MI CAJITA FELIZ CUBANA

MI CAJITA FELIZ CUBANA


“Un paseo por las calles de una ciudad en el extranjero, guiado por las indicaciones de la intuición, resulta mucho más gratificante que una excursión planeada según lo ya probado y experimentado. Ese paseo es algo totalmente distinto de un vagabundeo al azar. Dejando los ojos y los oídos bien abiertos, uno permite que sus gustos y sus rechazos, sus deseos e irritaciones inconscientes, sus pálpitos irracionales lo guíen cuando hay que optar entre doblar a la derecha o a la izquierda. 
Uno se abre camino en una ciudad que es sólo suya, que le depara sorpresas destinadas sólo a uno.Y descubre conversaciones y amistades, encuentros con personas notables. Cuando uno viaja de esta manera es libre; no “debe” ni “tiene que” hacer nada. Tal vez la única estructuración es el horario del avión al partir. A medida que se despliega el dibujo de la gente y los lugares, el viaje, como una improvisada pieza musical, revela su propia estructura y ritmos internos. Así se prepara el escenario para los encuentros que brinda el azar.”
 

 Stephen Nachmanovitch, Free Play: la improvisación en el arte y en la vida” 

Cuba para mí fue como un cuadrado, un cuadrilátero, en el cual estaba siempre parada en el medio, y con cada situación me acercaba más a una u a otra punta. Una mezcla entre gracioso, ilógico, reconfortante y frustrante.


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Contrastes, una de las palabras que mejor identifica Cuba a mi parecer


Mi última semana en Cuba le agarré prácticamente rechazo a hablar con gente del lugar, especialmente hombres. Cada vez que alguien se acercaba apenas los miraba a la cara y respondía con monosílabos. Cansada de que todo el mundo me pregunte ¿sos de España? y de que terminen en el 90% de los casos ofreciéndome casa o restaurante o tour o salir a bailar o alguna otra cosa, muchas veces me sentí en ese extremo del cuadrado, cansada, agotada, sin comprender (o sin querer comprender) esa realidad, viviendo el choque cultural a pleno y sintiéndome frustrada, tratando de sacar energías para seguir viaje y ponerme en modo “disfrutar” y poder saltar a los otros lados del cuadrilátero.

Para mi, que lo más lindo, lo que más me fascina, lo que más rescato y aprecio de un viaje es poder interactuar con la gente del lugar, poder vivir con y como ellos durante el tiempo del viaje, entender cómo viven y por qué viven de esa forma, la vida callejera, las puertas y ventanas abiertas invitando a espiar (o por lo menos intentar darme ese lujo) para meterme en ese mundo privado aunque sea por un ratito, me daba pena y frustración sentir que lo difícil que se hacía, lo que costaba sumergirse en la vida local durante aunque sea 20 días. 

Sin embargo, a pesar de esas situaciones, de algunos malos ratos, de la impotencia, enojo y tristeza que sentí varias veces durante el viaje, tengo bien atesorados los buenos momentos que pasé, la gente bonita de alma que conocí, esas familias que me hicieron parte por algunos ratos, a todas esas personas que me crucé en el viaje que me enseñaron algo con sus historias, sonrisas y momentos compartidos. Todos ellos, cubanos por supuesto.

* El ayudante de taxista que sabía 4 idiomas, La Habana: además del obviamente español, sabía inglés, francés y alemán. Me cuesta descifrar qué fue lo que más me llamó la atención: si el hecho de la sana envidia (una de las cosas que más quisiera aprender en este mundo, es a hablar fluídamente varios idiomas), lo raro que me parecía que alguien que sepa tantos idiomas se dedique a ayudante de taxista, o justamente todo lo contrario. Este tipo de personas me resultan inspiradoras y me descolocan por varios minutos.


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Una foto representativa de los típicos taxis de Cuba

* La señora que me invitó a pasar, Trinidad: volvía caminando tranquila a casa, después de visitar un museo, cuando me la crucé. Una mujer de unos 90 años, asomada en la puerta de su casa. Le pregunté si podía sacarle un foto, y no sólo me dijo que sí, sino que me invitó a pasar a su casa. Me la mostró de punta a punta, me invitó a sentarme con ella a conversar me contó su historia con su marido, lo que había viajado con él, su familia, me mostró fotos y postales que amigos de otros países le enviaban… Cuando volví a la calle para seguir camino, de repente sentí que volvía a la realidad, sentí que me despertaba de un sueño, por alguna extraña razón lo había sentido muy surreal… sin embargo, le prometí a la señora que volvería a ir a su casa. Tan surreal me habrá parecido, tan de ensueño habré sentido la situación, que no volví a encontrar la casa, ni ese día ni la siguiente vez que volví a Trinidad…

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Posando, segundos antes de invitarme a pasar…

El nene histérico con las fotos, Trinidad: con Liester inauguré las fotos para mandar por carta y volví a sentir que tenía 10 años, cuando tenía amigos por correo.  Asomando entre las rejas de la ventana estaba él, sonriéndome, mirándome como pidiendo una foto. Posaba, y al tercer disparo se empezaba a molestar, pero cuando dejaba de sacarle fotos no pasaba ni un minuto que ya me estaba posando de nuevo. Y así, durante un largo rato, mientras sus papás le pedían que se decidiera y no se escondiera así yo podía sacarle una foto y mandársela por postal.

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Liester, jugando
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Me estaba yendo, y seguía posando =)

* El nene feliz con los caramelos, Trinidad: cuando mi papá me dijo que llevara caramelos a Cuba para darle a los nenes, sinceramente me esperaba otra cosa. No me imaginaba a nenes cruzándote en la calle y pidiéndote “caramelas” como les dicen ellos casi como una orden, no me imaginaba mujeres diciéndote “dame caramelos para mi nieto” como desafiándote, no me imaginaba que si no les dabas te miraban  con cara de enojados, ni me imaginaba tampoco que si les dabas ni siquiera te decían gracias. Por eso, cuando con Mehmet y Semih fuimos un tarde a averiguar por unas bicis para ir a Playa Ancón, me alegró tanto el corazón ver que el hijo de la mujer que nos iba a arrendar las  bicis ni siquiera sabía si recibir el caramelo que Mehmet le estaba ofreciendo mientras jugaba con él, para finalmente regalarnos una sonrisa llena de felicidad, agradecimiento y timidez por algo que no se esperaba.  

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Mehmet jugando con él
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Con su mamá

* El matrimonio, Remedios: ya conté sobre ellos. De la nada, me invitaron a pasar, me dieron agua, me senté con ellos a ver el noticiero del mediodía mientras picoteaba algo y hablábamos… Es el ejemplo de personas que me hace pensar si este tipo de situaciones pasa en Argentina, si los extranjeros que visitan nuestro país se irán con este tipo de recuerdos, si en algún pueblito por ahí tendrán abiertas las puertas y le ofrecerán ayuda y tiempo a algún viajero andante, si yo misma le ofrecería agua y comida a algún turista que veo paseando… Es el tipo de personas que me hace querer ser así, que me hace querer volver ya a casa y repetir esos gestos y seguir la cadena de amabilidad.


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La mujer no quiso salir!

* Los nenes y sus papás, Remedios: sobre ellos también conté. Esta familia fue una de las que más me marcó en el viaje, ya que a pesar de tener prácticamente nada material (la casa parecía que se caía en cualquier momento, apenas si tenían unas camas y unos banquitos donde sentarnos), tenían mucho cariño, amabilidad, amistad y conversación para dar. Me contaron sobre el país, sobre familiares en el extranjero, me preguntaron por mí, me compraron barras de maní para que pruebe, me regalaron un billete de 3 pesos cubanos con la cara del Che… ellos me hicieron seguir confiando en la gente, en los pueblitos más chiquitos, en la amabilidad y desinterés de las personas, en lo lindo que es conocer gente local…

  
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Mailin y William
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* Los del domino, Santiago de Cuba: por ellos hice un post entero. Simplemente, fueron mi familia y amigos por tres días. Me hicieron divertir en el momento más triste del viaje, me conversaron, me enseñaron a jugar dominó, me hicieron reír, me hicieron pensar, me tuvieron paciencia, me regalaron frutas, me prepararon el almuerzo una y otra vez, me dieron una cama para dormir la siesta, me consiguieron dónde pasar la noche, me convidaron cerveza alguna noche, me hicieron conocer música… un gran combo =)

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En plena partida
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Foto recuerdo antes de irme, con mi familia postiza por unos días

* La pareja conversadora, Cienfuegos: El señor era uno de esos locos lindos que uno no se cruza a menudo, de esos que no te hablan serios y vos nos sabes si reírte o no. Tenía un celular moderno que apenas él sabía usar y se reía de él mismo porque no lo entendía, andaba con el pelo parado con gel, y gafas de sol dentro de la casa, además de maldecir a Castro y todo su gobierno dándose vuelta por la puerta para ver que no haya nadie porque “si me escuchan diciendo esto… uffff, pero son unos hdp!” Más risas que otra cosa. Y su señora, todo un amor. Le negociamos desayuno de pan y mermelada con el arriendo de la pieza, y al día siguiente teníamos además leche, frutas, jugo natural… demasiado felices nosotras desayunando, mientras nos contaba que ella seguía estudiando y perfeccionándose en su carrera de Ingenieria por si algún día el gobierno caía y valía la pena ejercer su carrera (por la que ahora recibiría, en un mes, lo que gana en un día arrendando piezas). La experiencia perfecta en una casa particular.

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No tengo fotos de ellos así que van atardeceres en Cienfuegos
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* El señor con el que baile salsa, Camagüey: tan simple como estar en un bar escuchando música y viendo gente (mayor) bailando (super) bien salsa, para que un señor vestido de punta en blanco me saque a bailar, cual si fuese un abuelo sacando a la nieta en su fiesta de 15, y enseñándole a bailar el vals… pero bastante más divertido =)

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Lección de salsa cubana
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Cada uno de ellos fue llenando un casillero en el viaje, poniendo su parte en esta cajita feliz de recuerdos; me siguieron demostrando que las cosas más bellas de viajar se descubren caminando, dejándose perder (y por ende, encontrar), permitiéndonos que el camino fluya, dejándonos libres a los encuentros fortuitos. Todos y cada uno de ellos me re-afirmaron que los mejores recuerdos de un viaje nunca vamos a encontrarlos siguiendo los pasos de una guía de viajes, que nuestra cajita feliz no es un combo que se puede conseguir en una guía de viajes, sino una experiencia única y personalizada hecha a nuestra propia medida, camino e intuición.

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.