(NO TAN) JUEGOS DE NENES

(NO TAN) JUEGOS DE NENES

Cuando era chica, como muchas nenas de mi edad, mi tiempo libre se pasaba entre juegos de todo tipo: muñecas, la escondida, las cartas, la mancha, las bolitas, saltar la soga, el elástico, la pileta en el verano… Y desde esos años, mi imagen de Chuchi, mi abuelo paterno, es verlo haciendo asado o matambre al disco, inventando y creando cosas a partir de lo inimaginable (encuadernando libros, haciendo cosas de decoración, herramientas y cualquier cosa que uno necesite o no), cuidando su huerta, comiendo juntos y enseñándome y jugando conmigo, mi hermano y mi papa a las cartas y al yenga. Desde que llegué a Cuba, volví a notar eso que ya vi en otros lugares y que además me hace acordar mucho a él: hombres mayores reunidos, jugando. En Rafaela, mi ciudad, muchos juegan a las bochas. En Porto Alegre me los encontré jugando damas. En los barrios donde trabajaba en Nairobi, Kenia, los veía jugando algo (no me acuerdo bien qué) con dados. En Bogotá crucé algunos jugando ajedrez. Y ahora en Santiago de Cuba me los encontré jugando dominó. Y siempre, siempre, son hombres.

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Jugando a las damas en Porto Alegre

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Ajedrez en Colombia
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Específicamente él me hace acordar (demasiado) a mi abuelo paterno
En mi primer tarde en Santiago de Cuba, después de tener un episodio bastante desagradable (me senté un rato a leer mi guía de viajes y cuando corro la mirada, en la vereda de enfrente había un señor mirándome masturbándose -sí, con todas las letras, no exagero-), me quise alejar de la parte turística y me fui a caminar sin rumbo, triste y con una sensación de impotencia, sobretodo con ganas de estar rodeada de “gente buena”. Después de caminar por el malecón, el paseo junto al mar, doblo en una esquina y a las dos cuadras los veo. Un grupo de hombres jugando dominó en un mesita en la vereda a mitad de cuadra. Señores que podrían ser mi abuelo, que me hacían acordar mucho a él de hecho, con bigotes, su bermuda, sus chancletas, su musculosa blanca (o directamente en cuero por el calor que hacía), con sus arrugas por los años pasados. Concentrados en cada ficha, en cada movimiento, en cada número. 

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Y los encontré…
 
La primera vez fue en Santa Clara. Recién volvíamos del hospital por la caída de Semih, y Mehmet se fue a tratar (si, tratar, ya nos habían dicho que no íbamos a conseguir) de conseguir vendas elástica para la rodilla de Semih, así que yo aproveché a salir a dar una vuelta por la ciudad antes de nos fuéramos a cenar. Después de recorrer un poco, ya de camino de vuelta, los veo. Un grupo de señores jugando dominó. Cuatro sentados, algunos otros parados alrededor mirando y especulando cuál sería la mejor jugada y cuáles serán los próximos movimientos. Me acerco a verlos jugar y después de preguntarme de donde soy, me empiezan a contar sobre sus hijos que están en España, en Brasil, los viajes planeados para ir a visitarlos, sus esposas que los están esperando en las casas.


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La primera vez que los encontré..
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Y en Santiago, igual. Me acerco, los miro jugar y les pregunto si puedo sacarles una foto. Al ratito, ya me estaban preguntando si se jugar y si me quiero sentar a jugar una mano. Y yo que creía que era un juego de nenes. Que era simplemente hacer coincidir los lados de las fichas, que se terminaba cuando alguno se quedaba sin fichas o cuando ya más nadie podía poner fichas, que se podía jugar de 2 o de 4 o de 6… Me di cuenta que no tenía ni idea =p Poco a poco me fueron explicando y fui entendiendo que el dominó es mucho más de lo que yo creía. 2 parejas. 28 fichas del 0 al 6. 7 fichas por jugador. Gana la pareja que primero llega a 20. E implica mucha lógica, memoria y rapidez. 
 
Aunque lo más antiguo conocido sobre el dominó tiene su origen en China (que raro ellos inventando cosas), el juego en Cuba es bien popular, tanto que una de las primeras cosas que me aclararon esto señores fue que en el occidente (refiriéndose a la mitad occidente de la isla) el dominó es diferente, se juega con más fichas ya que van del 0 al 9, y no del 0 al 6 como el que estábamos jugando.


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Esa tarde conocí varias palabras propias del mundo dominístico (no me pregunten si existe esa palabra), y aprendí que el tranque es cuando una pareja cierra la mano y se cuentan los puntos dados por la suma de las fichas, que capicúa significa que un jugador colocó una ficha que puede ser colocada en ambos extremos, que zapatero  es cuando una pareja llega a los 20 y la otra pareja no hizo ni un punto y que culillo se dice cuando una pareja está perdiendo por más de 18 puntos a 0 y logra remontar y ganar la partida.
Varias fichas tienen su propio nombre
 
Y aunque entendí que el dominó es mucho más que un juego de nenes, volví a verme como una nena, como en mi infancia por unas horas, cuando aprendía un nuevo juego y por momento me sentía demasiado principiante y confusa ya que a veces la partida terminaba (de repente para mí) y sacaban las fichas tan rápido que yo no llegaba a entender qué había pasado, y por momentos demasiado contenta y orgullosa porque había ganado (en general, por pura casualidad). Volví a sentirme una nena jugando entre risas, bromas, charlas y comida como cuando era chica con mi abuelo, pero esta vez rodeada de muchos abuelos postizos explicándome pacientemente cómo jugar.

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.