VEO VEO#1: AROMAS A CASA

VEO VEO#1: AROMAS A CASA

Hace ya casi un mes que empezamos a darle vueltas a esto del Veo Veo. No me había puesto a pensar en ningún momento sobre qué escribir. Creo que estaba esperando a que aparezca, a verlo, a que nazca. El día se acercaba más y más, y nada. Nada de nada. Aromas, seguramente por todos lados. Inspiración, hola qué tal.
 
Aunque dicen que el olfato es uno de los sentidos más asociados a los recuerdos, y que éstos son más poderosos y duraderos que los guardados con la vista, me cuesta creerlo. Siempre me considere una persona visual. Muy visual. Muchas veces rindiendo, me ha pasado de acordarme, como una foto, lo que estaba escrito, y así saber si me faltaba algo que decir o que escribir. Puedo saber dónde estoy por apenas algún cartel que vi al pasar. Tengo una memoria casi fotográfica de mis recuerdos. Y por el contrario, a veces me pregunto si todo anda bien con mi sentido del olfato. No percibo aromas que otros sí sienten. Ni aromas ni olores. A veces ni siquiera ni un poquito. Y si llego a sentirlos, muchas veces tengo que hacer un esfuerzo.
 
Sin embargo, hay uno que nunca se me escapa: el aroma a asado. Cuando empiezo a sentir ese olor, ese rico olor a brasas, a comida asándose sobre la parrilla, mil aromas más me invaden. Olor a verano, a calor sobre la piel, a tereré, a agua fría, a piel mojada, a toallas secándose al sol, a facturas, a familia junta, a césped verde, a revistas de domingo, a mujeres preparando las ensaladas, a risas, a nenes jugando, a charlas, a hombres descansando. Exactamente. En ese momento, ocurre algo extraño y todos los recuerdos, ya sean visuales, auditivos, táctiles o sentimentales (sí, para mí los sentimientos son el sexto sentido) se funden en aromas.
 
Ahora que acabo de empezar otro viaje, miro hacia atrás y veo una sola cosa: ni las fotos, ni los skypes, ni las comidas, ni los lugares, ni nada de nada de nada, me recuerda tanto a mi familia y las reuniones y las risas y las charlas y esos momentos juntos como, de repente, salido de la nada, sentir el olor a asado. Es lo único que me transporta, en cuerpo, alma y mente, desde cualquier lugar que este, con todos mis sentidos, de vuelta a casa. No importa si es verano o invierno, si estoy sola o acompañada, si es de día o de noche, si hay silencio o barullo, si yo estoy al lado de a parrilla o el olor viene de lejos. En ese momento, me rodeo de verano (aunque los asados en casa se hacen en cualquier momento del año), de familia, de cielo celeste, de sol brillante, de palabras amontonadas y carcajadas superpuestas.

Y qué lindo que es que, aunque sea por unos segundos, todo alrededor nuestro se detenga y, estemos donde estemos, nos transportemos a casa. Se ve que los científicos tienen razón en todo eso de lo poderoso que es el olfato, que por la forma emocional en que se relacionan con la situación en la cual lo sentimos por primera vez es que quedan tan arraigados a nuestra memoria. Lo más gracioso de todo, es que hace años que no como asado.
 
* Este post forma parte del ¡Veo Veo!, un juego donde el 15 de cada mes, los que participamos escribimos sobre un tema escogido previamente. ¿La idea? Volver a ser niños durante un rato, una excusa para conocer otros lugares, historias, viajar a otros lugares sentados en casa de la mano de otros viajeros.  ¿Te interesa? Unite al grupo en Facebook, donde elegimos el tema y posteamo todos los veo-veos. Además, podés seguirno en Twitter con el hastag #veoveo.  

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.