DE PEREGRINACIONES Y OLVIDOS

DE PEREGRINACIONES Y OLVIDOS

 La primera vez, lo vi en los colectivos: la inscripción “Virgen de Chaguaya” en la parte de atrás de los trufis, el otro nombre que tienen acá los colectivos que circulan en la ciudad. Unos días después, apenas entré al Mercado Central, me la volví a cruzar: un santuario con la misma virgen. Ya necesitaba preguntar qué era eso.
Muchos buses llevan la inscripción también.

Muchos buses llevan la inscripción también.

El santuario en el Mercado Central, siempre con velitas.

El santuario en el Mercado Central, siempre con velitas.

Según la leyenda, en 1750, una pareja de pastores que volvía de trabajar comentando la sequía del año, empezaron a divisar luces, que mientras se iban acercando iban tomando la forma de la Virgen María en la copa de un árbol. Decidieron llevarla a su casa, para al día siguiente descubrir que la imagen ya no estaba más. Volvieron al lugar donde la habían encontrado, y ahí estaba, así que volvieron a llevársela a la casa, para al día siguiente nuevamente darse cuenta que la Virgen había desaparecido. Junto con los vecinos, enterados de los hechos, fueron nuevamente al lugar y allí estaba. Así, decidieron que el único lugar donde podía estar era Chaguaya, el sitio donde había aparecido. Oraron toda la noche mientras más gente del lugar se acercaba, y a la mañana siguiente construyeron la primera capilla para venerar la imagen de la Virgen de Chaguaya. Recién en 1980 se construyó el actual santuario que fue declarado como Santa Basílica.
Iglesia de Chaguaya

Iglesia de Chaguaya

Actualmente, entre el 15 de agosto y el 14 de septiembre, miles de personas recorren los 60km dese Tarija para hacer la peregrinación. También llegan desde otras partes del país, e incluso desde el norte de Argentina. En Tarija, la gente empieza a caminar a las 3 de la tarde, para llegar a Chaguaya durante la madrugada, y estar presente en la primera misa de las 5am. Después de 11 a 15 horas de caminata para llegar a la “Patrona Chapaca” (chapaco se le dicen a los habitantes de Tarija) o “Virgen del Valle”, los peregrinos van a misa, oran, hacen la procesión con la Virgen, se hacen “pisar” -rito que dicen único en el mundo, en el cual los peregrinos se arrodillan, y otra persona pone la imagen de la Virgen sobre su cabeza por unos segundos, en una forma de cercanía y protección- y encienden velas.

El lunes, en ánimo de seguir recorriendo los alrededores de Tarija, fuimos primero a Valle, un pueblito conocido por los vinos (debo admitir que yo me esperaba ir a un valle, y no a Valle… que, ejem, está en un valle), y luego a Chaguaya.  Como estaba con los papás de la casa donde paramos, me llevaron a Casa Vieja, una fábrica de vinos artesanales, y después seguimos camino. El pueblito parecía muy pintoresco, y me hubiese encantado quedarme recorriendo, pero me conozco sacando fotos y no quería que me estén esperando mientras yo iba chocha haciendo click acá y allá. 
Vista de Chaguaya, con su Iglesia predominante.

Vista de Chaguaya, con su Iglesia predominante.

Iglesia de Chaguaya

Iglesia de Chaguaya

Cuando llegamos a Chaguaya, no me imaginaba lo que vi: el lugar parecía un pueblo fantasma, nadie por aquí, nadie por allá, apenas un auto estacionado, y alguna puerta abierta. El resto, todo cerrado. Restaurantes, kioscos, alojamiento. Carteles y ofertas, pero nadie en ningún lado. Y ahora, mientras escribía “la iglesia…” y me acabo de dar cuenta que no entré. Fuimos hasta allá y no entré. Recorrí por afuera, me quedé hablando sobre el día de la peregrinación, saqué fotos, pero no entré, no me di cuenta de entrar a la iglesia ¬¬ (sólo a mi me pasa…).
En los muros de entrada, decenas de plaquitas en agradecimiento a la Virgen.

En los muros de entrada, decenas de plaquitas en agradecimiento a la Virgen.

Placas de agradecimientoa la virgen.

Placas de agradecimientoa la virgen.

Placas de agradecimientoa la virgen.

Lo mismo me pasó cuando fui a Lo Vásquez. En Chile, cada 8 noviembre, se hace una peregrinación hacia la Iglesia Lo Vásquez, a 75km de Santiago en dirección a Valparaíso (que está a 120km), a donde llega muchísima gente de los alrededores. La ruta se corta durante toda la noche, para que los ciclistas y peatones puedan ir tranquilos. Cada año, la peregrinación es más famosa entre ciclistas, tomando cada vez un tinte para deportista que religioso. El primer año que estuve en Chile quise hacerla, pero en esa fecha teníamos un congreso de AIESEC así que como trabajaba me era imposible. El año pasado no tenía nada en la fecha, así que con tres amigos nos organizamos para la cicletada. Salimos a las 12 de la noche desde casa, yo súper cansada porque había vuelto de trabajar a las 10pm, y después de 10hs (de las cuales seis fueron de pedaleo), llegamos a Valparaíso, habiendo pasado antes por Lo Vásquez. Cuando llegamos a Valparaíso y nos pusimos a desayunar frente al mar, Amadeu y Julie, dos de los chicos con lo que iba, nos contaban sobre la iglesia, y que había visto gente entrando arrodillada y arrastrándose. Y ahí me di cuenta: yo no había entrado a la Iglesia. Es más, ni siquiera me había acercado. Sólo paré a descansar un rato, la vi de lejos, miraba el gentío alrededor, miles y miles de ciclistas llegando, gente subiéndose a los buses para volver y atando sus bicis en el techo, vendedores ambulantes de todo tipo, hombres y mujeres de todas las edades, todo rodeado por una neblina fría y espesa de amanecer.
 
Y en Chaguaya, me pasó lo mismo. Aunque esta vez no fui en la fecha de la peregrinación, llegué hasta el lugar y no entré en la Iglesia. La vi por fuera, pero no me di cuenta de entrar. No soy para nada religiosa, pero me encanta ver cómo se viven diferentes religiones y cómo influyen en la vida diaria, conocer leyendas, las costumbres que las rodean, los lugares donde se desarrollan. Sólo voy a empezar a pegarme papelitos de recordatorios para no olvidarme de nuevo algunos detalles.

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.