48 HORAS

48 HORAS

“El hombre es lo que piensa, lo que dice, y luego lo que hace”
(Algo que me dijo uno de los señores del camping)
 
 
En el Tayrona se me juntaron, en 48 horas, todo lo que me gusta de los viajes y los no-viajes (básicamente, cuando no viajo o viajo pero de vuelta a mis ciudades, entiéndase Córdoba o Rafaela): las coincidencias, el mar, conocer gente que te marcan por sus historias o tipo de vida, caminar por lugares asombrosos en medio de la naturaleza, ver un arco iris (algo que no me pasa muy frecuentemente), el verano y el calor, hacer trekking, la playa y la arena, leer (y mucho), el cielo estrellado y una de las mejores y más grandes lunas que haya visto, dormir con lluvia, ver una tormenta, estar al aire libre, tomar sol, el agua transparente y cálida, escuchar el sonido del mar… todo en sólo 48 horas.
 
 


 
 
 
 
 
Plena tormenta
 
Color, color y más color
 
Tayrona inspira a relajarse, a estar en contacto con la naturaleza y con uno mismo, a prescindir de muchas comodidades, a vivir simple. Dense la idea: desde Santa Marta a la entrada del parque es 1 hora en bus + 5km en trafic o a pie + 1 hora atravesando la selva por un camino de roca y tierra, ya sea a pie o a caballo. Sólo se puede dormir en hamacas o en carpa, no existe otra opción “hotelera”.  Uno está todo el día en traje de baño y descalzo, de playa en playa desde las 8am (cuando el sol ya pega bastante fuerte) y volviendo para su camping a las 5pm antes de que se vaya el sol y se haga muy oscuro. Yo me bañaba en un ducha al aire libre (no es que no hubiera baños, pero era más cómodo para mí), en mi camping las velas funcionaban mejor que la electricidad, la cocina común era una fogatita bajo techo y se ve que a uno de los dueños le caí tan bien que me regalaba jugos, frutas y café, y el señor que trabajaba ahí me guardaba almuerzo. 
 
 
 
 
 
 
Playa casi a 1hora caminando de mi camping
 
Mejor vista que un hotel 5estrellas =p
 
Después de ir de ciudad en ciudad, pasando de una capital, a un pueblito, al medio de las sierras, al calor aplastante, llegar al medio de un Parque Nacional y disfrutar tan a pleno la naturaleza y la vida simple, tener todos los días los pies en la arena, nadar en el mar, ver cómo los cangrejos se esconden cuando nos ven, estar a la sombra de las palmeras, caminar por la selva, encontrar lagartijas turquesa y verde manzana y mariposas azules, negras y naranjas y langostas enormes con alas aún más grandes. troncos creciendo en las rocas con raíces colgando varios metros hasta el suelo, escuchar sonidos de monos, comer cocos del piso, irse a dormir y levantarse viendo el mar… es increíble para despedir Colombia por 20 días.
 
Las fotos son del puro Parque.. me enamoré del lugar 🙂
 
 
 
 
 
 
 
¿Ven las raíces colgando?
 
Después de 6 horas de trekking entre la selva cuesta arriba… volvimos al mar
 
 
 
 
 
Ahora sólo me quedó una duda… ¿cómo sería vivir en un lugar así?

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.