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DIARIO AUSTRAL (VI): TAN CERCA Y TAN LEJOS

Ya en Puyuhuapi nos había pasado. La Oficina de Turismo estaba cerrada (pero según su cartel, era el horario en que debía estar abierta), y preguntando a la gente del pueblo sobre el Parque Nacional Queulat, me daban diferentes versiones: que estaba a 40km, que no sabían, que estaba a 23km (y ésta última era la versión correcta). Después, buscando dónde ir a cenar, la mayoría de los lugares estaba cerrado, a otro nos dijieron que no vayamos porque era malo, y terminamos golpeando la puerta en un restaurante chiquito que estaba todo cerrado pero que se escuchaban voces y risas venir desde dentro.

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Coyhaique

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Caminos cerca de la ciudad.

En Coyhaique fue igual. O peor capaz. Es la primera ciudad en la Carretera Austral desde que uno sale desde Puerto Montt, y según había estado leyendo, había varias cosas para hacer. Cuando anoche le preguntamos a la gente del hotel dónde podíamos salir a comer, nos recomendaron el Histórico Ricer, pero como ya eran las 11pm, cuando llegamos estaban cerrando, así que fuimos a la pizzería que estaba cruzando enfrente. Cómo explicarles: la calidez del ambiente, la simpatía de la atención, la calidad y sabor de la comida, la elección de la música (supongo que habrá sido casualidad del día que estaban pasando música argentina), la variedad y lo asertivo – a la vez- de la carta. De esos lugares para repetir sin pensarlo dos veces. Lamentablemente, cuando esta noche quisimos ir, estaba cerrado. El que estaba abierto era el Ricer, así que ahí fuimos. El lugar se veía muy lindo había gente, y si lo habían recomendado, por algo debía ser. Nos sentamos, nos trajeron la carta, al rato se acercó la moza a preguntar qué ibamos a tomar. Ese debió haber sido la primera pista: no tenían ninguno de los vinos que mi papá quería tomar, y las únicas opciones que había eran bastante caras. Tampoco tenían agua mineral (capaz que eso era primera y segunda pista). Con lo siguiente, tendríamos que habernos levantado e irnos a comer un sandwiche al bar de la otra cuadra: dos de cada tres platos, no los tenían (¿?). Es decir, terminamos eligiendo por descarte. Ni aclarar que la comida no era nada del otro mundo, y que encima, era caro. Un fiasco.

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Esa misma mañana, cuando preguntamos en la recepción del hotel qué nos recomendaban para hacer, la chica parecía entre indecisa y sacando respuestas de la galera: “ehhhh, está el río…y…pueden ir a recorrer el centro…y…ehh…un poco más allá está la piedra cara de indio…y…no…nada más…” Gran ayuda. Al viaje me traje varias revistas donde había notas sobre la Carretera Austral (¡gracias José!) y en una de ellas decía que en los alrededores de Coyhaique hay tres lugares increíbles: el Parque Nacional Simpon, el Parque Nacional Coyhaique y la Reserva Nacional Dos Lagunas. ¿Cómo es posible que habiendo vivido toda su vida ahí -como se notaba que la chica no sabía, mi papá le preguntó si era de Coyhaique-, no supiera los lugares tan lindos que hay para pasar el día, hacer un pic-nic, estar al lado del río, salir a caminar…? 

Carretera Austral (368)

Lupines

Carretera Austral (386)

Piñas

Carretera Austral (366)

Carretera Austral (389)

Al final, decidimos ir primero a recorrer un poco en el auto todo el camino que el día anterior no habíamos visto por haber llegado de noche, y estábamos alucinados con mi papá: daba ganas de parar en todos lados, de bajar en cada rinconcito para instalar la mesita y disfrutar el sol, de seguir seguir seguir seguir y no parar. Decidimos volver e ir al Parque Nacional Coyhaique, donde al guardaparque le caímos bien y nos dejó pasar gratis. Avanzamos un poco y encontramos una zona de camping con mini-cabañas de madera, mesas y chimenea, frente al lago. Un bosque de pinos. Más lagos por otros senderos. Árboles cambiando de color y ramas secándose. Caminos de tierra que recorrían el parque y te dejaban ver la ciudad -a sólo dos kilómetros- en el horizonte. Y la chica, se ve que nunca escuchó hablar del lugar. Nunca pensé que algo que se encuentra tan cerca de uno, podría llegar a estar tan lejos.

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Acá podés ver el resto de los post de este viaje:

Diario Austral (VI):Tan cerca y tan lejos

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.