¿TINTO O PINTADO? Parte II

¿TINTO O PINTADO? Parte II

Batir con un chorrito de agua – Salento y Valle del Cocora

Hacía rato no madrugaba tanto. 4:30 empezó a sonar el despertador. Desayuno, preparo mi mochila chica y antes de las 5:30 ya estoy yendo a tomar el bus a Pereira, y desde ahí tomar otro a Salento. Después de esperar un rato ( y ya pensar que lo había perdido porque llegaba la hora y el bus no aparecía), salimos. Qué lindo, sentir esa sensación de “me voy de viaje”, esa felicidad embargante, creo que es la primera vez que lo siento desde que estoy en Colombia. Eso de irme sola a algún lugar y no saber dónde voy a parar, cómo será el lugar (por más que me hayan hablado muy bien de él y haya visto alguna foto), qué me espera, me fascina; algo que para mucha gente es impensable, a mi muchas veces me encanta por la sensación de adrenalina que me genera.

En el camino pasamos plantaciones de plátano, vimos Pereira desde la montaña, recogimos hombres que iban a trabajar, nenes que iban a la escuela, pasamos ciclistas que iban por la ruta, nos cruzamos varios moteles que me hicieron acordar a la anécdota de Bogotá y nos encontramos un paisaje increíble. Surrel, naïf. Verdes más claros y más oscuros, arbolitos redondos todos juntos y desparramados, colinas por acá y por allá, nubes a lo lejos y tapando las últimas montañas y haciendo sombra sobre el valle, casitas desparramadas por las colinas, el cielo celeste veteado por nubes blancas y grises, una cordillera a lo lejos, vacas desperdigadas en el valle, árboles altísimos, helechos y arbustos y palmeras y pinos… un paisaje interminable, hasta que empezó a aparecer la ciudad y de pronto llegamos. Un pueblito típico paisa (o sea, del eje cafetero), con casas de dos pisos en colores vibrantes, con balcones chiquitos de madera,, hombres en sombrero, faroles y bancos de madera en las calles, techos de laja…; un pueblito de los míos. Uno de esos lugares donde llego y me enamoro automáticamente. Es el tipo de lugares donde me puedo pasar horas mirando la gente, los vendedores en la calle, los hombres jugando ajedrez en la plaza, los meseros parados en los marcos de las puertas invitando la gente pasar, los colores llamativos de las casas, y así se me pueden pasar las horas hasta que llegue el atardecer.

Para sentarse a tomar algo afuera…
Disfrutar las calles tranquilas
salento casas de colores
Deleitarse con los colores del pueblo…
La arquitectura…
O elegir cambiarse a otro bar
Mirar a la gente jugar al ajedrez…

Esta vez, entre la llegada a las 8am y el atardeceder a las 6pm, fui al Valle del Cocora. Después de algo así como 1h en jeep, empezaba el trekking que llevaba a Acaime. Hasta ahí no parecía la gran cosa, el lugar era lindo, entre naturaleza, primero cruzando un valle de palmeras de cera y después un parte más selvática con ró de por medio, hasta llegar a Acaime, donde no había mucho en particular para hacer más que relajarse un rato hablando con otros viajeros, tomar un taza de chocolate y ver colibríes. Peeero (siempre hay un pero) a la vuelta tomamos otro camino hasta Montañita, una finca que queda más arriba y desde donde después se empieza a descender. Nunca estuve en Machu Picchu, pero me hace acordar a esas fotos donde se ve el Huayna Picchu (el morro que esta atrás) medio cubierto por las nubes. Y menos más que volvía con otros dos chicos, uno de Inlgaterra y otro de USA, sino creo que yo volvía por el mismo camino y me perdía la mejor parte. Ahora si valía la pena. La vista del valle de palmeras de cera, la primer parte que habíamos hecho de trekking, era increíble. Parábamos a cada rato a sacar fotos y fascinarnos con el paisaje. Era demasiado increíble ver la altura de esas palmeras, finitas (menos de 50cm de diámetro deben haber tenido) y vaya a saber uno de cuántos metros de altura, en el medio del valle tan verde. Y más cuando empezamos de a poco a bajar y a meternos de nuevo en el valle, y veíamos a gente a la distancia, la comparación era increíble y tomaba más dimensión la altura de esas palmeras. Sencillamente hermoso.

En medio del Valle del Cocora
¿Ven esos 3 puntitos negros allá al final del camino? Eran tres chicos que iban delante nuestro, así que imagínense la altura de las palmeras
Más casitas perdidas por ahí. ¿Cómo será vivir todos los días en medio de un lugar así?
Desde el mirador, una vista increíble al Valle del Cocora

Completar la taza con agua – Manizales

Mi ida a Manizales era puramente para visitar a Juan Miguel y Pablo, dos chicos que había conocido durante mi intercambio en Kenia. Hablando con ellos, tenía que ir antes de fin de mes porque después Juan se iba de viaje un mes. Así que después de unos días en La Virginia, muy a pesar de la flia de Cris que quería que me quede todavía más días (<3) me fui para allá, donde Juan Miguel me pasó a buscar por el terminal y más tarde nos encontramos con Pablito. Wow. Qué increíble volver a verlos después de 3 años y medio, y en su ciudad. Uno nunca sabe dónde y cuándo se va a volver a encontrar a la gente que alguna vez conoció. Como una vez me pasó con un amigo francés que estaba haciendo un intercambio en Córdoba, y cuando se va le digo “nos vemos”, y me responde “no creo”, a lo que yo quedé helada… como que “no creo”!? el mundo es grande y queda mucha vida por delante. Al final, a los dos años nos volvimos a ver.

Con Juan y Pablo en 2009 en Kenia, en un trekking en Ngon Hill
Cuando llegué a la casa de Juan, me volví a sorprender al ver la Biblia en un atrio en el living apenas entrando en la casa. No recuerdo haber visto algo así en Argentina u otro lado, por lo que no deja de sorprenderme cada vez que llego a una casa de familia y esta ahí dándote la bienvenida, sumado a alguna virgen o cruz o algo religioso, además de que me digan que “que Dios te proteja” y ese estilo de frases.
Manizales fue una ciudad de degustaciones, donde probé la almojabana (como si fuese un scon de queso pero mas grande y MUY rico, que se come calentito) con pintado (café con leche), las arepas de chocolo (choclo) y el cholao (hielo picado, variedad de frutas, leche condensada y cacao). El día se nos pasó entre el desayuno, el almuerzo en famila (que por ser domingo eran arepas con huevo y queso), el recorrido por la ciudad (con transporte público en cable -teleférico- incluído y subir hasta arriba de la catedral para unas vistas increíbles de la ciudad) y ver el anochecer tomando una cerveza en Chipre, una zona de Manizales. La ciudad tiene un ritmo muy estudiantil, es universitaria de hecho. En algunas cosas me hace acordar mucho a Córdoba, con su avenida -como si fuese la Rondeau- llena de bares, gente dando vueltas, sentados tomando algo o yendo de un lado a otro, grupitos en la esquinas… vida muy de fin de semana, las familias, parejas y amigos recorriendo, aprovechando para salir a tomar algo, aprovechar lo lindo del clima, las vistas hermosas desde esa parte de la ciudad… Manizales esta en un valle, entonces desde cualquier lado se pueden ver las montañas, como las casas y edficios se entremezclan entre el verde, como el verde se corta con el azul del cielo… para no cansarse.
Increíble, las vistas de Manizales desde la torre de la Catedral
Me encanta esa sensación de ciudad en el medio de un valle, casitas esparcidas en el verde, montañas y más montañas
Bajando por la torre de la catedral
Arepas de choclo con queso… hechas en hornos de barro. Ñami ñami.
Al borde del abismo en Manizales
Con Juan, después de más de 3 años!
El domingo decidí ir a los Nevados. Aunque estaba prohibido el ascenso por alerta de erupción -es un volcán- todavía se podía hacer un poco del recorrido, y por los menos conocer el páramo (un ecosistema que existe en muy pocas partes del mundo), probar un desayuno casero recién hecho, meterme en uno de los termales más puros de Colombia ya que es el lugar de donde sale el agua (en otros centros termales tienen que conducir las aguas más de 20 kms desde a montaña hasta las piletas), hacer trekking entre una frondosidad de árboles y arbustos increíble, recorrer el camino de vuelta y ver una vegetación tan densa que ni siquiera se veía el suelo.
En plena tarea de madre
Preparando para el ordeñe
Si me hubiesen visto después intentando ordeñar a mí…  me daba tanta impresión que tuve que dejarlo.
Que rico desayuno! Arepa, pan de bono, queso, huevo y chocolate caliente
El páramo
Más páramo

 

Cosas raras crecen por ahí..
Cascada escondida (¿parece muy chiquita?)
Qué ganas de quedarme en ese río simplemente mirando el cielo…
Una cascada gigantesca, entre la mayor cantidad de verdes que uno se pueda imaginar
En todas partes, cuidándolos.
El eje cafetero es bastante más grande, me quedaron varias ciudades y lugares por conocer, pero me llevo paisajes increíbles, momentos hermosos con familias que me hicieron sentir en casa como una hija más, reencuentros con personas que hacía mucho que no veía, demasiados recuerdos a Argentina y haber conocido lugares escondidos para la mayoría de los viajeros. Ahora, mi lista de lugares a visitar en mi -espero alguna vez- próximo viaje a Colombia empezó a tener nombres.

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.