condes y castillos rumania

ENTRE CONDES, CASTILLOS Y NIEVE

Me despierto bastante dormida. Veo por la ventana del tren y veo todo… blanco. Íbamos por el medio de la montaña y todo lo que me rodeaba eran árboles completamente nevados, donde apenas se vislumbraba algún pedacito de tronco o ramita. Nieve, nieve y más nieve. Me tomé el tren equivocado. Me fui a Siberia. ¿Estoy en Rumania enserio? Si en Hungría no había nada de nieve, ¿cómo acá si? No entendía. Había pasado los últimos 10 días en Hungría, donde cada vez sentía menos frío y ya extrañaba la nieve, por lo que por lógica pensé “me voy al sur, menos frío todavía. Listo, dejo el abrigo grande acá”. Para qué. El país más frío que me tocó. Nieve por todos lados. Los aires polares  traen estos inviernos muy fríos con mucha nieve y viento. Qué combinación, sobretodo si pienso que a 12.000km de distancia hay un hermoso verano en Argentina. Habrá que hacerle frente al frío nomás.

Llegando a Cluj Napoca…

Apenas llegué a Cluj Napoca, mi primer ciudad en Rumania, tomé un tranvía para irme a encontrar con un amigo de Andrei, el chico de CouchSurfing que me iba a hospedar, y mientras iba cruzando la ciudad, pasando carteles y publicidades… me doy cuenta de que estaba entendiendo. Sí, entendía los anuncios.  Después de saltar de país en país con idiomas cada vez más difíciles e incomprensibles tanto para el oído como para la vista, como el checo, el húngaro, el eslavo, pertenecientes a grupos idiomáticos bastante diferentes de cualquier cosa que haya escuchado antes,  llego a un país con un idioma latino, que aunque al oído me sonaba inentendible, a la vista era bastante legible. Una mezcla entre español e italiano podría decirse. De hecho, “Rumania” significa tierra de romanos, pudiéndose aplicar a cualquier territorio donde se hablen lenguas romanas, y Rumania y Moldovia (el país chiquititito con el que limita Rumania al noreste) son los únicos países de Europa del Este donde la lengua oficial es de origen románico. Claro, estas tierras fueron conquistadas en parte por los romanos en 107, aunque tienen gran influencia germánica, húngara y  turca, por lo que combinan aspectos europeos y personalidad latina. Creo que la mejor muestra de esto fue cuando llegué a Bucarest, la capital de Rumania, un día cualquiera a las 9pm, y Marina, una chica de AIESEC que me iba a estar alojando, me estaba esperando en el andén con su hermana y el novio de su hermana con un cartel con mi nombre, y una enorme sonrisa de felicidad de estar recibiéndome. Mari debe haber sido una de las personas más dulces, amables y atentas que conocí en el viaje, desde haber estado esperándome a esa hora de la noche, haberme cocinado y haberme hecho probar cosas típicas del país, mostrarse tan tan contenta por tenerme ahí, quedarse hablando horas y ayudarme con todo cuando tenía que estudiar para un examen que tenía en esos días… ¡hasta me regaló una caja de chocolates belgas! Yo no podía creerlo… y pasé menos de 24hs con ella!! Con Andrei, mi host de Cluj Napoca, también fue una experiencia similar. Aunque también pasamos menos de 24hs juntos, era muy amable y estaba fascinado con las cosas que le contaba de Argentina y me hizo sentir realmente como en casa, cocinándome, llevándome con sus amigos, contándome cosas de su lugar y llevándome a recorrer.

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demasiada nieve!

 

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Comiendo kurtos colac.. buenísimo 🙂

 

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Entrenando (?)
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Vista desde el dpto de mi host

 

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Ya en Bucarest, en el Parque Carol. Al fondo, el Mausoleo, que se conocía en la época comunista como monumento a los héroes.
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El Palacio del Parlamento

 

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Con Mari, comiendo algo típico: pescado + mamaliga (polenta espesa) + queso cottage 

Entre Cluj Napoca y Bucarest, mi último destino en el país, quería hacer alguna otra ciudad porque 1) no me gusta conocer sólo las capitales de un país, en general las ciudades más chicas son bien diferentes y te dan otro mirada del país, y 2) no quería hacer tirones tan largos de tren, prefiero viajar menos horas y conocer ciudades en el camino.

 Aunque ya había quedado en ir a Iasi, una ciudad casi en la frontera con Moldovia, donde ya tenía alguien esperándome, tenía pocos días ya que estaba con los días contados y tenía que llegar a Sofia, Bulgaria, el 31 de enero. Sopesando entre recomendaciones, ubicación y atractivos, me fui a Sibui. Una ciudad preciosa según me dijieron. Capital cultural europea en 2007 junto con Luxemburgo, muy muy linda según me contaron. Esa fue una de las primeras veces que me prometí no guiarme tanto por las recomendaciones, especialmente cuando la persona fue en verano y yo estoy yendo en pleno invierno. No es que no me haya parecido linda la ciudad en sí, es que creo que me cansé un poco de ver sólo prácticamente edificios históricos, iglesias, un río…y que ese sea el único atractivo de la ciudad.  Por eso disfruto tanto estar parando en casa de gente local, donde puedo conocer más de cerca la cultura, interactuar con alguien, hacer más vida del día a día del lugar, conocer lugares no turísticos sino donde van los lugareños.

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Caminando por Sibui

 

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Viejitos en lugares varios alimentando palomas

 

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La parte vieja de Sibiu fue construída en la Ead Media por los sajones venidos de Alemania.
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Piaţa Mare, Plaza Grande, una de las más grandes de Transilvania.
 
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Oraşul de jos (Ciudad Baja), la parte industrial de la ciudad, desde Podul Minciunilor (Puente de los Mentirosos), a causa de una leyenda que dice que el puente se va a derribar si alguien que está en la puente dice una mentira. 

 

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Recorriendo.. nieve, edificios de color y más nieve.
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Boulevar Nicolae Bălcescu 

 

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Más palomas y edificios coloridos

 

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Interior de la Catedral Ortodoxa, sin asientos porque se supone que cuando uno no va a estar cómodo.

 

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Sibiu desde Turnul Sfatului, la Torre del Consejo. Es una emblema de la ciudad, construida en el siglo XIII. La torre fue en su época la puerta de entrada de la ciudad, sirviendo de defensa.  

Mi estadía en Sibui duró menos de veinticuatro horas: llegué a las 20hs, ya tenía la dire de un hostel así que apenas me bajé del tren, crucé las vías y caminé las siete cuadras que había. Llegué y no había nadie. Por suerte había un cartel pegado con el número de teléfono así que llamé, y a los diez minutos llegó el dueño, que me mostró mi pieza, cómo funcionaba todo, me cobró la noche, sacó pan del freezer pan para mi desayuno del día siguiente y se fue. Sí, se fue. Me quedé sola en el hostel. Ni yo lo podía creer.

A la mañana siguiente, después de recorrer todos los puntos que marcaba mi mapa, incluyendo plazas, distintas partes de la ciudad, iglesias, edificios históricos y antiguas fortificaciones, decidí que ya era suficiente por el lugar y decidí tomarme un tren. Ahora tenía que decidir: si ir a Bucarest, donde tenía donde parar (me iba a hospedar Marina, una chica de AIESEC, pero no tenía tiempo para esperar su confirmación) o parar en alguna otra ciudad en el camino. Pasé por el hostel a buscar mi mochila y agarré un flyer de un hostel en Brasov. Fui a tomarme el tren nomás, que lo agarré justo cinco minutos antes de salir para variar, y ya decidiría en el camino. Pero cuando el tren llegó a Brasov todavía no sabía que hacer. Estando en la estación, mientras subían algunos pasajeros y otros se bajaban, yo dubitaba. Hasta que me agarró un impulso, agarré todas mis cosas, me puse el abrigo y me bajé. Me tomé un colectivo y me fui directo al hostel. Cuando llegué, había muchos chicos hablando español que iban de acá para allá, lo que me daba unas ganas impresionantes de gritar ”¡Hola! ¡Yo soy de Argentina! Uds?” por las puras ganas de hablar un rato en español con alguien en vivo y en directo y no sólo por skype con mi familia. Pero resultó que el hostel estaba lleno, el chico me averiguó en otro a ver si había espacio y para allá me mandó. No entendí muy bien las direcciones porque me empecé a perder, pero por suerte encontré un chico en el camino que, vaya casualidad, había trabajado en ese hostel, así que me acompañó. Para mi sorpresa, la chica de recepción hablaba español porque había aprendido con los turistas así que me saqué las ganas de hablar español por un rato. Después, baño y a la cama.

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Piaţa Sfatului (Plaza del Consejo) 
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Braşov desde Muntele Tâmpa (Monte Tampa), a 900 m.s.m. 

 

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En la cima del cerro,

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Subiendo en el telesférico

 

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Desde la Torre Blanca

 

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Alguna esquina en Brasov

Al día siguiente tocaba recorrer. Más allá de las fortificaciones, casas de colores, iglesias y edificios históricos que en sí la hacían una ciudad muy parecida a Sibui (con el agregado de que tiene un par de montes alrededor a los que se puede subir), Brasov es un buen lugar para hacer base y luego ir a Bran y Sinai. ¿Alguna vez escucharon hablar de Transilvania? ¿Drácula? Ni bien me enteré que a poco más de una hora de distancia estaba el castillo donde había sido inspirada la novela del Conde Drácula dije “ahí voy” ¡Qué más divertido que ver eso! Cuántas veces habré escuchado de chiquita hablar sobre Transilvania, Drácula y vampiros… ¡y ahora estaba acá! En el hostel se armó un grupo, y para allá encaramos.

Así que al día siguiente, temprano todos arriba para ir a la excursión. Yo me desperté un rato antes para desayunar tranquila, leer las noticias y mandar algunos mails. Se veía un hermoso día soleado por la venta, el sol que empezaba a brillar… y -18°C que marcaba mi pronosticador de la compu. Me esperaba un día literalmente helado.

El Castillo de Bran fue construido en 1378, y es famoso tanto por su construcción como por el mito creado por Bram Stocker, quien se inspiró en él para describir el castillo de su famosa novela Drácula, así como se basó en la vida de Vlad Tepes, apodado “el empalador” por aplicar esta pena de muerte a todos aquellos que consideraba sus enemigos, para describir  su personaje de ficción El Conde Drácula. Se dice que vivió en el castillo, pero no hay evidencias de ello, y muchos sostienen lo contrario o que pasó sólo unos días. A pesar de todo, el Castillo de Bran es un emblema de la zona de Transilvania y que en sus tiempos funcionaba como una fortaleza medieval con funciones defensivas y de control del camino comercial que conectaba Valachie y Transilvania, dos zonas de Rumania.

Dar vueltas por los pasillos, subir un piso, el otro, ir de escalera estrecha en escalera estrecha, ver toda la decoración original, muebles, alfombras, hace a uno tratar de pensar lo que debe haber sido vivir ahí, en un castillo en medio del bosque, con una vista majestuosa a las montañas y mucho frío. Lo que debe haber costado mantener caliente ese lugar.

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Entrando al Castillo de Bran

 

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Vista desde el Castillo de Bran

 

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Tomando un cervecita afuera…. con -18°C!!

En el mismo día fuimos al Palacio de Peles, que fue construido por el rey Carol I en 1873 para que funcione como su residencia de verano. Está en un lugar de ensueño, rodeado de bosques, metros cuadrados de pasto, mucha nieve… y una ostentosidad que deja sin palabras. O dan para hablar al ver la cantidad y variedad de cosas que tiene. Cuesta creer que alguien haya podido vivir realmente entre tanta decoración, pinturas, armaduras, lujo, bordados, brillos, madera oscura, esculturas, habitaciones, vidrio, más decoración y más habitaciones. Por fuera el castillo es hermoso, en estilo rencentista, pero por dentro cuesta seriamente (o me cuesta) creer que alguien, o una familia, pueda darle uso a las 170 piezas que tiene, con diferentes estilos y decoraciones entre turco, árabe, francés y más etcéteras, entre más de 30 baños, más de 4000 armas y armaduras y 2000 obras de arte, y hasta con teatro y pasadizo secreto incluídos. Todo un combo.

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Entrando al Palacio de Peles

 

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El Palacio de fondo, rodeado de bosques

 

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El Palacio

 

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Lujo y más lujo

 

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El salón turco

Ya después de Brasov mi última parada fue Bucarest, donde en menos de un día conocí gente, recorrí la ciudad, me divertí, me reencontré con AIESEC y me tuve que ir corriendo para tomar un tren a Bulgaria. Una lástima que uno de los países que más quería recorrer, lo pasé a las apuradas en sólo cinco días. Acá es cuando digo que haber estado no es lo mismo que conocer, hacer turismo no es lo mismo que viajar.

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.