para el sistema cardíaco, mientras que el oporto es reconstituyente y afrodisíaco. Se ve que el cree fervientemente en sus propiedades, porque para servir el vino tinto sacó a relucir una copa de dos litros de capacidad, donde nos lo hizo degustar. Y se ve que el oporto tampoco es el único afrodisíaco: nos hizo probar retafia, jugo de uva moscatel macerado con singani, más conocido como quitacalzones. Yo, por las dudas, picaba aceitunas, queso y pan entre cada trago que casi me sentía en compromiso de tomar. Ni estoy acostumbrada a tomar mucho, ni me gusta el vino, así que mejor tomar precauciones =)
Vino blanco, aceitunas, queso, jamón, pan, todo listo para la degustación.

Vino blanco, aceitunas, queso, jamón, pan, todo listo para la degustación.

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Don Hugo y su copa de dos litros.

Él fue también quien nos contó cómo empezó la producción de vino en la zona: resulta que cuando llegaron los jesuitas y los franciscanos a la zona, trajeron consigo uvas y empezaron a producir vino para celebrar las misas. Sin embargo, cuando se descubrió el Cerro Rico de Potosí, y se comienzó la explotación de sus minas de plata, la zona se empezó a llenar con gente de plata, que quería vinos y mujeres, por lo que la demanda de vino comenzó a crecer, y es por eso  que todos comenzaron llevando su producción a Potosí (no quisimos preguntar mucho sobre cómo satisfacieron su necesidad de mujeres… =p). Además, el vino se consumía mucho en las minas ya que los trabajadores lo usaban para venerar al Diablo, mejor conocido por acá como Tío, el Dios de la Tierra en la cultura de los urus (la cultura que vivía antes en esta zona), al que se le daban ofrendas de cigarrillos, vino y coca para pedirle permiso para entrar en sus territorios, encontrar el mineral y que no los mate.
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Don Luperio Martinez, dueño de la bodega Ocho Estrellas.

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El recorrido terminó en Camargo, un pueblito súper pintoresco, con calles y callejones un poco laberínticos, una iglesia blanca cuya puerta, raramente para mí, no daba a la plaza sino a una calle lateral, y los cerros colorados, enormes, de fondo.
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Por las callesde Camargo.

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Y terminó con nosotras probando helado de leche, y esperando en el taxi compartido para volver a Tarija. Esperando, porque los taxis compartidos salen cuando se llenan. Porque acá es así, los tiempos son flexibles, los horarios nunca son muy fijos, una hora de reunión siempre puede ser un poco más tarde, y subirse a un taxi compartido nunca da mucha seguridad sobre a qué hora se saldrá. Por lo menos, cuando tienen que sembrar y cosechar para hacer sus vinos y singanis, respetan los tiempos de la naturaleza.

Gracias a la Dirección de Turismo y a La Ojota por llevarme a conocer el lugar. Y a Fautapo por organizar todo el recorrido por el Valle de Cinti.

Si están en Tarija, les recomiendo acercarse a la oficina de La Ojota para averiguar por los tours: Calle Ingavi Nº 340 entre Sucre y General Trigo
También pueden contactarlas al +591-46636451
O al mail laojotasrl@hotmail.com

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.