OYE NIÑA... Sobreviviendo en Cuba

OYE NIÑA… Sobreviviendo en Cuba

Los primeros días en Cuba me costaba mucho sentarme a escribir, cada vez que agarraba lápiz y papel, o la compu, me salía escribir sólo una cosa: cuán shockeante me sentía por estar en Cuba, las diversas situaciones que había estado pasando, y mi percepción general del país. Sentía que cada vez que intentaba, me costaba mucho ver el lado positivo del lugar, estaba demasiado obnubilada por situaciones “feas” y me costaba mucho, al poner en la balanza, que lo positivo pesara más que las cosas negativas. Por eso, creo que también no haber podido subir ningún post desde allá, de haberme tomado ese tiempo y distancia para escribir, me hizo separar un poco los hechos, algo así como si fuese la “pelota de cosas lindas” y la “pelota de cosas feas” para ponerlas en la balanza y pensar en Cuba como un lugar turístico por un lado, y recordar la realidad socio-político-económica por otro y tratar de no mezclarlos.

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Mi choque cultural pasó de fascinamiento a rechazo en muy poco tiempo, algo así como cuestión de un par de días. Los dos o tres primeros días estaba muy bien, simplemente acostumbrándome al calor, la humedad y la insistencia de la gente. Sin embargo, poco a poco muchos detalles empezaron a aparecer y se hicieron cada vez más intensos y muchas veces molestos. Me costaba mucho sentarme a escribir sobre el viaje, mi visión estaba demasiado nublada por las cosas que se iban sucediendo y no sabía si estaba bien escribir (o si yo me sentía bien al hacerlo) de una forma tan negativa acerca de un lugar.

No digo que Cuba sea un país que no valga la pena conocer, que todo allá sea malo. Todo lo contrario. La situación es muy diferente a la de cualquier otro país, y la realidad económica, política y social que están viviendo configura la sociedad de una forma muy particular (como en todos lados en realidad). No creo que sean excusas ni que eso los justifique, pero  muchas veces me veía abrumada por las situaciones, que se sucedían cotidianamente, en todos los ámbitos, condiciones y circunstancias imaginables.

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Uno puede desde sentirse en una película antigua…

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a sentir que todos los edificios alrededor colapsan en cualquier momento.

Algunas cuestiones eran básicas o, mejor dicho, si mayor implicancia o relevancia, tales como dificultades con la Internet –sólo hay en lugares muy específicos como un hotel o central de comunicaciones, y hay que comprar un tarjeta que sale 6 USD la hora, de conseguirla, te da un Internet de conexión extremadamente lenta-, cambiar dinero –en realidad sólo si llevás dólares, ya que perdés el 10% porque te lo retienen-, y una calidad bastante cuestionable en atención y servicio al cliente (en restaurantes y casas particulares sobretodo). 

Sin embargo, hubo dos situaciones que me marcaron, y me rodearon todo el viaje, cada día, y ni un solo día dejaron de impactarme: el sentirme como un billete con patitas todo el tiempo, esa sensación de que siempre quieren sacar ventaja con la plata, que quieren cobrarte de más, y por otro lado, la sensación de acoso y falta de respeto por muchos hombres, el hecho de que los hombres te estén piropeando –de una manera no agradable- todo el tiempo, y que quieran hacerte entender que la estarías pasando mucho mejor si estuvieras con un cubano que, sumadas, no hacen una buena combinación para sentirse cómoda, relajada y a gusto en un lugar.

La primera situación, el sentirse un dólar andante, se vive en todo ámbito: desde que el pasaje en bus para extranjeros es más de cuatro veces más caro que para locales –además de que son empresas diferenciadas y no te dejan tomar los buses que toman los cubanos, pero si viceversa-; ir a cenar y que te cobren el doble de lo que cobrarían a un local; que los bici-taxis le cobren a los extranjeros entre 5 y 10 veces más, que te quieran subir el precio de un taxi por ser “época de ciclones”, que te digan que te van a cobrar en moneda nacional pero te muestran un billete de CUC (en Cuba hay dos monedas, casi como una para extranjeros y otra para locales, y la relación es 25 MN –peso cubano- es 1USD), además de no poder hacer una cuadra sin que te ofrezcan u hospedaje o restaurante o taxi o city tour o bicis o artesanías o lo que sea, según la ciudad de turno. Después de unos días rodeado de estas situaciones, lo que empieza a molestar no es el precio en sí, sino la actitud de querer siempre sacarte más plata por ser extranjero, y de mentirte para eso. La diferencia a lo mejor no es tanta, pero cuando uno viaja barato y quiere ahorrar lo más posible, es un poco molesto que en un país donde las cosas son baratas, darte cuenta que te están inflando los precios en absolutamente todo por ser extranjero.

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La diferencia era con los taxis… 
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en el terminal de buses


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con los bici-taxis…


Como plus, están los jineteros, personas que se les “cuelgan” a los turistas ya sea desde guías turísticos hasta llevándolos a hoteles o restaurantes por un precio aumentado para luego quedarse con esa diferencia, pasando por hacer negocio con los taxistas para cobrarle más al extranjero y luego dividirse la plata. Hasta he llegado a escuchar que un jinetero puede considerarse cualquier persona que vende productos/servicios que están fuera de la ley cubana, desde pedir regalos para luego venderlos hasta la prostitución. En resumen, son las personas que viven de sacarle plata a los extranjeros. Muchas veces es muy obvio porque se te acerca alguien para recomendar un restaurant en forma muy particular, pero después de unos días de seguir creyendo que hay gente cubana que se te acerca en la calle pura y exclusivamente para hablar y al rato te están ofreciendo o pidiendo algo, uno termina por creer que siempre va a terminar de esta forma. En Santa Clara nos pasó que, llegando al restaurante al que queríamos ir y viendo que estaba cerrado, un chico se nos acercó y nos empezó a recomendar un paladar (restaurant privado) y nos empezó a preguntar de dónde éramos, así que cuando le dije que era de Argentina me comentó que tenía una novia de Buenos Aires que estudiaba medicina en Córdoba (lo cual sonaba bastante raro ya). A los días, estaba yendo en bici-taxi al terminal y nos cruzamos al chico en cuestión. El señor del bici-taxi lo saluda y yo le comento que lo conocía y lo que me había dicho… a lo que el señor me dice: “Pfff que mentiroso! Está de novio con una chica cubana de acá!” Otra anécdota a la lista de por qué empecé a desconfiar de la gente que se me acercaba. 

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A la salida del terminal de buses era muy típico encontrarse jineteros

como mujer, lo peor, lo que más una sufre, es el acoso . Ni siquiera sé cómo llamarlo, porque a veces te hacen sentir como si estuvieses ahí en busca de hombres. Desde el normal “linda” y “hermosa”, pasando por los chiflidos y silbidos constantes, hasta que te inviten a salir a bailar en el medio de la calle o tener que esquivar un tipo en la calle porque te tira la boca. Incluso, que te pregunten si conociste un cubano, o si querés conocer un cubano, o si estuviste con un cubano y que, a pesar de que les diga que tenés novio o que no estás en busca de eso, ellos insistan con que “la pasarías mucho mejor si conocieras un moreno” como ellos. Palabras textuales de un tipo que iba en el auto que nos levantó a la vuelta de unas cascadas porque llovía. 

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La belleza de lugares así a veces quedaba empañada por cierta situaciones…

Poco a poco, las cosas fueron juntándose, aumentando mi molestia e incomodidad al vivir esas situaciones, especialmente cuando pasé de estar con dos chicos viajando a, de repente, estar sola y sentir, en sólo un día, todo junto. La gota que rebalsó el vaso fue lo que me pasó en Santiago de Cuba la primera semana, cuando estaba sentada leyendo y de repente veo un señor de unos 50 años en la vereda de enfrente masturbándose mirándome. Me dio tanta bronca, impotencia, rabia y angustia a la vez, que no sabía cómo reaccionar, que hacer, para dónde ir, ni siquiera ya me sentía cómoda como para confiar en alguien. Por primera vez en un viaje, sentí que si me cambiaban el pasaje y me decían que tenía que volverme al día siguiente, no iba a tener problema.

Me daba mucha pena sentir tantas veces que ya estaba agotada, que no estaba disfrutando al 100%, que cada vez que alguien me preguntaba qué tal me parecía Cuba y cómo lo estaba pasando, si quería decir cosas lindas no me salían genuinamente, y en vez de mentir prefería decirles la verdad de la forma más delicada posible. Y lo que más pena me daba, era sentir que todo eso era por las personas que fui cruzando y por ende las situaciones que pasé. Muchas veces dije que para mí las personas son lo que realmente hacen las experiencias, la gente que uno cruza en su camino es lo que más vale la pena y enriquece, y una de las cosas que más disfruto de viajar es conocer gente local (por algo siempre uso CouchSurfing) y en Cuba sentía que poder conocer alguien de forma sincera y desinteresada era muy difícil, lo que me daba mucha lástima e impotencia; me sacó prácticamente las ganas de hablar con la gente, y se tornó en evitarlos, ser indiferente o responder lo justo y necesario.

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Quería estar en lugares tranquilos..

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que todo sea transparente…

El haber sido sincera con la gente cuando me preguntaba qué pensaba de Cuba, también me ayudó a entender el porqué de muchas situaciones que uno vive, y cómo viven ellos. Cuando uno empieza a hablar con la gente, y entiende que el sueldo promedio en el país es de 15-20 USD mensuales, y el máximo que pueden ganar es 40 USD (exacto, tienen un tope, si ganan más se lo recortan), uno entiende que recurran a los turistas y les cobren más, porque lo que normalmente una persona haría trabajando un mes entero, otra que alquila piezas a turistas en su casa lo hace con una noche de arriendo únicamente. Evidentemente, la diferencia es obvia, y es lo que lleva a la mayoría de los cubanos a relacionarse con el turismo y los extranjeros de una u otra forma, y lleva a pensar cuán fallido es este sistema si prácticamente obliga a las personas a que, por más que tengan un título de ingeniero gracias a la educación gratuita del país, no les sirva mucho y piensen dos veces antes de dedicarse a su carrera si van a ganar 30USD mensuales por 8hs de trabajo y esos 30 USD tienen que invertirlo en el transporte… para ir a ganar esos 30 USD.

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Pizzas a 0,20 USD, algo a lo que todavía como turista uno puede pagar precio local
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Lo mismo que en cualquier mercado o puesto de comida de calle (aunque no creo que alguien se anime a comprar carne sin refrigerar haciendo 35°C)

Todo esto genera algo así como un “doble sistema” donde hay una moneda nacional -MN- para el cubano y un peso convertible –CUC- para el extranjero, pero al ser una isla y carecer de producción propia de muchos productos la gente necesita CUC si o si para comprar ciertas cosas como un jabón o un lápiz. Pero, recordemos, el gobierno pone un límite a los ingresos por persona, por lo que tener que pagar 2USD por un shampú cuando el sueldo es de 20 USD, es un gran porcentaje. La gente pareciera obligada a recurrir a los extranjeros para poder sacar esa plata de diferencia que necesitan para vivir.

Un día después de ver la cantidad de derechos coartados que tienen los cubanos, hablando con gente local, comenté que el gobierno era una dictadura –hace más de 52 años que están en el poder-, a lo que ellos me miraron sorprendida y me dijieron algo así como “shhh ¡eso no podés decirlo!” . Por más que haya cosas excelentes como educación y salud gratuita, seguridad y que la gente no pase hambre en sí (no vi ni una indigentes en la calle por ejemplo), les limitan otras tantas cosas esenciales a las que uno está acostumbrado hoy en día: poder expresar libremente una opinión política, salir del país simplemente por vacaciones sin necesidad de una justificación familiar o de trabajo, la libre conexión con lo que sucede en otro países. Cuestiones lógicas para muchos de nosotros hoy en día, y que la mayoría de los cubanos nunca vivió. 

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50 años más de Fidel en el poder. Si esto no es dictadura…

 

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Grafittis populares

Por otro lado, el acoso no sólo lo sufren las mujeres. Si una como mujer está acostumbrada a salir a bailar y que sean los chicos los que se le acerquen a una, en Cuba vi como nunca chicas encarando extranjeros. Preguntando un poco, se da por dos cosas: una es obviamente el gran deseo de mucha gente de irse del país (no hay persona que no te cuente que tiene un hijo-novio-marido-primo-hermano viviendo en otra parte del mundo, sobretodo Europa, USA y América Latina), que los lleva a querer conocer extranjeros con la esperanza de casarse y así poder irse del país, y por otro lado es la costumbre que los mismos turistas han implantado de ir a Cuba por turismo sexual por lo barato y conveniente del país (y así, ver chicas cubanas de 20 años con gringos de más de 50 en bar), y entonces acercarse a un extrajero lo ven como una forma rápida de ganar plata.

Sé que muchos pueden decirme “eso es algo que pasa en muchos países” y sé que es cierto. Sin embargo, nunca me había pasado que sea tan constante, tan evidente, tan… agotador. 

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En todos lados en más barato comprar en un mercado…
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que comer en restaurantes…

 Cuba fue un país que me agotó como nunca, física y mentalmente, pero que me permitió conocer otra realidad totalmente diferente a alguna que haya vivido antes. Creo que esa es la gracia de viajar, abrirse a nuevas realidades, expandir nuestro mundo, ver que lo “normal” en casa no es la norma en todos lados, que la gente aprende a vivir y adaptarse a las circunstancias en las que vive. Después de todo, cómo veamos nuestro alrededor y lo que aprendemos de eso depende de si vemos el vaso medio lleno o medio vacío.

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.