COLORES DE SAMA

COLORES DE SAMA

A veces siento que hay lugares que parecen puestos donde están por error, que no coinciden con su entorno. Pareciera imposible que haya un glaciar al lado de una capital, plantaciones verdes en medio del desierto, nieve en la montaña cuando a 2hs abajo es pleno verano, un parque nacional gigante a menos de 1 hora del bullicio. La semana pasada, cuando fuimos con Euge y Gabi a recorrer la Reserva de Sama, volví a tener esa misma sensación: un paisaje completamente diferente, una forma de vida distinta, y muchos colores auténticos.

En alguna parte de la Reserva de Sama.

En alguna parte de la Reserva de Sama.

Marrones

La Reserva de Sama forma parte del altiplano tarijeño, y se encuentra en la cordillera oriental sur, o Cordillera de Sama,  a sólo 70 km de Tarija, y a una altura de entre 1800 y 4700 msnm. Lo predominante -además de un frío seco, y un sol que quema- son las mesetas, las montañas y pequeñas plantitas, por lo que el paisaje es, sobre todo, marrón. Desde amarillos ocres hasta marrones tierra, pasando por verdes secos. De claros a oscuros.

Paisajes

Paisajes

Los caminos son totalmente de tierra, y la inmensidad es casi abrumadora. Lugares en los que, de no conocer, resulta muy fácil perderse. Para ir a conocer la zona probablemente hace falta un buen vehículo, pero lo más importante es ir con guía: no hay señalización, prácticamente no hay información sobre la ruta, los desvíos y bifurcaciones aparecen cada tanto, y la gente en las caminos -así como en los pueblos- es muy poca, por lo que perderse seguramente es la primera opción si uno va sin conocer. Nosotras teníamos la compañía de Julián, el Presidente de AAAT, la Asociación de Artesanos y Artesanas de Tajzara, que reúne a 150 socios de 11 comunidades, y de Juan, quien administra las UPA, las Unidades de Producción Artesanal.

Caminos de tierra en Pujzara.
Caminos de tierra en Pujzara.

Durante todo el recorrido, las casas e iglesias de adobe adornan el paisaje, están esparcidas por el altiplano y las laderas de las montañas, algunas en grupitos, otras más solitarias. Algunas comunidades de apenas varias casitas en los alrededores de la plaza, como Copacabana (no el Copacabana de La Paz, acá hay otro Copacabana); otras como Yuticancha, con casas de adobe algunas bien distantes unas de otras; algunas como Pujzara o Charcoya, donde se veían rectángulos gigantes de piedra en las laderas, detrás de las casas: son los cercos de los cultivos de papa, que los protegen de esa forma para que las llamas no las coman.

Pasaje, una de las comunidades.

Pasaje, una de las comunidades.

Iglesia de adobe en Pasaje.

Iglesia de adobe en Pasaje.

Iglesia de Copacabana.

Iglesia de Copacabana.

Cementerio en Copacabana.

Cementerio en Copacabana.

Casas, con sus cercos de piedra para cultivo.

Pujzara, con sus casas y cercos de cultivo.

Pujzara, con sus casas y cercos de cultivo.

Casas, plantas y cercos.

Casas, plantas y cercos.

Ni las plantas llegan a ser verdes. Algo que nos sorprendió, es que ni siquiera hay cactus. Son pocas las especies que logran crecer en altura, con largos períodos de sequía y bajas temperaturas. El suelo está repleto de plantas puntiagudas, que ni llegan a los 50cm del suelo, esparcidas por doquier, y que te pinchan cuando caminas entre ellas. Probablemente, de septiembre a noviembre, el paisaje ea diferente: es la época en que florecen las plantas que usan para teñir las lanas, por lo que seguramente el marrón está salpicado de otros varios colores. Habrá que volver alguna primera para comprobarlo.

Un refugio-albergue-hostal con todo el potencial para albergar gente.

Un refugio-albergue-hostal con todo el potencial para albergar gente.

Azules

En medio de tanta inmensidad, de tanto marrón, de tanto paisaje abierto, aparece el azul profundo. En la Reserva de Sama se encuentran las cuatro Lagunas de Tajzara, de agua salada: Pujzara, Patanca, Grande y Brava. El contraste de esas lagunas en medio de un casi desierto es hipnotizante. Y cuando uno se acerca, y ve los flamencos ahí parados o levantando vuelo, los patos negros nadando, y las vacas en la orilla, el paisaje cobra realismo, y es más hermoso aún.

La laguna asomando en el paisaje.

La laguna asomando en el paisaje.

Una de las lagunas de Tajzara, frente al albergue.

Una de las lagunas de Tajzara, frente al albergue.

Descansando frente a la laguna después del almuerzo.

Descansando frente a la laguna después del almuerzo.

Vacas y aves en las lagunas.

Vacas y aves en las lagunas.

Como en muchos lugares, acá también habitan muchas leyendas. Cuenta la historia que durante la Guerra del Chaco, una guerra entre Paraguay y Bolivia que sucedió entre  septiembre de 1932 y junio de 1935 por el control del Chaco Boreal, todo el departamento de Tarija tenía que participar, así que mandaron a la gente del altiplano para la guerra. Para acortar, quisieron cruzar la Cordillera de Sama, y cuando llegaron a la Laguna Brava se quedaron ahí porque los paraguayos estaban avanzando. Decidieron construir un fortín para guardar su armamento, pero finalmente todos murieron esperando que llegasen los  pilas (como le dicen a los paraguayos); la guerra ya había terminado y ellos nunca se enteraron. Según la leyenda, cuando un soldado de la guerra muere, su alma va ahí. No es un lugar de fácil acceso, y además, dicen que el lugar es pesado, porque está lleno de espíritus.

Por ahí atrás, en el medio de esas montañas, está la Laguna Brava.

Por ahí atrás, en el medio de esas montañas, está la Laguna Brava.

Además, entre los poblados de Pujzara y Pasaje, hay una laguna artificial de agua dulce, creada para un proyecto de cría de truchas y financiada por FCA, un organismo japonés, que les provee otra fuente económica a las comunidades. Todos los miércoles pescan con red las truchas y las comercializan luego en Tarija.

Rosa

A diferencia de la inmensidad del paisaje, y en contraste con  el celeste turquesa del cielo y el agua, los flamencos eran manchitas blancas y rosadas en el paisaje. Dos días antes de ir, Mariano, el Director de Turismo de Tarija, nos había comentado que había ido con su familia la semana anterior y que no habían visto ningún flamenco, pero menos de una semana después, nosotros los encontramos en todos los lagos. Al igual que en Atacama, las lagunas son parte de la ruta migratoria de tres de la seis especies de flamencos que existen en el mundo: el flamenco andino, el de James y el chileno. Los mismos flamencos rosados, cuyo color se da porque sea su color original, sino por su dieta a base de un crustáceo con mucho betacaroteno.

Flamencos tomando sol =p

Flamencos tomando sol =p

Flamencos y pato negro, algunas de las tantas epecies que habitan en el lago.

Flamencos y pato negro, algunas de las tantas epecies que habitan en el lago.

Reposando al sol

Reposando al sol

Levantando vuelo.

Levantando vuelo.

Amarrillo

Aunque era de esperar, me sorprendí. Una de las paradas que hicimos fue en Arenales, unas dunas de arena que se forman por los remolinos de viento que levantan material del suelo y lo depositan todo ahí, en un mismo lugar, formando montañas de arena por donde se puede subir, bajar, caminar, deslizarse. Si todo lo anterior me hacía acordar a Atacama, éste era el broche de oro. La similitud del paisaje era increíble: los colores, el clima, el paisaje, y estas dunas de arena me hicieron acordar a mi primer día allá, mi primer atardecer rosado en medio de tanta paz.
Llegando a Arenales, la dunas de arena.

Llegando a Arenales, la dunas de arena.

Daban ganas de tirarse a rodar =)

Daban ganas de tirarse a rodar =)

Huellas en la arena.

Huellas en la arena.

Flamenos en vuelo

Euge y Gabi en las dunas.

Marcas en la arena.

Marcas en la arena.

Julián en las dunas

Julián en las dunas

Volviendo para seguir el recorrido.

Volviendo para seguir el recorrido.

Blanco

Una de las razones transversales para ir a visitar la Reserva de Sama era conocer la “Producción de artesanía textil competitiva, de calidad, sostenible y con equidad en Tajzara” y las UPA. El proyecto, financiado por la Unión Europea, une estas once comunidades para trabajar uno de sus fuertes: la cría de animales y el uso de su lana para textiles. Es así que, organizados y divididos en UPAs de cría y esquila, teñido y confección, usan la lana de llama, alpaca y oveja para fabricar diversos productos.Durante el recorrido, encontramos un sector de cría de llamas, y nos explicaron las tres razas que se crían: tampulli, que produce lana y carne, cara, de la cual e obtiene carne y charqui -la carne disecada al sol-, e intermedia o mezcla, de la cual se obtiene mayormente carne y algo de lana.*

Tampuli, cara y mezcla, la tres razas de llamas que se crían.

Tampuli, cara y mezcla, la tres razas de llamas que se crían.

Espiando

Espiando

Sus dientes!

Sus dientes!

reserva-sama-bolivia (10)

Y la parejita atrás...

Y la parejita atrás…

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Llamas con sus identificaciones.

Llamas con sus identificaciones.

Multicolores

A través del proyecto y las UPA, surgen los tejidos, lanas multicolores tejidas en telar que se entremezclan para formar diferentes productos. Las lanas vírgenes son teñidas con productos naturales, todos tintes extraídos de diferentes plantas como el quinchamal (que da un tono verde), el eucalipto (para verde, marrón y amarillo), las hojas y corteza de moli (que da un verde claro), y  las hojas de tola (para obtener amarillo o verde). También se usa la chochinilla, un insecto parásito de la tuna (para los rojos, púrpuras, naranjas y turquesas).
Madeja de lana para ser teñida.

Madeja de lana para ser teñida.

Lanas blancas y púrpuras, dispuestas en el telar.

Lanas blancas y púrpuras, dispuestas en el telar.

En Yuticancha, los hombres que trabajan en la UPA de teñido y confección nos explicaron el proceso de teñido: se hace la madeja, luego se la lava, se seca, se tiñe, se ovilla, y finalmente pasa al telar, para obtener mantas y telas en su mayoría. Todavía tienen pendiente aprender sobre confección, para así poder realizar, por ejemplo, vestidos. De esa forma, al ampliar su producción, las posibilidades de comercializar y llegar más allá, son mucho mayores.

Julián mostrándonos cómo usar el telar.

Julián mostrándonos cómo usar el telar.

Ovillos listos para usarse.

Ovillos listos para usarse.

Leucadio Copa, uno de lo señores de la UPA de tejido.

Leucadio Copa, uno de lo señores de la UPA de tejido.

Lanas blancas sin teñir.

Colores y manos a la obra.

Trabajando.

Trabajando.

Leucadio a pleno trabajo.

Leucadio a pleno trabajo.

Tejidos multicolores.

Tejidos multicolores.

Celestes y amarillos, extraídos de plantas.

Celestes y amarillos, extraídos de plantas.

Las mujeres son otra muestra de color, con sus polleras, vestidos, suéteres, delantales, medias, gorros, mantas y chales. Uno las ve caminar por el medio de paisaje, llevando su llama, o acarriando bolsas en la espalda, y destacan como puntos de colores brillantes en el medio del marrón. Me imagino que cada 1 de agosto, cuando es Chaya la Tierra (la Fiesta de la Chaya o Challa), esos puntos multicolores que se juntan y arremolinan deben generar una imagen hermosa, colores de acá para allá, festejando, bailando, celebrando. Ese día, la tierra necesita fortalecerse después del desgaste del invierno, entonces se abre para recibir las ofrendas y venerar, agradecer y pedir a la Pachamama o Madre Tierra. Se abre la tierra y se le da los más importante para ellos: no puede faltar comida, vino, chicha y coca, que luego se tapa para seguir la fiesta hasta la noche. Al día siguiente, se hace un almuerzo especial, donde cada uno lleva su aporte en papa, chuño (papa secada al sol), carne, habas, vino, y así continuar el festejo. Todo en honor a su tierra.

Daisy, una de las nenas que conocimos en Yuticancha.

Daisy, una de las nenas que conocimos en Yuticancha.

Sandra, la herminita de Daisy.

Sandra, la herminita de Daisy.

Las llamas de la familia.

Las llamas de la familia.

Ropas de colores, típico en las mujeres.

Ropas de colores, típico en las mujeres.

Ropas y colores, secando a lo que quedaba del sol.

Ropas y colores, secando a lo que quedaba del sol.

Atardecer en Yuticancha.

Atardecer en Yuticancha.

Con tanta fama que me habían hecho de la zona sobre sus vinos y sus valles, nunca me imaginé que podía encontrar un lugar como este, tan diferente, tan opuesto. Y además, tan único, tan autóctono, tan virgen: la falta de desarrollo turístico logra eso, que sea difícil de alcanzar, pero completamente sorprendente.

Gracias a la Dirección de Turismo y a La Ojota por llevarme a recorrer el lugar.Si están en Tarija, les recomiendo acercarse a la oficina de La Ojota para averiguar por los tours: Calle Ingavi Nº 340 entre Sucre y General Trigo
También pueden contactarlas al +591-46636451
O al mail laojotasrl@hotmail.com

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.