A LA ORDEN (II parte)

A LA ORDEN (II parte)

Y llegó el fin de semana (extendido por feriado)!! Así que así continuaron los días en Bogotá después de los primeros días
* Viernes, de pueblitos
 
El viernes era feriado en Colombia, cosa que no nos afectaba mucho a nosotros ya que todos los días son feriado cuando uno viaja. A las 9 de la mañana salíamos desde Usaquén a Zipaquirá a visitar la Catedral de Sal (que casualmente mi papá me había mandando unas fotos del lugar unos días antes). Supuestamente el lugar era increíble, pero después al rato de entrar (con una chica como guía, pero muy mala, que parecía que se iba inventando la historia en el recorrido) me empezó a dar la leve sensación de que era un lugar muy armado para el turismo, sobretodo cuando dijo que el lugar fue diseñado por arquitctos y mineros. Cuando llegamos al final del recorrido (en realidad no era el final pero nuestra guía nos dejó ahí) le pregunto a otro guía cuántos años tenía esa iglesia, esperando que me diga, no se, 300 años, y me dice que era de los 90. Ahí realmente confirmamos que el lugar había sido hecho para el turismo. Un poco decepcionante, yo que soy bastante reticente a creer en todo lo que venga de la Iglesia católica, encima saber que aprovecharon un lugar increíble como esa mina de sal, túneles enormes cavados en la montaña, con paredes de metros y metros de altura, para ponerle cruces y así hacerlo más atractivo al turismo (encima en Colombia son MUY creyentes, especialmente la gente grande) me pareció muy poco atractivo y un poco aprovechador.
 

Musicalizando la ida a Zipaquirá
En la Catedral de Sal
La escalera de los pecados
En Cajicá
 
 
* Sábado, de matrimonio.
La cita era a las 3:30 en una hacienda ya que a las 4pm empezaba la misa. Nico y Marce en realidad ya están casados, el civil fue en enero, pero esta vez era la iglesia y la fiesta, ya que julio era cuando más extranjeros podían ir para Colombia. El lugar era precioso, lleno de flores, verde, un estilo estancia con cosas de campo, loritos, y una vista de Bogotá hermosa.

 
 
Estabamos todos a la expectativa de la novia como siempre, hasta que llegó. Marce estaba preciosa, muy sencilla pero hermosa, un vestido simple, un velo y un peinado que le quedaban hermoso, y venía acompañada por las damas de honor vestidas en rojo. La ceremonia duró como una hora, bastante larga para mi que soy cero religiosa, menos creo en Dios y algunas cosas que escuchaba me dejaban un poco perpleja. La religión, Dios y yo, tema aparte.
 
Una vez terminó la parte de la ceremonia religiosa, seguía más protocolo. Todos nos fuimos a fuera, empezaron las fotos (que entre ellos, con los padres, con los padres y novios, etc, etc), los novios se fueron a una parte mientras todos los invitados hacían una fila para saludarlos mientras iban circulando mozos con cosas para picar y jugos de frutas. Después nos dieron un globo rojo con helio a cada uno, y los chicos nos invitaron a pedir un deseo y a la cuenta del 1,2..3! los soltábamos todos juntos. Justo como a mi me gusta. Soñar en grande, pensar bien fuerte qué queremos, dejar que nuestros sueños lleguen muy alto, y hacer todo para que se cumplan. ¿Se pueden imaginar cuál fue el mío?
 
 
Dejar que nuestros sueños vuelen y se cumplan.
A pedir un deseo..
Y a soltar los globos!
Y ya pasamos al salón. Creyendo que iba a ser la cena. Las mesas estaban asignadas con nombres de los diferentes lugares en los que estuvieron los chicos de viaje, como Lisboa, Cartagena, Salamanca, París… Al grupo de amigos de Nico nos tocó en Cartagena, donde además nos esperaba una cinta con los colores de ambas banderas.
 
Eran sólo las 6 y los novios se empezaron a sacar fotos con la torta, bailaron el vals (sólo con padres y hermanos), sirvieron champagne para brindar, pasaron mesa por mesa a sacarse la foto, mientras todos morían de hambre en la mesa, pensando que, como en cualquier casamiento en Argentina, apenas entrás en el salón te empiezan a servir la comida (además los bocaditos de antes habían sido poquito, no esa recepción grande que muchas veces hay en Argentina), y recién después se hace vals, fotos grupales y todo eso. Ya nos estábamos por poner a golpear cubiertos y cantar “queremos comer, queremos comer!!” esa canción infantil medio desagradable que incluye vómito de un pariente (agggh) y otras cosas.  Entre risas y anécdotas matábamos el tiempo hasta que nos trajeron la cena (a poco más de las 7pm) para después del postre (sólo la torta, no había mesa de dulces, sacando la mesa Argentina con Bon o Bones, palitos de la selva, turrón de quaker, torta chocolinas y bananitas dolca) empezar a bailar música colombiana con una banda en vivo, salió el cotillón (polleras gauchas incluídas) y después música argentina. Cuarteto cordobés inflatable. Y ya erámos prácticamente sólo los argentinos lo que seguíamos bailando.
 
Fiesta, que fantástica fantástica esta fiesta!
Y se hicieron las 10:45 y empezaron a ralentizar la música, como lo típico en el boliche para echarte. A la hora en que en un matrimonio en Argentina estaríamos recién por el postre, acá ya estábamos despidiéndonos. Cuestiones. Igual, la pasamos súper.
* Domingo, se va Hernán después del Monserrate
Hernán es de esos amigos con el que no sabes por qué te llevás tan bien si tenés tan poco en común, esos con los que uno puede juntarse horas a hacerse compañía mientras uno trabaja y el otro lee y sentir que estás acompañado aunque pases horas sin hablar, pero sabes que el otro está ahí para tirar un chiste o escuchar nuestros pensamientos en voz alta, mirar
eternas series de televisión, compartir cientos de códigos internos y reírse de las mismas pavadas. Él ya emprendía la vuelta esa tarde, se me iba mi compañía de mi primer semana, uno de mis mejores amigos.
 
Tenía que pasar a buscarlo por su hostel y salí creyendo que sabía la dirección. Hasta que llegue a 64 con 4 y no había ni rastros de un hostel. Ok. Que hago. Empiezo a preguntar, no sabía nadie. Es más, nadie parecía entenderme cuando les decía que buscaba un hostel. ¿Un qué? Un hostel. No un hotel, un hostel, para jóvenes, más barato. Si, si, allá, me dice un señor, indicandome un edifico cualquiera que era lo menos parecido a un hostel. Mmm, no señor, pero gracias igual. Le pregunto a una señora en un restaurant. No, nena, sólo días de la semana y depués de las 5pm. ¿Qué? De cara quedé, no entedía nada. Encuentro un café y me conecto a internet para volver a ver la dirección. Ah.. 66 con 4a. Cerca, pero así no la iba  a encontrar nunca. Estas calles son un lío, hasta los taxistas se pierden. Salí al ruedo de nuevo y la encontré. Por fin. 40 minutos después de lo supuesto llegué. Y cuando le explico a Hernán el por qué de mi demora, una chica colombiana que había ahí me dice “ah, es que acá hostel significa motel”. Auch! Bien ahí yo, ahora entiendo el por qué de la reacción de la señora, una chica sola en pleno mediodía preguntando por un telo.
 
Dejamos la anécdota atrás, tomamos un taxi, y al cerro Monserrate, señor por favor. Una vez en la base, se puede subir a pie ( 2500 peldaños), en funicular (el que va por tierra) o teleférico (el que va por aire) hasta la cima, donde está la basílica del señor de Monserrate, empezada a construir en 1620, y a donde la gente peregrina desde 1640. Demasiado cansados por el casamiento de la noche anterior, sumado al mal calzado, subimos por el teleférico, para llegar a 3152 msnm y empezar a sentir la falta de aire simplemente estando parados. Acá uno se siente con el peor estado físico del mundo, estar parado viendo la vista increíble que se tiene de Bogotá y sentir que apenas puede respirar. Vimos la basílica que ya todos los días anteriores habíamos visto desde donde estuviésemos en la ciudad, disfrutamos la vista 360° de la ciudad y el sol este las nubes. Para bajar emprendimos la bajada a pie por las escaleras, mientras veíamos cómo la gente nos alcanzaba y nos pasaba… desde nenes hasta gente grande. Qué mal que estamos. Usemos la altura de excusa.


Bogotá desde el Monserrate
Con Hernán

 

Y así se fue la semana en Bogotá. Recorriendo, entre risas, con amigos, recordando viejos tiempos, conociendo nuevos lugares, pidiendo muchos deseos, intentando entender otro país, con más anécdotas para acumular y con un checklist en un país más =)

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.