hongos amarillos chile

DIARIO AUSTRAL (V): ENTRE VENTISQUEROS

Después mi papá lo describió como “esos lugares que no sabes si quedarte despierto para disfrutarlo, o irte a dormir para aprovechar la cama”. Siempre me siento en las camas para testearlas cuando llego a un lugar, pero cuando después de cenar me fui a acostar, le di toda la razón: te hundías. Era una cama que te daba ganas de abrazarla, y estrujarla, y remolonearse una y otra y otra vez. No daban ganas de salir, aunque mi papá ya me estaba retando. Como anoche cuando le dijimos a la señora que íbamos a desayunar 8-8:30, y nosotros éramos los únicos huéspedes, no queríamos llegar tarde y haberla hecha levantar más temprano sin sentido.

paisaje puerto puyuhuapi

Saliendo de Puerto Puyuhuapi.

Nos había preparado la mesa del comedor, un ambiente de madera oscura (como toda la casa), con un ventanal al patio y la casa de al lado, decorado con decenas de  objetos diferentes. Por una puerta se entraba desde el living, y por la otra, se iba a la cocina. Una cocina enorme, moderna, de la que venían aromas y sonidos a cocina, a radio, a vida diaria.

Pan blanco e integral, mermelada de naranja y de frutos rojos. Todo casero. Miel, manteca. Queso chanco, jamón. Té, café, leche. Azúcar, edulcorante. No faltaba nada.

Después del desayuno, y con ganas de haberme quedado más días, salimos rumbo al P.N. Queulat. Después de poco más de 20km, llegamos, y como no había nadie en la entrada, seguimos por el camino. Medio adivinando, medio suponiendo, medio siguiendo los carteles, estacionamos, y elegimos uno de los senderos. Llegamos a un mirador y nos volvimos. Queríamos encontrar el sendero que llevase al Ventisquero Colgante, por lo cual era famoso el Parque.  Agarramos otro sendero, cruzamos un puente de maderitas onduleante -que era sólo para cuatro personas- y el camino se dividía: Sendero Laguna Témpano, y Sendero al Ventisquero. Primero agarramos a la derecha y fuimos a ver la laguna, pacífica, quieta, verde agua, inmóvil. No en vano el nombre. A la vuelta, sí, una camino bastante más largo nos esperaba. Empezamos a caminar y caminar y caminar. Subidas y más subidas, hasta que llegamos al primer mirador y mi papá se plantó ahí. No podía más, y si todavía quedaba 1h (como nos había dicho el guardaparque que cruzamos), menos todavía. Así que seguí yo sola: lo hice en menos de 1h y, encima, el camino ya era prácticamente llano. Una lástima. El vestisquero era hermoso, hielo en estado puro brotando de entre las montañas, y la laguna debajo.

lago verde chile

Camino al Vestisquero Colgante

hongos amarillos chile

Hongos…

hongos chile

y hongos…

hongos madera chile

y más hongos (sí, me encanta sacarles fotos)

ventisquero colgante carretera austral

El Ventisquero Colgante

Volví y salimos del parque. Ya estaban los guardaparques, así que pagamos y les pregunté por el Bosque Encantado, otro lugar del parque sobre el que había leído. Nos indicaron cómo ir, y arrancamos rapidito. Ya eran las 4 de la tarde, teníamos 30-40 min de camino de montaña para llegar, y un recorrido de 2hs. Quedé maravillada: realmente era un bosque encantado, de esos de los cuentos que leía cuando era una nena, donde podrían aparecer haditas flotando, duendecitos trabajando, hongos mágicos, mariposas gigantes, un centauro en alguna parte. Árboles cubiertos en verde, lianas, un arroyo, el piso húmedo, el cielo tapado por los árboles, puentecitos y pasamanos de troncos. Todo era parte de un bosque encantado. Después el paisaje empezó a cambiar y salimos a un claro, cruzamos un río y seguimos caminando. A mi papá lo hacía seguir a base de promesas y empujones: ya no había visto el otro, no podía perderse este, faltaba tan poco e iba a valer tanto la pena… Y cuando finalmente llegamos, lo valió: mucho, muchísimo. Más lindo que el Ventisquero Colgante.

bosque encantado carretera austral

Caminando por el Bosque Encantado

bosque encantado parque quelat chile

Carretera Austral (331)

El otro ventisquero

Me hizo pensar cómo a veces se promociona tanto un lugar, y pueden existir otros menos conocidos cien veces mejores. O, a lo mejor, es sólo una cuestión de expectativas: escuchamos hablar, vemos fotos, y una vez ahí, ya se perdió parte de la magia, ya sabemos qué vamos a encontrar, qué vamos a ver, qué se supone que sintamos. En cambio, cuando no sabemos nada del lugar, y sólo vamos para seguir conociendo, para ver qué más hay, pueden llegar las mejores sorpresas. Todo es nuevo, no tenemos ninguna imagen en nuestra cabeza, todo puede pasar. Y asi fue el Bosque Encantado.

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.