Viñedos de Kohlberg.

UVAS DE ALTURA

Hablar de una ruta del vino probablemente no tendría nada de original y único. Hay muchos países y regiones conocidos por sus viñedos y su producción vitivinícola, pero Tarija tiene una particularidad bastante especial: son vinos de altura, producidos a más de 1800 msnm, conformando una zona sin igual respecto a otras zonas de cultivo de vid (Bolivia es el segundo país más alto del mundo). Y no sólo vinos, sino también un producto único de la región: el singani.
 
Vistas del valle.

Vistas del valle.

La semana pasada, por esas cosas de la vida llamada contactos, conocí a las chicas de una operadora turística nueva, y con la idea de dar a conocer la zona desde un punto de vista externo sobre el desarrollo del turismo en Tarija -con notas que publicaré en un diario de la ciudad-, me llevaron a las recorridas que estaban haciendo para armar sus productos (léase, tours)Resulta que uno de los chicos de AIESEC me puso en contacto con el Jefe de Prensa de una diario de Tarija, él me organizó una reunión con el Director de Turismo de Tarija -que resultó ser argentino-, y él, a su vez, me presentó a las chicas de La Ojota, la operadora de turismo.
 
Uno de los aspectos por los que Tarija es más conocido, es por la ruta del vino y singani de altura. En el mundo, sólo se hacen en tres lugares: Salta y Jujuy en Argentina, y Tarija en Bolivia. Y así y todo, este últimos tiene algo más especial todavía: su historia. A diferencia de los de Argentina, que son nuevos (en Calafate por ejemplo, hace 20 años que se realizan los viñedos de altura), los de Tarija son tan viejos como su poblaciones: la historia se inicia hace más de 400 años con la conquista española, cuando los colonos y las órdenes jesuíticas, franciscanas, domínicos y mecenarios trajeron la vid e impulsaron la fabricación de vinos y singanis.
Viñedos de Campos de Solana.

Viñedos de Campos de Solana.

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Flores fuera de la bodega.

 La idea de la salida era ir a conocer las dos bodegas más industriales y mejor preparadas de la zona, Campos de Solana y Casa Real. Entre charla y risas, casi nos pasamos de Campos de Solana. Veníamos embaladas hablando y casi no lo vemos. Estacionamos el auto, entramos a la casa, y al cruzar una puerta de vitral multicolor, quedamos frente a frente con los barriles de madera de guarda y los alambiques donde se produce el vino. Mientras sacábamos algunas fotos, el grupo que estaba haciendo la recorrida terminó y nos tocaba a nosotras escuchar la explicación: los tipos de vinos que hacían, la tecnología que traían de Francia, que el trabajo de viña es primordial para obtener un buen vino, que las barricas americanas y francesas están hechas de diferentes maderas y por ende dan diferente gusto a los vinos.

Puerta de vitral de entrada a Campos de Solana.

Puerta de vitral de entrada a Campos de Solana.

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Barriles americanos y franceses.

Barriles americanos y franceses.

Máquina manual antigua para moler uva.

Máquina manual antigua para moler uva.

Tanques de guardado

Tanques de guardado

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Guarda de vinos.

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Bodega.

Cuando terminamos, nos subimos al auto y encaramos rumbo a Casa Real. Pasamos el observatorio, Aranjuez, los viñedos de Kohlberg, pero no lo encontramos. Paramos a preguntar en una casa pero no salía nadie, ni el perro se inmutaba cuando tocamos bocina. Pegamos media vuelta y logramos parar a un camión que pasaba en sentido contrario: sólo nos faltaba seguir un poco más, y algo de paciencia, la bodega estaba un poco más adelante. Retomamos el camino y llegamos. Cuando entramos al área de destilación acompañadas de la guía, lo primero que me invadió fue el olor a la uva molida fermentado, penetrante, pesado. Un olor tan volátil, tan oscuro, tan fuerte. Cuando llegamos al sector de guardado, la sensación disminuyó drásticamente; como el aroma se concentra en la bebida, el ambiente es mucho más suave, transparente, liviano.

Viñedos de Kohlberg.

Viñedos de Kohlberg.

Vistas del valle.

Vistas del valle.

Así como Campos de Solana produce vinos, Casa Real se especializa en singanis. Son de la misma empresa, cada uno con sus especialización. Cuando en mis primeros días preguntaba qué era el singani, sólo me decían que era un destilado de la uva, algo que no llegaba a darme una explicación clara porque no entendía cuál era la diferencia con el vino. Esta era la oportunidad perfecta para que alguien me lo explique. Y no sólo eso: como después me habían dicho que era un destilado de la uva moscatel –al igual que el pisco-, ahora también quería saber cuál era la diferencia con éste. En Casa Real me sacaron las dudas. El singani, para ser singani, debe cumplir cuatro requisitos fundamentales: 1) debe estar hecho en Bolivia, 2) debe estar hecho con uva moscatel de Alexandría, 3) tiene que tener 40° de alcohol, y 4) debe ser transparente, brillante e inodoro (algo que se lo da su filtrado y la guarda en tanques de acero inoxidable). Además, su calidad depende de cuántas veces esté destilado: a mayor cantidad de destilaciones, mayor calidad. Así, existe etiqueta roja (un destilado), azul (dos destilados) y negra (tres destilados), siendo la más consumida la azul.
Tanques de acero donde se guarda el singani.

Tanques de acero donde se guarda el singani.

Viñedos y más viñedos.

Viñedos y más viñedos.

El singani se puede preparar de varias formas: en las rocas (sólo con hielo), chuflai (con Sprite o Canada Dry), diana (leche con coco y clara batida a nieve y singani, el que tomamos para San Juan), té con té (té con singani), canelado (agua de canela con singani). El vino, en general, se toma solo. Un mismo origen, una misma historia. Dos productos diferentes. 

Gracias a la Dirección de Turismo y a La Ojota por llevarme a recorrer el lugar.

Si están en Tarija, les recomiendo acercarse a la oficina de La Ojota para averiguar por los tours: Calle Ingavi Nº 340 entre Sucre y General Trigo
También pueden contactarlas al +591-46636451
O al mail laojotasrl@hotmail.com

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.