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DIARIO AUSTRAL (III): LOS SEÑORES DEL BARCO

Es martes a la noche, y con mi papá desplegamos la mesita, unas sillas, prendemos la linterna, y nos instalamos a comer algo al lado del muelle en Hornopirén. Abrimos unas cervezas, mi papá se arma un sandwich de jamón y queso, yo piso unas paltas (que quedó en el intento, todavía le faltaban madurar) y miramos el mar. Negro, unas lucecitas a la derecha del pueblo, el ferry que tomaremos mañana varios metros allá mar adentro, y dos perros haciéndonos compañía y pidiendo por comida.

ferry hornopiren

La rampa de embarque, por la noche.

En ese momento, aparece un señor, con pinta de trabajador en el barco. Nos saluda, mi papá lo invita una cerveza. Nos cuenta que se llama José Humberto, que trabaja en el barco, que está esperando que lo vengan a buscar para ir allá. Hablamos un poco de Argentina, otro poco de Chile, compartimos un rato la espera, y se va.

Hoy en la mañana, es nuestro turno de abordar el barco. Cuando nuestro auto ya está adentro acomodado, salimos a recorrer el barco, y a buscar donde enchufar nuestras cosas para cargarlas. Entramos a la sala, y ahí dejamos todo, lo volvemos a encontrar a José, yo salgo por mi ansiado desayuno. Cuando termino, salgo a dar más vueltas por el barco, a sacar fotos. En un momento, lo pierdo a mi papá, y al rato lo encuentro en la cabina del capitán, charlando animadamente. Se llama Pedro, y nos cuenta que en esa zona valoran mucho a Pinochet ya que fue él quien inició la construcción de la Carretera Austral y unió todos esos pueblitos y caletas casi inaccesibles, hablan con mi papá un rato de política, de Argentina y de Chile,  después nos dice que ahora está sólo haciendo un reemplazo, pero que si no, normalmente los períodos de trabajo son 30 días en el barco/10 días de descanso, nos enumera varios países donde trabajó y me quedo sorprendida de todos los lugares donde estuvo.

perro hornopiren

Él, tranquilo.

amanecer hornopiren

Hornopirén, en la mañana

Más tarde, me encuentro a mi papá charlando con José, y justo los engancho en una parte de la conversación cuando él está contando que trabajó en Nigeria, en Australia, en Japón, y en vaya uno a acordarse qué otros países. De nuevo, me quedo sorprendida, lo veo, un señor grande, trabajando en un barco, y pienso. Pienso en qué cantidad de trabajos que hay, cuántos tipos de profesiones, cuántas maneras de ganarse la vida. Cada vez estoy más convencida de que existen todo tipo de trabajos y para todo tipo de personas. Trabajos en oficinas, trabajos desde casa, trabajos adentro, trabajos al aire libre, trabajos en barcos, en minas, construyendo caminos. Trabajos enfrente de una compu, trabajos con las manos, trabajos con la lógica, trabajos con el arte. Hay tantas acepciones de trabajo como personas quieran darle significado.

José Humberto y Pedro, los señores del barco, me enseñaron un nuevo tipo de trabajo, y una nueva forma de viajar.

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.