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A TODO CALOR Y COLOR

Calor y más calor. Color y más color. Humedad. Más calor y más color. Desde el primerísimo momento en que llegué al aeropuerto de Cartagena de Indias, un lunes casi a las 19hs, el aire húmedo y caliente de la (ya) noche te pegaba el pelo a la cara y te hacía sentir que hasta un mínimo de ropa era excesivo.

Igualmente, los 40°C de sensación térmica no eran impedimento para comer un plato de tallarines con salsa y salir a conocer un poco la ciudad en auto, con la excusa de acompañar a los padres del Jehu, el chico de AIESEC que me hospedaba, a hacer unas cosas. Si no me equivoco, fue la primera vez que hice couchsurfing pero no con CouchSurfing (valga la redundancia) sino con AIESEC. Algo así como escribirle a la gente de AIESEC en Colombia “Hola!! yo soy Nati, hice esto y esto en AIESEC por otros lares, ahora estoy en Cartagena.. alguien quiere y puede hospedarme?” y que alguien (completamente desconocido para mi en ese momento) me responda “sii, te quedás en casa!” el mismo día que estaba llegando a Cartagena sin saber dónde iba a dormir.. era lo mejor que podía pasarme =) Y así nomás, cartelito de bienvenida en el aeropuerto y a los 5min éramos como amigos de toda la vida.

Con Johanna, Jehu, Sabri y Bojana. La troupe, como amigos de siempre, algunos días después

Ya en el camino del aeropuerto a la casa habíamos cruzado gran parte de la ciudad, y las diferencias eran evidentes. Al principio no reparaba mucho en mi alrededor porque estábamos hablando con Jehu, el chico de AIESEC del que les contaba que me iba a hospedar, pero ya se me había cruzado por la cabeza algo algo así como “¿dónde está todo lo que escuché de Cartagena… los colores, el romanticismo, la ciudad colonial?”. Obvio, no me iba a preocupar mucho, me quedaban varios días por días por delante (aunque no sabía exactamente cuántos) así que iba a tener tiempo para recorrer y averiguarlo.

Ya en el auto con los papás de Jehu, al rato de salir, se largó a llover. Fuerte. Bien fuerte. Torrencial. Lindos días me van a tocar si esto sigue así, pensé. Después de algunas vueltas y seguir viendo lo que parecía una ciudad similar a tantas otras y en general a cualquiera que uno haya visto antes -o incluso más sucia, más oscura, más desorganizada-, la mamá de Jehu me dice, “mirá (probablemente no me dijo mirá, sino mira, pero en mi memoria todo se transforma al “vos”), allá está la ciudad amurallada”. Ahí estaba. Iluminada, contrastando los muros amarillos por las luces contra el negro oscuro del cielo. La Cartagena colonial, romántica, la Cartagena conocida por el turismo, la Cartagena “bella”, la que “hay que” recorrer. La mañana siguiente me esperaba para recorrerla. La mañana siguiente me esperaba para recorrerla. Esa noche me quedaba recorriendo la otra parte, capaz un lado más real, más local de la ciudad.

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Y encontré calles así después de la lluvia
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Carteles de tránsitos enchulados
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Puertas antiquísimas

 Al día siguiente, a las 7am estaba ya paradita en algún lugar de lo que se suponía la ciudad amurallada. Ilusa, pensé que si llegaba bien temprano y me volvía a la casa a la hora de la siesta, me iba a evitar las peores horas. Pobre de mí. Eran las 7am y el calor y la humedad ya se me hacían insoportables.Caminaba y caminaba, arrastrando los pies casi, me daba cuenta de que estaba en una parte diferente a lo que había visto la noche anterior, algo que parecía más turístico, más colonial… pero así y todo no me cerraba. Demasiado tranquilo, pocos turistas, casi sin negocios… ¿esto era Cartagena? ¿Es demasiado temprano (sí, lo era)? ¿Es el día de la semana (martes)? ¿Hace demasiado calor o soy yo que apenas salí y ya no tengo más energía para recorrer? Sigamos, sigamos. Callecitas empedradas, colores, faroles, enredaderas. Y lluvia. De repente, se largó a llover. Uff, a ver si refresca un poco. Ilusa, más humedad todavía. Ya eran casi las 11 así que decido volver a la casa a descansar un poco, ya no entendía si era sueño, cansancio físico, calor o qué, pero sentía que mis piernas no respondían por mi.

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Casas de todos los colores
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Un adelanto a Cuba! Y señores vendiendo fruta en la calle
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Viviendo la vida
 
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Grafittis
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Mirando la gente pasar
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Más y más colores
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¿Se nota que no es la parte más turística…?
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Ídem
 
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Esperando ser atendido
 
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Más grafittis
 
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Creo que queda claro el por qué

Después de un almuerzo y una siesta reparadora, volví al ruedo. En la casa me volví a encontrar con toda la familia, y entre charla de rutina, cómo estás, almorzaste, qué te pareció, qué viste, te gustó y demás… me di cuenta que no había estado en el casco histórico. Con razón. Ahora entiendo, ahora me cierra. Para allá vamos entonces.

Y leyendo mi guía, y de vuelta ahí, entendí. El centro histórico de Cartagena tiene como si fuesen dos ciudades amurulladas, o mejor dicho la ciudad amurallada interna y la ciudad amurallada externa. Yo había estado caminando por Getsemaní, la externa, que si bien es lo que se llama la ciudad vieja y conserva cosas de la época de la colonia, no tiene tanto movimiento. Y así, entre vueltas y vueltas, entre la mañana perdida caminando sin saber muy bien dónde estaba, y la tarde ya un poco más ubicada, fui entendiendo por qué Cartagena atrae tanto.

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Más puertas coloridas, antiquísimas, decoradas… hermosas
 
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Frutas y más frutas (esto es mi paraíso)
 
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Casas coloridas, balcones, enrejados…

La ciudad amurallada, su centro histórico, fue declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO en 1984, y tiene con que. Junto con Santa Marta, es la ciudad más vieja de Colombia, fundada en 1533; fue el puerto más importante en la costa caribeña durante la colonia española y era un depósito de las riquezas sacadas del país hasta que pudieran ser llevadas a España. Así, sufría muchísimos ataques de piratas por lo que se han diseñado murallas y torres de defensa que todavía se conservan, junto a las casas coloniales, sus iglesias, plazas y todo lo que hace de Cartagena (o mejor dicho, la parte de Cartagena conocida como ciudad amurallada) ese destino turístico increíblemente romántico para conocer (no me pregunten por qué, pero a la noche emana esa sensación… capaz que es sólo la fama, pero la realidad es que muchas parejas en Colombia van a casarse allá). Uno puede pasarse horas mirando los múltiples colores de las casas, los balcones coloniales asomando, las enredaderas con flores trepando por las paredes, las callecitas empedradas, los portones con llamadores en decenas de motivos, la gente vendiendo comida en puestos desde muy temprano en la mañana. Durante el día, Cartagena es calurosa, pegajosa, plagada de bocinas, de gente yendo de acá para allá, pero cuando la tardecita comienza a caer, los turistas se ven más, las luces amarillas que iluminan los edificios contrastan con el cielo azul profundo y empieza a sentirse una brisa (un poquito) más fresca.

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Sí, me encantaron las puertas
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Palenquera caminanado por Las Bóvedas
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Remontando barriletes arriba de las murallas
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getsemani-cartagena
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Cayendo la tarde
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Música y bailes típicos en la ciudad amurallada
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Más bailes típicos

Cartagena creo es la síntesis perfecta de lo que pasa en la gran mayoría de las ciudades turísticas, el hecho de que, en realidad, lo que tiene de turístico es sólo un barrio, un sector, la parte histórica que está restaurada y puesta a punto, bien iluminada, para recibir a los de turistas. Es la ciudad que te describen con los mejores adjetivos,  “hermosa”, “muy romántica”, “tan colonial” y una vez allá, todo eso se condensa sobre una pequeña porción, una pequeña parte de toda la ciudad. ¿O nunca les pasó de estar en una ciudad turística y cruzar barrios TAN diferentes, de alejarse un poco del recorrido turístico y sorprenderse con las diferencias?

Para mí eso es lo mejor de poder compartir tiempo con gente del lugar, de poder estar parando en una casa de familia e ir con ellos al trabajo, de poder vivir en un barrio a 20 minutos en auto del centro, de poder compartir una cena. El hecho de ver las dos caras de una ciudad (y lo que hay en el medio), de ver la ciudad como viajero y como local, de ver lo que hay más allá del centro histórico, es lo que realmente hace a un viaje para mí, esa experiencia única que una guía de viajes nunca nos va a contar y que sólo la podemos vivir nosotros, cada uno a su propia forma y recordarla de por vida como “mis días en Cartagena”.

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.