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ESBOZOS DE VIAJE (II)

[Recuerdos de un viaje en borrador. La  primera mitad del viaje la podés leer acá]

VIERNES.29.ABRIL

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Todavía recuerdo ese llamado a rezo. Escuché muchos, muchísimos en los últimos tres meses, a toda hora del día, pero esta vez tiene un no sé qué que me detiene en mitad del lugar a escucharlo. A lo mejor el haber pasado todo el día entre columnas desmesuras y obeliscos fálicos y faraones dormidos en piedra y tallas en rincones impensables merecía ese cierre.

A la noche compramos un pasaje en primera clase en el tren Luxor-Cairo, el único que nos quisieron vender. Dos horas después de sentarnos y ya entre sueños, nos despiertan diciendo que esos asientos ya estaban vendidos. Terminamos pasando la noche durmiendo en el piso del vagón de segunda clase. El pasaje más mal pagado de mi vida.

SABADO.30.ABRIL

Me dicen “vamos a la playa”, se nos rompe el auto en el camino, y cuando llegamos a Elsockhna, la “playa” era un complejo hotelero con salida al mar. Primera vez (y última) que pago para pisar la arena. Por lo menos el almuerzo buffet estaba incluido.

Esto me hace acordar a Kenia: no hay una chica con bikini. Todos están con ropa. Nadie mostrando las piernas o las lolas o las nalgas. Si me quedo en bikini voy a a parecer una prostituta, ya el shorcito es demasiado atrevido en estos lares.

DOMINGO.1.MAYO

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En la plaza Tahir, esa que se hizo famosa durante la caída de Mubarak, hoy está llena de gente en marchas y celebraciones por el día del trabajador. Parece igual a la de cada viernes, cuando protestan. Saco fotos, quiero preguntar qué dicen los carteles pero algunas caras no me parecen muy amistosas.

A la noche salgo para Dahab, en la costa. Nota mental-> si te subís a un bus donde todos son hombres y egipcios y vos, mujer y occidental, resulta en una sola cosa: te clavan las miradas. Una mujer con velo me pregunta por mi asiento el libre, al que tenía previsto usarlo para estirarme. Sí, sentate sentate. Me empieza a hablar en español, de la nada. Creo que tengo escrito en la frente “hablo español” en una tinta que sólo lo ven los otros. La mujer era mexicana y vivía hacía diez años en Egipto, convertida al Islam. ¿Te convertiste al Islam…? No sabía cómo preguntar las mil dudas y cuestionamientos y reflexiones que tenía en la cabeza. “El Islam es ahora más cultural que religioso, el Corán dice que los hombres también deben cubrirse los brazos y que las ciudades deben estar limpias, pero el hombre toma lo que le conviene. El velo en la mujer es una forma de hacerse respetar, de saber que tu marido te quiere por quien sos y no por cómo te ves.”

LUNES.2.MAYO

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Mar, mar y más mar. Me fascina el agua y dicen que Egipto es uno de los lugares más barato, así que es mi oportunidad. Primeras lecciones: respiración y qué hacer en caso de. Con lo que hablo, estar bajo agua cuarenta minutos es una prueba a mi ansiedad, mis ganas de hablar, mi paciencia y mi concentración. Hasta para respirar tengo que bajar las revoluciones. Es casi como meditar esto.

A la tardecita me voy a sentar frente al mar, mirando el atardecer y las luces de Arabia Saudita prendiéndose poco a poco. Pensar que está a unas decenas de kilómetros enfrente nomás…

MARTES.3.MAYO

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En una hora me pasan a buscar para ir al Monte Sinai, el lugar donde, se supone, Moisés recibió los diez mandamientos. Busco mi mochila para para poner agua, comida y una camperita y se zafa el cierre. Una hora antes de tener que irme. Por suerte me dan una en el hostel, después me compraré una para poder volver a El Cairo.

Está todo oscuro durante las horas en que subimos, apenas iluminados por las estrellas y la luna, y un caminito serpenteante de coreanos que se vistieron creyendo que iban a subir el Everest: son apenas tres horas de subida en un clima tropical, pero ellos están vestidos con el equipo más técnico  y abrigado que encontraron. Yo voy con unas zapas que ni siquiera son para hacer deporte y una babucha de hilo. No sé quién está más desubicado, si ellos o yo.

En el camino cruzamos camellos y tienditas que ofrecen agua, comida y mantas. Cuando llegamos arriba faltan segundos nomás y me abrigo: corre viento, pero el calor de Egipto no se deja ganar. Me siento en una piedra al lado de Mohamed, nuestro guía que no tiene ni veinte años, a ver el amanecer. Alrededor todo son montañas en neblinas; parece mi cama cuando me levanto y queda el cubrecamas revuelto.

No soy religiosa, pero ese lugar tiene algo. Y ya el sol empieza a salir.

MIÉRCOLES.4.MAYO

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Hacía días que no me conectaba. Estaba tan entretenida con las clases de buceo y charlando con gente, que inconscientemente quise permanecer en este estado de desconexión. El problema fue cuando llamé a mis papás y me atendieron asustados porque hacía casi una semana que no aparecía estando en un país donde dos meses atrás había sido un caos. Perdón pa, perdón…

El dueño del hostel me ofreció trabajo por dos años: me pagaba el curso para que sea instructora de buceo si me quedaba los dos años siguientes  trabajando ahí. Que “hablás inglés, español, francés, estás siempre de buen humor, ¡me va a ir bien con vos!” Gracias gracias señor, sí, gracias por dejarme las puertas abiertas, lo tengo en cuenta, pero tengo que volver, voy a ir a Chile a trabajar. Quién diría, que sin siquiera proponérmelo podría haberme quedado trabajando en la playa.

JUEVES.5. MAYO

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En el bus iba con un chico de Estados Unidos con quien había subido al Monte Sinai. Me contaba que el gobierno le pagaba para estudiar árabe cual trabajo, ocho horas diarias, pero que le era casi imposible practicarlo ahí: cada vez que intentaba hablar en árabe, la gente le hablaba en inglés. El afán que tienen de mejorar el idioma.

Le conté que cada vez que digo que soy de Argentina, me atiborran con Maradona y Messi. Su cara de incredulidad me dice todo: no me cree. En una parada del bus nos bajamos y enseguida se nos acercan unos chicos a conversar. La primera pregunta de rigor es de dónde somos, a lo que él responde de Estado Unidos. Los chicos ni se inmutan y me miran a mí: I’m from Argentina, les respondo, preparada para la reacción. Se emocionan mientras exclaman “wow!! Argentina!! Maradonna! Messi!!” Sisi, de ahí vengo. Miro a mi compañero de viaje de momento y le digo, “¿viste? Yo te dije” cual nena de 2 años feliz por tener razón.

VIERNES.6.MAYO

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Me subo al metro, tengo que encontrarme con Mahmoud para ir al casamiento de su mejor amigo. Estoy en el andén esperando y veo a mi alrededor: yo estoy con el pelo suelto, usando strapples y cubriéndome los hombres con una chalina, mientras que al lado mío hay una chica con remera mangas largas y cuello y un pañuelo que le cubre el pelo. ¿Cómo se sentiría si va a Argentina, donde todas las chicas andamos en short y musculosa en verano? ¿Cómo se sentiría en la playa allá, donde cada verano parece una competencia por el mejor cuerpo, la mejor bikini y el mejor bronceado?

Me encuentro con Mahmoud en medio de una protesta y nos vamos. Esto es loco. Cinco meses de viaje, tres casamientos: Austria, Turquía, y ahora acá. A las 8 empieza la fiesta, me pongo “lo mejor” que tengo: leggins negras, strapples blanco larguito, sandalias blancas. Veinte días después, todavía no dejo de sorprenderme al ver que las mujeres se tapan. ¿Por qué creí que en un casamiento las mujeres iban a estar vestidas como en Argentina? No señor: remeras mandas largas y con cuello debajo del vestido, y pañuelo en la cabeza. Todo a tono, obvio, la moda no la dejan de lado.

Bailamos, hay música divertida, aparece una mujer bailando árabe sosteniendo un bastón con las lolas. ¿Enserio? ¿Las mujeres están todas cubiertas y hay una mujer mostrando así? No creo en la ambiguedad…

Nos invitan a pasar a la sala del buffet: mesas y mesas con bandejas con comida. Hay para elegir y degustar. Comemos y se larga la fiesta, pienso. Mientras terminamos de comer, se suben los novios al escenario. Hablan hablan hablan, no entiendo nada. Él le da un beso a ella en la frente (ni acá hacen demostraciones en público…), cortan juntos la torta, todos aplauden. Bueno, nos vamos, me dice ….. ¿Ya? ¿Y la fiesta? Esto fue la fiesta.

Son las 12 de la noche.

SABADO.7.MAYO

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Me siento en un café con Ahmed. Me enseña a decir los números en árabe, le escribo algunas frases en español. Está fascinado con el idioma.

A la noche vamos a un bar donde fumamos yiya y jugamos backgammon. Más tarde vamos a otro, tipo boliche, donde hay una banda en vivo: en un momento se ponen a tocar música Gipsy Kings. Me gustaría saber si los cantantes entienden lo que están diciendo.

DOMINGO.8.MAYO

Después de haber perdido el avión, me previne: fui una de la primeras en entrar en la sala de espera. Me puse a leer, distraída por la gente que de a poco iba llenando los asientos. Miraba la gente entrar en fila, hasta que lo veo a él: el español que me crucé en Luxor y después en Dahab. Nos pusimos a hablar de la vida, de mi vuelo perdido, de qué tal terminó el viaje, qué asiento tenía en el avión, cómo era Madrid. Y agregó: “viste, yo te dije que nos íbamos a volver a encontrar”.

Para más fotos, podés ver acá las de El Cairo y acá las del resto del país.

 

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.