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ESBOZOS DE VIAJE (I)

[Recuerdos de un viaje en borrador]

DOMINGO.17.ABRIL

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Sobrevuelo El Cairo: todo se ve naranja, ese amarillo-naranja pálido del desierto. Es más de lo que esperaba. Se me escapan las lágrimas: estoy en uno de los lugares de mis sueños, esos con los que uno sueña desde incluso antes de pensar en viajar.

Salgo del aeropuerto y me derrito. En Turquía hacían diez grados menos. Pasé del otoño al verano abrasante en dos horas. Y eso que no es agosto, me dicen.

Assem, el chico de AIESEC que me había ido a buscar al aeropuerto, me lleva a comer comida típica, según él lo más típico: kushari. Muero de calor y me sirven un plato de arroz, garbanzos, cebolla frita y fideos en una salsa de tomate espesa. Welcome to Cairo.

LUNES.18.ABRIL

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Acabo de llegar a Egipto y ya estoy acá, con vos, frente a frente, antes de lo que me imaginaba. Nos encontramos sin querer, y me gustaste más de lo que me imaginaba. Ya estoy pensando que un día es demasiado poco para un amor tan intenso. Poder mirar las estrellas acostada en la arena, tomando un té, recostada sobre mantas y saber que voy a dormir así, tal cual así, con el cielo como techo, es algo de lo cual no quisiera perderme ni un segundo. Ni siquiera cuando me duerma.

MARTES.19.ABRIL

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De nuevo, vos y yo. De noche es cuando más me gustas, para qué voy a negarlo.

MIÉRCOLES.20.ABRIL

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Me junto con Adam, un canadiense que conocí en el desierto. Mientras comemos en la calle, le digo que El Cairo me cansa: me cansa su tráfico (que a pesar de tener una lógica incomprensible, mágicamente funciona), me cansan las bocinas (podría decirse que es la voz de la ciudad), me cansa tanta gente (que por momentos siento que me miran demasiado, por momentos me maravillan con su hospitalidad). “Sí, pero eso es lo que le da personalidad”. Tiene razón.

JUEVES.21.ABRIL

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Estaba en la plaza Tahir, la que se hizo famosa durante la revolución. Estaba ahí parada en la vereda, usando babucha y una musculosa. Hacen 40ºC y trato un medio punto entre su cultura y la mía: el short me parece excesivo, pero a la musculosa no puedo renunciar.

Miraba distraída a mi alrededor, hablando con un señor que había conocido unos días atrás, cuando siento que me rozan el brazo. Bajo la mirada y era una nena, que al pasar me acarició el brazo, sorprendida, al son de un “woow”. Nunca supe si fue su sorpresa al ver piel más blanca que la de ella o el hecho de ver piel.

VIERNES.22.ABRIL

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Vuelvo a El Cairo después de todo un día viendo las pirámides, la Esfinge, andando a caballo, sintiendo la falta de aire adentro de la pirámide Dahshur, esquivando una nena que me mandoneaba para que le de mi cámara y sacarme una foto diciéndome enojadísima “lo hago por vos”. Me sorprendo cuando el chico que me había llevado me dice “Welcome back to Cairo”. Pero si ya hace varios días que estoy, le digo. No importa, sos bienvenida cada vez que venís.

SÁBADO.23.ABRIL

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El Nilo. El Nilo. El Nilo. Cuando me decían “vamos en felucca” me imaginé algo millonario. Por dos libras navegamos en un barquito por las venas de Egipto, en medio de la noche, las luces de la ciudad, los autos a lo lejos, unos sandwiches en pan pita compartidos y nuestras risas en medio del agua.

Necesito comprarme un celular. Chicos, ¿están seguros? ¿Un sábado a las diez de la noche voy a comprarme un celular? La desubicada soy, que cuestiono las obviedades locales. Hay negocios abiertos por todos lados, entramos a uno, pregunto por el más barato, 100 libras egipcias. Gracias. Quiero escribir un mensaje y el teclado en árabe me complica la tarea.

DOMINGO.24.ABRIL

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Barrio Copto: la convivencia de tres religiones. Recuerdo menos (mucho menos) que todo lo que me contaron y vi. Mi memoria llega a las cruces católicas, los arcos árabes, las estrellas judías y un cartel que decia “Más barato que Mercadona. Agua grande 3 LE. Bueno, bonito, barto” (se olvidaron de la “a” o no tenían más espacio en el cartel).

A la noche en Khan Al Khalili camino con Álvaro entre mezquitas iluminadas, una boda en plena calle, cafés con turistas y hombres mirando tele en la calle. Entre los puestos del mercado nos quedamos en silencio y los vendedores nos hablan en español sin siquiera preguntarnos de dónde somos. Juro que no teníamos pegados carteles que decían qué idioma hablábamos o una camiseta delatora.

LUNES.25.ABRIL

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Danza suffi (según me explicaron y leí por ahí): consiste en girar sobre el propio eje para alternar estados de conciencia y de éxtasis místico, hasta entrar en un trance en el que entran con sus plegarias en contacto con Dios. El bailarín principal es el sol y los demás representan a los planetas, como si fueran el sistema solar.

Los había escuchado nombrar en Turquía, pero acá en distinto. Las faldas o tanura de colores representan el espíritu, que se eleva con el baile o -en otra hipótesis- las cosas malas de las que hay que deshacerse. Por eso, mientras giraban giraban giraban con los ojos en blanco y sin moverse de su puesto, levantaban la falda y giraban giraban giraban y la sostenían cual maestro pizzero a su masa.

MARTES.26.ABRIL

Mi bus de Hurghada a Luxor se rompió, así que tengo que esperar hasta mañana. Volví al muelle a ver el atardecer y después fui al velero del francés. Cuando le conté lo que pasó, me ofreció que duerma en el velero de un amigo de él; el dueño no está y hay un chico de Madagascar cuidándolo.

Comimos frutillas y nos despedimos. El chico me estaba mostrando el velero y dónde iba a dormir, cuando empieza a decirme, en francés, acostate conmigo-te pago para que tengamos sexo-por favor no le cuente al señor. Mi cara de perpleja, mi tono de enojada y mis respuestas, mitad en inglés y mitad en francés,  qué??-no soy una puta-ok, pero lejos de mí dejan un metro de distancia sagrado y a cada uno durmiendo en un mini camita del camarote.

MIERCOLES.27.ABRIL

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Llegué a Luxor después de todo un día de viaje en bus. Una parte de mí sigue asombrándose al ver hombres en túnicas y fumando narguil y mujeres cubriéndose el pelo, como si viajar a otra ciudad significara que dejaran las costumbres.

JUEVES.28.ABRIL

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Álvaro no me dejo alternativa: tratando de convencerme para que vaya en globo aerostático con él, me dice “Ya pagué la mitad de tu viaje, tu sólo paga el resto. No me puedes decir que no.” Antes de las cinco nos pasan a buscar, para poder ver el amanecer flotando en el aire. Valió la pena, la vista es hermosa: es increíble lo que un río puede hacer al paisaje: el desierto está herido por una mancha verde, los cultivos que riega el Nilo.

*

La segunda parte podés leerla acá.

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.