TURISTA VS. VIAJERO

   Siempre sostuve la idea de que “conocer” un país no era sólo estar en la capital por un par de días visitando los sitios turísticos claves. Siempre que vi esos paquetes de agencias de viaje tipo para recorrer “5 países de Europa en 20 días” me parecieron, además de ridículamente caros, una maratón de ciudad en ciudad para sacar fotos a los puntos turísticos principales sin realmente conocer la cultura de cada lugar. Para mí, para realmente decir, “sí, conozco X lugar” uno debe haber pasado tiempo suficiente interactuando con locales,  tratando de vivir como ellos por algunos momentos… en resumen, comer, sentir, pasear, vivir costumbres como un local. Para mí, visitar un lugar, parando en hoteles de lujo que podrían ser el mismo en cualquier parte del mundo, comiendo la misma comida que comemos en casa, recorriendo la ciudad sólo por los lugares turísticos con el único propósito de sacar fotos y conocer a lo mejor un poco de la historia del lugar se reduce a “estuve en ese lugar”. Siempre sostuve esta idea, pero después de un mes de viaje, se arraigo en mí más todavía, especialmente después de haber estado en Rumania y Bulgaria… en sólo 10 días. Si, Rumania 6 días y Bulgaria 4 días. Realmente un viaje a las corridas, cruzando los dos países (especialmente Bulgaria) para poder tomar mi avión en Sofía para llegar a Estambul. No les puedo explicar la frustración y la impotencia que sentía de tener que apurarme a visitar un par de ciudades para tener que tomar el avión; para mí no hay nada mejor que viajar casi sin planes, llegar a una ciudad y decidir ahí y en el pasar de mis días ahí cuánto tiempo más me quiero quedar. Me ha pasado de llegar a una ciudad sólo porque me dijieron “ese lugar es precioso” y me súper decepcioné porque no vi más que nieve en toda la ciudad como me pasó en Sibui, Rumania.

Bar con todas las cervezas del mundo, donde me llevo Karel.. y al que nunca hubiese llegado por mi propia cuenta.


Especialmente después de estar un tiempo relativamente largo en Turquía, me di cuenta que no había realmente conocido Austria, Alemania, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Rumania y Bulgaria. Cuando estaba planificando mi viaje no estaba segura de sí un mes y medio para viajar desde Austria hasta Bulgaria iba a ser muy poco, por la distancia y porque a mí me gusta realmente CONOCER cada lugar, o mucho, porque a mi Europa nunca me llamó la atención ya que siempre lo vi bastante parecido a Argentina y tenía miedo de aburrirse. Y, finalmente, pasaron las dos cosas: a mi viaje original agregué Alemania (donde fui a pasar Año Nuevo porque tenía una amiga allá) y me gustó mucho Berlín y su historia así que me quedé más días de lo planeado, sumado a que también me quedé más tiempo en Hungría porque me pareció muy lindo el país. Sin embargo, esto después me llevó a no poder estar mucho en donde más quería estar, que era Rumania y Bulgaria, por lo que desde ese punto de vista, me pareció que fue muy poco tiempo el que tuve. Creo que cualquiera piensa que es imposible realmente conocer la cultura de siete países en un mes y medio, sobre todo si, como yo, le gustan los lugares donde la diferencia cultural se palpa a cada momento, en cada instante, hablando con cualquier persona, es bastante notable y te sorprendes constantemente. Por el otro lado, relacionado con esto, al sentirme tan cómoda en el lugar porque notaba muy pocas diferencias entre Europa y Argentina, me parecía que ya era demasiado tiempo, había pasado un mes y ya estaba aburrida de ver siempre lo mismo, había muy pocas cosas que me sorprendían o me llamaban la atención… y todavía me quedaban 15 días de viajes.


Por suerte, ahí fue cuando llegué a Hungría, me encontré con más amigos que había hecho en Kenia y empecé a sacarle más provecho a CouchSurfing. Llegué a ciudades que no eran ni fu ni fa, que de hecho cuando después contaba que estuve ahí me decían “¿fuiste a Cluj?” y yo estaba re contenta porque sí, había ido a Cluj Napoca y me encantó… simplemente por la gente que conocí. Ya había llegado un punto en que ir a recorrer la ciudad, visitar las iglesias, el muro de defensa, los edificios gubernamentales no me llamaba la atención ni me motivaba, simplemente quería pasar más tiempo con mis hosts para hablar con ellos, conocerlos. Era muy gracioso que a ellos les daba pena que sólo fuésemos a un café o a comer, o que les daba cosa preguntarme si podían venir conmigo a recorrer, cuando yo estaba más que chocha y no había nada mejor que poder estar hablando a todo momento con un local (al margen de que me ayudaba a mantener el inglés en práctica constante), juntándonos con sus amigos, preparando comidas típicas del lugar, hablando sobre la cultura, la vida de cada uno, sus intereses. Así conocí un montón de cosas nuevas, aprendí el por qué de muchas cosas de los países donde estaba, me hice amigos (digo amigos y no conocidos porque realmente así lo siento, todavía hoy, 8 meses después, sigo en contacto con ellos) en muchos países, conocí costumbres y viví cosas que, de no ser por la gente, si hubiese estado parando en un hostel con otros muchos extranjeros, seguramente nunca hubiese vivido.


Con Karel, mi host en Praga y amigo con el que todavía sigo súper en contacto.



Jan, el amigo de Karel con el que vivía que era guía turístico y me invitó a una de las salidas.



Con Marina, una AIESEC que me hospedó en Buscarest, Rumania, prepando “Mama Liga”, un plato típico de allá.

En ese sentido, para mi lo que realmente vale la pena de un lugar, “lo lindo”, es primero  la gente y después los atractivos turísticos. ¿Qué sentido tiene estar en un lugar precioso pero sin relacionarte con las personas del lugar, sin conocerlos, sin saber cómo viven y piensan? Por esto es que simplemente me enamoré de CouchSurfing. La posibilidad de viajar, parando en cada ciudad con locales y viviendo en su casa, permite un acercamiento a la cultura que muy difícilmente se logra si uno no vive en el lugar o no se hace/tiene conocidos o amigos ahí, y para mi eso hace una de las principales diferencias entre ser un turista o un viajero. Es increíble que alguien en cualquier país le abra la puerta de su casa a un total extraño y quiera compartir su tiempo con él sólo porque es otra persona amante de viajar y conocer nuevas culturas, y que exista esa confianza sólo gracias a pertenecer a una comunidad como CouchSurfing. Me pasó lo mismo con gente de AIESEC, como Marina, que me fue a buscar a la estación de tren en Bucarest y me dió el mismo trato que a un trainee, alguien que va a hacer su práctica allá. Creo que nunca una persona había sido tan amable conmigo sabiendo que compartíamos menos de 24 hs juntas! 


Con Vijay, Ariel (AIESECo!) y Beata en  Szentendre, Hungría…



…que después me hicieron probar esta sopa 🙂



Con Andrei, en Cluj Napoca, Rumania, un domingo a la mañana probando un pan típico para desayunar…
RI-QUÍ-SI-MO 🙂



Con Emma, la sobrina de Nikolas (mi host en Varna, Bulgaria), tratando de enseñarme trucos para patinar.

Es increíble e inigualable desde mi punto de vista, como la gente que uno conoce puede hacer la diferencia en un viaje, y te pueden ayudar a tener esa inmersión en una cultura que enriquece incomparablemente viajar para CONOCER otros países y culturas.

Como nota, por si alguien no lo conoce, CouchSurfing no es ni un club de membresía exclusiva, ni un beneficio que uno sólo puede aprovechar si está viajando o si puede alojar gente en su casa, sino que es una plataforma online, sólo un sitio web en el que uno puede hacerse miembro, como Facebook, en el momento que quiera, llenar su perfil cuando quiera y usarlo prácticamente cómo y cuando quiera (hay miles de grupos de todos los intereses habidos y por haber, desde grupos de gastronomía, fotografía, deportes, salidas… tan simple como grupos locales para reuniones con otros CSer en la propia ciudad más los extranjeros que andan dando vueltas).

Y sobre AIESEC… es la razón de muchos de mis viajes, de muchos de los momentos y experiencias más lindas y mejores de mi vida, de mucho de lo que soy hoy como persona y de muchas de las personas maravillosas que conocí en los últimos años.

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.