ATERRIZAJE FORZOSO

ATERRIZAJE FORZOSO

Había escuchado tantas cosas de Cuba… los autos americanos de los 50, El Che Guevara, Fidel Castro, la Revolución, las restricciones que tienen para salir de la isla, la salsa, la alegría de su gente, lo colonial de sus ciudades… Y también había escuchado que algunas cosas estaban empezando a cambiar. Me moría de ganas de conocer, de saber cómo funcionaba todo allá, de dilucidar con qué podía encontrarme..

Graffitis callerejos
Apenas salí del aeropuerto de La Habana no pude evitar sentirme como en un película. Eran las 8:30 de la noche, no había caminado ni 100 metros y ya estaba rodeada de autos antiguos que me sacaban una sonrisa… ¡finalmente había llegado! Las ganas y ansiedad que tenía por estar en ese lugar se habían acumulado y estaban surtiendo efecto…

Apenas llegué, pregunté por la micro que me habían dicho que tenía que tomar para llegar a Vedado (la zona de La Habana donde iba a parar) y me dijieron que por la ruta pasaba una wawa, como le dicen a las micros en Cuba, que me dejaba allá. Hacia allá fui. Salí del aeropuerto, crucé la ruta y empecé a buscar la parada. No había mucho alumbrado público y no veía nada que se asemeje a una parada de micros, así que apenas vi una mujer pasar le pregunté dónde podía tomar esa micro… y me dice “allí, caminas derecho y ahí cuando termina el cerco está la parada” señalando para el lado de la ruta contrario a la ciudad, que era prácticamente una boca de lobo de lo oscuro que estaba. Mi reacción automática fue mirarla perpleja.. la miro a ella, al lugar donde me señalaba, de nuevo a ella, de nuevo a donde señalaba… “¿está segura?” le pregunto, “¿no es peligroso?” y me responde “¡no, en Cuba puedes caminar tranquila a cualquier hora!” La miro con cara de duda, le agradezco y empiezo a caminar dubitativa hacia donde me dijo, sintiendo que me estaba yendo a la nada misma. No hice mucho más de 100 metros que veo un grupo de personas, algunas sentadas y otras paradas, a las que les pregunto por la wawa. Era ahí =) Y ya me estaba preparando para lo inevitable y predecible: uno de los señores me empieza a hablar, y una señora y otro señor que estaban esperando también se unen al “de donde eres-qué haces acá-estás viajando sola-cuánto tiempo te quedas-estudias o trabajas-a qué te dedicas” típico de cualquier inicio de conversación cuando ven a alguien con una mochila al hombro. Y tampoco pasó mucho hasta que les pregunto cuánto salía el boleto del micro y uno de los señores me da las monedas. A pesar de que le digo varias veces que no era necesario porque tenía plata, el señor insistió e insistió, por lo que no me quedó otra opción. Que lindo empezar a sentir la calidez de la gente =)


Música callejera en pleno centro de La Habana
Aunque viajar sea lo que más ame hacer en la vida, algo que me caracteriza bastante es ser muy colgada, distraída, hacer las cosas a último momento. Y digo “aunque” porque muchas veces siento que no son muy compatibles ambas cosas, o por lo menos sería mejor ser un poco más organizada y atenta cuando viajo para ir más preparada, evitar algunos inconvenientes… Cuando aterricé en Cuba no sabía que se necesita visa para entrar, no sabía que era mejor llevar euros que dólares estadounidenses, no sabía qué festejos había en esa época, no sabía exactamente cómo era el clima, no sabía qué tipo de actividades se podían hacer, no sabía muy bien qué ciudades interesantes había para visitar, no sabía que iba a tener que pagar sí o sí por hospedaje… No se si es el hecho de que me encanta eso de no saber muy bien con qué me voy a encontrar en mi nuevo destino, si es por querer dejar que todo fluya entonces inconscientemente no averiguo mucho, o simplemente por colgada (yo abogo por esta opción) pero me pasa seguido eso de llegar a un lugar sin saber demasiado y a veces encontrarme con varias sorpresas. Y a veces no muy gratas y totalmente evitables.
 
Varios deben sentirse identificados… y creo que puede extrapolarse a cualquier cosa, más allá de las personas =)
Impactante vista desde un séptimo piso… una rara mezcla de dejadez y encanto propio
 
Antigua farmacia en La Habana Vieja, ¡me encantaron los frascos!
Los primeros días, justo un fin de semana, empezó mi choque con la realidad cubana. El choque cultural, esa famosa crisis que uno atraviesa cuando se va a otro país y empieza a convivir con su gente, sus costumbres, su realidad, su comida, sus lugares, que pasa del encanto al rechazo a la tristeza al amor nuevamente, empezaron a hacer efecto en mí. Después de mi viaje a Kenia, donde mi choque cultural fue FUER-TÍ-SI-MO -así, con todas las letras-, pensé que cualquier otro lugar no iba a implicar grandes shocks. Qué ilusa. Ni Turquía ni Egipto me habían causado algo así, pero Cuba fue diferente. Totalmente diferente. 
 
Una excelente definición de la realidad cubana – Bar La Bodeguita del Medio
 
Ropas tendidas
 
 
 A 50 años (+3) de Revolución, en la que cayó Batista y ascendió Fidel Castro
 
Caminando por sus calles…
Señoras mirando…
Espiando La Habana
Uno de los medios más comunes de transporte: la bici-taxi
Los frascos de la farmacia
 
La parte “linda” de La Habana Vieja
 
Los emblemáticos autos antiguos de Cuba
Y más pedacitos de ciudad…

Apenas llegué a la casa particular donde iba a parar (la única opción aparte de un hotel, que vendría a ser pagar por una pieza en una casa normal de cubanos), la señora y su hijo no hablaban de otra cosa de lo difícil que era la situación, de sus gastos, de las restricciones, de lo complicado que era todo para ellos, de lo poco que se ganaba y una frase constante “No es fácil, no es fácil…” Al día siguiente, fui a cambiar plata y me topé con el primer bajón al ver que se quedaron con 10% de mi plata sólo porque estaba cambiando dólares americanos. Apenas hice eso, fui a otra parte del hotel para usar Internet y avisarles a mis papás que había llegado y darme cuenta que no sólo hay únicamente Internet en los hoteles o centros de comunicación, sino que además sale 6USD la hora… WTF!? Además, la conexión es tan lenta como la de hace 10 años… A la noche me encontré con Mehmet y Semih, dos chicos de Turquía que me escribieron por CouchSurfing y con los que había quedado en encontrarme allá. Con ellos fuimos a la Casa de Música, un lugar súper conocido en La Habana para ir a bailar, y en toda la noche las chicas no paraban de acercárseles y encararlos.  Me sentí como cuando estás con una amiga en la disco, y la miras para que te rescate del flaco que se te acercó.. igual, pero rescatando a un chico =p Creo que nunca había visto a las chicas acercarse TAN abiertamente a un hombre para hablar y sacarlos a bailar.

Vista desde el balcón de la casa particular donde paraba, después de la lluvia torrencial
Arte, arte y más arte callejero
Y la Iglesia desde el balcón
Al día siguiente, tocaba salir a recorrer La Habana Vieja. Y entre sus calles, sus edificios, sus colores, su gente, su calor, sus turistas, sus plazas, sus vistas, empezaba poco a poco el aterrizaje forzoso en la realidad, el encontrarse con gente que pide caramelos o bolígrafos o ropa, escuchar piropos y silbidos y preguntas sobre el estado civil de uno, toparse con los que te ofrecen restaurantes o taxis o cuadros o souvenirs… 
 
Recorriendo…
Ventas en las ventanas de las casas, MUY común en todo Cuba. Normalmente, pizzas, jugos naturales, tortillas de huevo, sandwiches, café…
 
Viendo qué sucede debajo
 
El señorr, fuera de un Centro Cultural, que me preguntaba cómo mi (supuesto) novio me había dejado irme sola de viaje

Aterrizaje forzoso en 1, 2, 3…

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.