ENTRE PANES, QUESOS, SEMILLAS Y CHOCOLATES

Creo que fue la primera vez que no me sentí un bicho raro por ser vegetariana. La primera vez que no me miraban con cara de sorpresa/rareza/asombro/estás loca o que no me decían ahh-mira-vos/qué-comes-para-alimentarte/que-aburrido-que-debe-ser/sólo-comés-ensalada.


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Waffles con frutillas y chocolate. Praga, República Checa.



Fue la primera vez que cuándo me preguntaban, ¿comés carne? y yo les decía que no, me decían “ah, entonces son cuatro vegetarianas” y ahí la cara de sorpresa era la mía. Por empezar, que en Europa no se come carne tan abundantemente como en Argentina (sacando en Austria y Alemania que comen mucha salchicha), y comen en mayor cantidad cosas que para nosotros son de vez en cuando, como por ejemplo quesos y sopas.


  Por ejemplo, hasta en el casamiento la entrada fue… sopa!! Sí, una rica y calentita sopa con zanahoria y apio en juliana, y una bolitas ovaladas de sémola. Es la típica sopa de Austria, y súper común como entrada en cualquier evento. Después había para elegir como plato caliente entre 4 opciones: carne, pollo, pescado o pastas.



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Sopa de zapallo con semillas. Wels, Austria.

Otra cosa que me llamó la atención fue el lugar del pan en estos países. Yo estoy muy lejos de ser amante del pan o las galletitas (de hecho ni tostadas como porque desayuno con cereales por ejemplo) pero en estos países.. simplemente me enamoré. Cómo les explico cómo aman el pan acá. Definitivamente es la base de su alimentación. Y con razón, hay de todos los tamaños, tipos, colores, con semillas de esto y aquellos, completamente hechos a base de semillas… hasta los tienen divididos para comer con cosas dulces y para comer con cosas saladas! Y no sólo eso, no sólo el pan común, sino las variantes tipo brezel, croissantes, y otras que no se cómo se llaman pero podrían ser nuestras facturas en tamaño doble o triple. No es sólo la variedad que tienen, sino que hasta el pan más sencillo de todos es simplemente riquísimo. Yo me enamoré completamente de uno chiquito con semillas de girasol afuera (L)


 Y para qué contarles la variedad de quesos de estos países… en Austria y Alemania, también en Eslovaquia, encontré “lecherías”, lugares donde sólo venden quesos, y los encontrás en todos tipos. Es simplemente increíble la cantidad y variedad que tienen… con especias, ahumados, más blandos, más duros, más fuertes, más suaves… hasta alguna vez he llegado a cenar sólo queso con mi host (la persona de Couchsurfing que me hospedaba).




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Variedad de quesos, pan para acompañar y té. Dresden, Alemania.



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Camberbert con pimientos y cebollas casero adentro en conserva. Praga, República Checa.


Volviendo a lo del vegetarianismo, nunca conocí tanta gente que no comía carne como en este viaje. Y no sólo mujeres, hombres también, que fue lo que más me llamo la atención de todo. Supongo que por lo carnívoro que son los chicos por nuestros pagos. Cada uno tiene sus motivos y algunos bien diferentes (desde quien lo es porque no le gusta la carne, pasando a la innecesidad de matar animales para alimentarse, hasta motivos económicos-políticos-sociales) pero al fin y al cabo un mismo punto de llegada.


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Desayunando en Berlín.


Creo que en Austria encontré mi lugar en el mundo con las comidas. Acá todos, pero todos los panes tienen semillas, toman sopa con semillas trituradas (algo que últimamente me pasaba en casa era que había empezado a comer semillas y cosas con semillas: girasol, zapallo, mijo… algo que me valía más cargadas todavía), usan mucha salsa de soja,aceite de calabaza, en los desayunos todos comen muuuchos cereales, leche, yogur, Nutella, frutas, quesos. 

Sin embargo, ahora que lo pienso, creo que le falta algo esencial para ser mi país en el mundo: el dulce de leche. Después de probar (o ver sin probar porque no tenían nada de pinta para mi) un par de postres, me di cuenta que para mí, postres sin dulce de leche… no son postres. Sigue ganando Argentina.


Por lo menos tienen muchos y muy ricos chocolates.


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Chocolates varios. Berlín, Alemania.

Acerca de 

Cuando hice mi primer viaje de mochilera a los 18 años entendí que viajar era mucho más que algo que quería hacer sólo quince días al año. Cuando, dos años después, hice un voluntariado en Kenia, me di cuenta que aportar un granito de arena era algo que no podía dejar de lado.

Desde 2011 viajo y escribo en este blog: para compartir, para mostrar, para aprender, para entender. Escribo porque me gusta, porque lo necesito y porque es mi trabajo para seguir viajando.