Nunca en mi vida había visto la luna así =)

ENTRE VIDES Y ESTRELLAS

Cuando uno se acostumbra a cierto tipo de paisaje, de construcciones, de ciudades, y de naturaleza, llegar a otro lugar puede provocar un shock, pero de los buenos. Esas sorpresas poco esperadas que muchas veces son de las más reconfortantes. Con la excusa de un fin de semana largo, y de conocer algunos de los lugares de Chile que tenía pendiente, con algunos de mis amigos de Chile aprovechamos que tenemos un amigo viviendo en Vicuña, y organizamos un viaje a Valle del Elqui para esos cuatro días.
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Un bar por ahí

Un bar por ahí

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Viviendo en Santiago, entre edificios altos, bullicio, tráfico y mucha gente, llegar al Valle del Elqui es un cambio radical. Valle del Elqui es una cuenca hidrográfica que corre desde la cordillera hasta el mar, en el Norte Chico de Chile, y uno de los lugares más visitados de la región. Y tiene con qué: es famoso por tener uno de los cielos más claros de todo el hemisferio sur, lo que permite la instalación de observatorios astronómicos, y un clima perfecto (muchos días de sol al año, y gran amplitud térmica durante el día) para el cultivo de uvas para la producción de pisco.
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La diferencia es de principio a fin: Vicuña, la principal ciudad, es pequeña, silenciosa, de casas bajas, calles polvorientas y veredas despejadas, donde las bicis pasean tranquilas y se dejan esperando apoyadas en la pared, sin miedo. Si en otras ciudades, las principales atracciones son edificios históricos, monumentos, paseos y parques, en el pueblo que vio nacer a Gabriela Mistral lo que se disfruta es todo lo contrario. El silencio reinante, una buena siesta, comer a la sombra de un techo y rodeado de la frescura del adobe son los mejores planes.
Nunca en mi vida había visto la luna así =)

Por las calles de Vicuña

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Artista callejero en Vicuña

Artista callejero en Vicuña

El cielo despejado deja que el sol caliente la piel, y se siente. Especialmente por todo lo que hay para hacer al aire libre. Cuando salimos a hacer trekking en los cerros cercanos, se notaba el contraste este las secas montañas y el turquesa del Embalse Puclaro, donde alguna vez hubo un pueblo, Gualliguaica, que fue erradicado e inundado para crear el embalse en 1996, que fue refundado a 15kms de Vicuña. Más tarde, hacia allá fuimos. Antes de estar cara a cara con el agua, empezamos a recorrer la hilera de puestos de helados, artesanías y comidas orgánicas. No logramos llegar ni a la mitad, que los carteles empezaron a llamar nuestra atención: gustos de helados como copao, pisco sour, tres leches y leche asada nos empezaron a llamar la atención. Especialmente ese tal copao, hasta que preguntamos y el señor heladero nos contó que viene de un cactus endémico de Chile, y ahí nomás nuestra curiosidad nos hizo probarlo.
Empezando el trekking

Empezando el trekking

Vistas del trekking

Vistas del trekking

Embalse Puclaro

Embalse Puclaro

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Si el sol se siente a flor de piel, recorrer el valle en bici es la forma en que más se percibe. En Pisco Elqui, un pueblito conocido por su trayectoria en la elaboración de pisco, Jose Maris, Vivi y yo alquilamos bicicletas y pedaleamos hasta Nicho Los Fundos, la pisquera más antigua de Chile, para conocer el lugar y su historia (y hacer degustaciones, de más está aclarar). La cicletada no es difícil, pero la suma de subidas+sol constante lo hacen bien entretenido. A la vuelta en Pisco Elqui, y después de almorzar, seguimos camino a Horcón, divididos entre auto y moto. Horcón es el final del camino, y un pueblito artesanal donde se pueden encontrar artesanías, ropa, cremas, jabones, especias y productos caseros, además de ir a pasar el día haciendo un pic-nic en el río.
Empezando la cicletada por Valle del Elqui

Empezando la cicletada por Valle del Elqui

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Volviendo a Pisco Elqui

Volviendo a Pisco Elqui

En moto a Horcón

En moto a Horcón

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Músico en Horcón

Músico en Horcón

Si el sol se palpa en la piel durante el día, en las noches es el aire frío el que se deja sentir, especialmente para observar el cielo, lleno de estrellas amontonadas en un cielo completamente despejado, muy lejos del smog de Santiago. Como nos tocaron días cercanos a la Luna llena, única luz que encandila una vista perfecta de la vía láctea es esta, muy lejos de las luces de ciudad. Sin embargo, esto tiene otra ventaja: poder observar, en primer plano, con un telescopio potentísimo, los cráteres, manchas, volcanes y texturas de nuestro satélite. Es mágico: se ve Júpiter y sus anillos, nebulosas, galaxias que a simple vista parecen una sola estrella, estrellas ya muertas, y sí, la Luna.
En el observatorio

En el observatorio

Nunca en mi vida había visto la luna así =)

Nunca en mi vida había visto la luna así =)

Después de cuatro días en Valle del Elqui, estábamos listos y recargados de energía para volver a Santiago.

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.