PONIENDOLE VARIEDAD AL RECORRIDO


   Cuando estaba en Córdoba, en general mi familia y amigos no podían entender cómo hacía para funcionar durmiendo 4-5hs por día en promedio. La primera semana en Europa, supongo combinación del cansancio acumulado durante el año y el jetlag, estaba durmiendo casi 10hs por día… por lo que me estaba costando bastante levantarme relativamente temprano para, por ejemplo, tomar un tren. Un par de veces perdí trenes por no poder, siquiera, levantarme a las 8. Además, mi característica impuntualidad, muchas veces de 5min, me llevó a perder otros trenes por llegar, por ejemplo, 4 min tarde a la estación. En Europa te dicen que el tren sale 10:12 y en 10:12, ni 10:10 ni 10:15.

2×1: río más casas coloridas. Innsbruck, Austria


Como había dicho en el primer post, siempre tuve cierto rechazo a ir a Europa porque me parecía poco interesante en el sentido que cultural y estructuralmente me parece bastante parecido a Argentina, en general me aburren las ciudades, prefiero estar más cerca de la naturaleza y los lugares donde la diferencia cultural se viv y se respire en todo momento. Después de 20 días en Europa, empecé a comprobar que todo ese “preconcepto” es realidad no lo era tanto, simplemente comprobé que me parecía un poco aburrido ver EXACTAMENTE lo mismo en TODAS las ciudades: Catedral, edificios famosos, río, puente, punto de vista panorámico, edificios barrocos/renacentistas/góticos, casa de muchos colores. Las casi 10 ciudades que había visitado hasta ese momento tenían exactamente todos y cada uno de esos lugares, era llegar a una ciudad y saber que el recorrido iba a ser el mismo. Hasta tal punto que fui a Praga porque había visto algunas fotos y me dijieron que era PRE-CIO-SA, una de las ciudades europeas más hermosas… y llegué y me pareció idéntica a las otras 8 en las que había estado antes.

A lo lejos, Frauenkirche (Iglesia de Nuestra Señora), iglesia luterana barroca.
Dresden, Alemania
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Reloj astronómico, donde cada hora se congregan decenas de turistas para ver el show. Praga, República Checa
Todos los estilos juntos: barroco, gótico, renacentista, en la Plaza de la Vieja Ciudad.
Praga, República Checa.

Río Main y puente de hierro. Frankfurt am Main, Alemania.
Vista panorámica desde el shopping My Zeil. Frankfurt am Main, Alemania.

El mirador en la colina Vyhlídka Karla IV




Por eso el día que fui a Karlovy Vary en República Checa, una ciudad bastante chica, pero muy famosa por los baños termales que tiene, fui feliz cuando subí a una colina donde, por supuesto, había un mirador a la ciudad. Después de tantos días de ciudad por fin estaba rodeada de un poco de naturaleza.




Karlovy Vary desde 514m de altura


El Castillo de Bratislava
La segunda vez que fue un respiro para mí, fue llegar a Bratislava, la capital de Eslovaquia. Desde Viena, hay nada más que 60km, o sea 1h en tren, por lo que es una buena oportunidad para un recorrido de un día si no hay mucho tiempo disponible para viajar, además que la ciudad es bastante pequeña e increíblemente tranquila por ser una capital, por lo que un día es más que suficiente para recorrerla. Llegar a Bratislava, pese a lo cerca que está de Austria, me pareció llegar a algo bastante distinto relativamente. Ni bien se llega a la estación de trenes Petralzka se nota la diferencia, se siente ese cambio Europa Occidental-Europa del Este. No se palpa el ritmo de una gran ciudad, de una urbe cosmopolita, con grandes edificios o museos y arquitectura sorprendente, sino todo lo contrario: una ciudad súper tranquila (con decir que estaba en PLENO centro de la ciudad en PLENO mediodía y no había casi nadie), edificios descuidados, falta de limpieza en las calles, aspecto de viejo en varios lados… sin embargo creo que ese es el encanto de la ciudad, y lo que me hizo sentir y pensar, “por fin empiezo a ver algo diferente!”. 



Estatuas de bronce que homenajean a personas que pasaron por la ciudad, ubicadas en distintos puntos .



En pleno centro de la ciudad



Calles laterales rumbo a la terminal



Muchas callejuelas, más empedrado, más antiguo, bohemio…


Vista de Bratislava subiendo al Castillo

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.