3, 2, 1… ETAPA II DEL VIAJE EMPIEZA!

3, 2, 1… ETAPA II DEL VIAJE EMPIEZA!

Y llegué. Finalmente después de un mes y medio de girando por algunos países de Europa llegué a mi lo que iba a ser mi hogar por el siguiente mes y medio: Esmirna, o Izmir en turco.

En la oficina de AIESEC, con carteles de promo de una charla de liderazgo


 

100% AIESEC: midiendo resultados de intercambios por ciudad


  

En el balcón de la oficina de AIESEC, con chicos de Izmir

          

Mis últimos días en Turquía estaban teniendo un sabor amargo porque Cihan, el chico que me estaba hospedando,me estaba dando un poco de dolor de cabeza, resultó ser que tenía graves problemas con el alcohol (onda que todas todas todas las noches se tomaba alrededor de 4ls de cerveza –con el plus de que en Turquía el alcohol en bastante más caro para restringirlo por el tema de la religión) y estaba siendo lo menos amable y hospitalario que me podía esperar de alguien que se ofrecía a hospedarme (todo lo contrario a lo que uno espera cuando viaja y se hospeda con CouchSurfing), al punto de que, por ejemplo, una día cuando eran las 9pm y le dije que ya me quería volver a la casa (hacía de las 8am que estaba dando vueltas) se enojó porque “tendría que habérselo dicho antes de que abriera esa cerveza” así que pasaron 4hs hasta que se dignó a volver, otro día prácticamente me obligó a ir a hacer snowboard porque “yo se lo había prometido” (pero él me había dicho que me iba a enseñar y con el correr de los días me decía que iba a estar 10min nomás conmigo y después él se iba a hacer snowboard por su parte -¿?- y por ejemplo ese día salimos a las 4am para la montaña y ya estaba tomando cerveza), otra vez  le pregunté si me podía acompañar el domingo (recalco lo de domingo porque era fin de semana) a comprar mi pasaje a Izmir así me ayudaba a lo que me responde “te dejo las instrucciones, andá con un carteilto y ya. Yo a las 2 me junto con mis amigos. Ai, me junto con mis amigas, hace un montón que no los veo, ¿podés entender eso?” con un tono súper exasperado, a lo que yo me quedé de cara preguntándome cuánto le podía influir 1h de su tiempo un día que no trabajaba y cuando tenía como un rato de tiempo. Viva la hospitalidad. Esas fueron algunas de las gotitas de agua que de a poco fueron llenando el vaso y un día antes de irme ya no lo soportaba más y decidí cambiarme de host. Si, así más no sea por un día y dos noches.
 
Así que ese sábado a la noche, cuando volvíamos de Bursa, el lugar donde fuimos a la montaña a hacer snowboard y volví bastante moretoneada de los jetazos al piso que pegué porque obviamente este chico me dejó sola bajando la montaña (y yo igualmente seguía subiendo una y otra vez para intentar), llamé a Tolga, quien en menos de media hora ya me había ido a buscar. Creo que lo que más pena me dio de irme de la casa de Cihan fue la madre; era tan increíblemente amable, siempre preocupándose por mí aunque no podíamos comunicarnos prácticamente verbalmente, hasta me dio una bolsita con la cena que me había preparado (un tipo “tarta” de espinaca típico de allá y frutas). E increíblemente, así sin hablar el mismo idioma, hasta ella se dio cuenta que me estaba yendo por roces con su hijo.
 
En las montañas de Bursa (horrible calidad la foto, es del cel)
 
Apenas nos subimos al auto y Tolga me pregunto como estaba, no pude evitar largarme a llorar. Evidentemente me estaba afectando incluso más de lo que yo había creído estar relacionándome tanto con una persona así. Por suerte, Tolga fue súper amable, todo lo que uno se espera de alguien que te hospeda por CS, alguien con quien hablar, compartir un poco de tu  vida y que conocer la de ellos, q te ayuden con la ciudad…o por lo menos era lo que yo venía experimentando con mis host anteriores. Comimos juntos, estuvimos hablando un montón de los idiomas, pelis, viajes, la vida en sí, empezamos a ver How I met your mother, una serie que me gustó y divirtió bastante, y así hasta las 6 de la mañana. Al día siguiente me llevó a recorrer la parte asiática que no conocía, me contaba sobre la ciudad, hicimos recorridos fotográficos (que a ambos nos apasiona la fotografía), me llevó a comer postres típicos de Turquía, me acompañó a comprar los pasajes para al día siguiente irme a Izmir… y hasta me llevó a la terminal el lunes temprano en la mañana. Todo y más de lo que me esperaba, realmente sirvió para en un día recompensar el trago amargo de mis últimos días con el otro host.
 
Backstage por Tolga
 
Por llegar el atardecer en el lado asiático de Estambul
 
Me mató la cara del nene..!
 
Ondas alternativas 
 
Atardecer de domingo
 
Tolga, mi host, disfutando el domingo de invierno en Estambul
 
Mascota portátil
 
En el puerto
 
Así que el lunes, después de 9hs de viaje, llegue finalmente a Izmir. Ya estaba con ganas de llegar por varias razones: irme de Estambul, que por más que me gustó mucho, sus 15-17 millones de habitantes y por ende su ritmo de vida me estaban volviendo loca; ya tenía ganas de estar un poco más estable en alguna ciudad por un poco más de unos días; me moría de ansias por empezar mi intercambio, una práctica de desarrollo a través de AIESEC, y conocer a los otros más de 30 chicos de 20 países diferentes con los cuales iba a trabajar en el proyecto. Razones más que suficientes para estar con ganas de llegar YA.
 
Algunos de mi nuevo grupo de trabajo, recién llegados a Izmir, conociéndonos poco a poco. En la foto: Brasil, Indonesia, Malasia, Bangladesh, Taiwán, Pakistán
 
Sorpresa para mi cuando, recién bajada del colectivo veo un chico con un cartel de AIESEC y me llama preguntándome por mi nombre. Lo habitual en estos intercambios es que lo chicos lleguen en avión y que los chicos de AIESEC de la ciudad los vayan a buscar, pero como y venía viajando, me fui en colectivo y les dije que ni se preocuparan, ya estaba acostumbrada y podía ir sola. Así que sorpresa más que grata cuando este chico, Ali, me estaba esperando, y me llevó a la oficina de AIESEC, después a comer algo y me esperó hasta que mi nuevo “papá” me fue a buscar.
 
Ese día, mi primer día en mi nueva ciudad por varias semanas, terminó en una casa de familia que incluía mamá Nur, papá Melih, hermano mayor Berkay, hermana menor Nilsu y abuela, con una comida preparada especialmente para mí porque ya sabían que era vegetariana, el cuarto de Berkay ahora para mi, pudiendo hablar fluidamente sólo con 2 de los cinco integrantes de mi nueva familia (papá y hermano), pero demostrándome nuevamente que a pesar de las barreras idiomáticas y las diferencias, hay gente dispuesta a ser amable, brindarse y dar cariño.

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.