tatuaje viajes rosa de los vientos

CRÓNICA DE UN TATUAJE

Son las 12:30. Es la hora de mi turno y todavía estoy en casa porque estoy terminando de solucionar una cosas del trabajo (más que temporario) que tengo estos días. Me preparo y salgo. Llego al local alrededor y me dicen que espere que los chicos salieron a almorzar. Ok. Me siento. No, mejor paso al baño, me dieron ganas de hacer pichi. Nervios? Ganas reales? No se. Me pongo a ver las revistas que tienen ahí. Una de tatuajes. Una de viajes. Que bueno, distraerme con algo que me gusta. Pasa el rato y llegan los chicos, el que me iba a tatuar me dice que si quiero salga a almorzar mientras él prepara todo. Yo hacía un rato había comido algo así que estaba bien. El diseño lo había decidido un par de días antes que lo habíamos diseñado juntos, así que a seguir leyendo y esperar.

Listo. Llego el momento. Ya me venía preparando psicológicamente para el dolor. Me saqué la remera (que tonta yo no llevarme una musculosa), me hicieron el calco y a preparar las agujas. Mientras, se escucha el ruidito de la maquinita tatuando a otra persona en otra habitación. Se me empieza a poner la piel de gallina. ¿Frío? ¿Nervios? No lo se. Se acerca el momento. Banquito, espalda despejada, ¿lista? me pregunta el chico. Y… no me queda otra, no? 

Y empieza. Escucho el sonido de la maquinita atrás mío, y otra a la izquierda al fondo. Bueno, viene siendo tranqui por ahora. Ya con dos tatuajes arriba, me la esperaba peor, los huesos son la parte más dolorosa y ya me estaba imaginando CUÁNTO me iba a doler. El plan inicial era ir con Hernán, apoyo físico (para estrujarle el brazo y descargar tensiones digamos) y moral (no se.. que me hable y me haga distraer, ponele). Así que como plan B… autoconsuelo. ¿Cómo va? me pregunta el chico. Bien, tranquilo, le digo. Me lo imaginaba más doloroso la verdad. Cada cinco minutos aparecía alguien en la habitación. Que un logo, que hablar del tiempo, que otro tatuaje, que qué estás haciendo, que a ver cómo va eso, que cómo estoy yo. Porfa, concentráte en mi tatuaje así terminamos rápido pensaba. Debe haber pasado media hora y yo, como los nenes chiquitos cuando se van de viaje, le pregunto, ¿falta mucho? Se ríe y me dice no vamos ni por la mitad. Qué ingenua yo. Me suena conocido.

Viene tranqui por lo menos. Uff, ahí duele un poco más. Me vuelvo a acomodar, dejo de apoyar mi cabeza en el brazo porque ya se me acalambró. Fue, ahora brazos colgando. No, mejor apreto el banquito, empezó a doler un poco. ¿Respiro profundo, contengo la respiración, respiro rápido? No se qué será mejor para sobrellevar el dolor. Ni que fuera tanto, me está contando que el sábado una chica se tatuó TODA la espalda. 9hs de corrido. Mi pronóstico son 2hs aprox. Tengo que bancarmela. Me está diciendo que acaba de terminar todas las líneas y que me da un break, me voy a estirar la piernas (y relajar la espalda), si!

No te relajes mucho, fotito y a seguir. Se viene la parte del relleno, esfumado y todo eso. Auch, esto SÍ que duele. Va a valer la pena. Espero. Recurro nuevamente al plan B de autoconsuelo: autoestrujarme, morderme los labios, apretar el banquito, cerrar fuerte los ojos, ponerme a pensar en pajaritos, lo que iba a hacer la semana que viene, cómo sería la vuelta a Chile.. lo que fuese que mantuviera mi mente alejada de lo que está pasando atrás en mi espalda. Duele, duele, duele, respiiiiro, ufff, dueeeleee, wow, esto si que está duro, yo me la venía venir así que ajo y agua. A joderse y a aguantarse. Siento ruido en la panza. ¿Hambre? ¿Nervios? No lo se.

Ya falta poco, me dice el chico. Sólo faltan estos rayitos y la gema del medio. Genial, seguí nomás que yo sigo delirando así no me evado del dolor. Sigue entrando gente.. Que lindo!. Qué bueno que te está quedando! Esta muy bueno eu. Bien ahí perro! (y yo que pensaba que era muy chileno lo de llamar a alguien “perro”). Qué tranquilidad, por lo menos parece que va bien. Nos vamos acercando a la meta.

Ya está, listo. ¿Terminamos? le pregunto. Si, listo. ¿Y la parte roja también? Si (se me ríe, encima!) hace rato que está hecho eso. Wow. Genial. Respiro profundo. ¿Saco nervios? ¿Me desestreso?

Vuelvo caminando rápido, Nervios? Tensión? La altura? La contracción después de un hora y media sentada?

Ah, nunca les dije. Me hice un rosa de los vientos. Ya tengo los viajes en mi piel 🙂

 

 

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.